martes, julio 23, 2024

Coria, la vida en una raqueta

Por Juan Segundo Giles

Cuando una persona piensa “cómo no va a ser bueno si ya nació con una raqueta en la mano”, para referirse a importantes tenistas, no se equivoca. Hijo de un entrenador y fanático del tenis, Guillermo Sebastián Coria tiene fotos durmiendo en la cuna con una raqueta en la mano. Guillermo Coria, cuyo primer nombre hace alusión a Guillermo Vilas, uno de los mejores tenistas argentinos de la historia, dio sus primeros pasos en el tenis desde muy pequeño; tal es así que Oscar Coria, su padre, comenzó a llevarlo al Club Centenario de Venado Tuerto al poco tiempo que había aprendido a caminar. “A los cuatro años jugué mi primer Provincial en Rosario”, recordó el ex tenista en El Gráfico. Era tan grande el arraigo que tenía el niño por el tenis que su madre Graciela debía decorarle las tortas de su cumpleaños con temáticas relacionadas a dicho deporte.

Esa misma devoción que tenía el nacido en la localidad de Rufino, Santa Fe, por el tenis le generó algunos episodios muy amargos, como fue el caso de perderse muchos cumpleaños de 15 de sus amigas, decidir no irse de viaje de egresados a Bariloche por ir a una gira por América del Norte, irse a vivir solo a los Estados Unidos con 13 años, o tener que arreglárselas con 50 dólares por semana, entre otros disgustos. “Íbamos a competir a Europa y, como no tenía para pagar el hotel, me colaba en las habitaciones de mis compañeros sin que se dieran cuenta en la recepción; tenía una de esas colchonetitas para yoga y dormía en el piso”, confesó Coria en La Nación.

Todos estos problemas por los que tuvo que pasar el “Mago” Coria, apodado así por el periodista del diario La Nación Alfredo Bernardi luego de que el tenista ganara Roland Garros juvenil en 1999, debido a la facilidad que tenía para tirar drops y hacer “algo” diferente, marcaron en él una personalidad muy distante y tímida, poco demostrativa, responsable, disciplinada y obsesiva, que se vio reflejada en su carrera profesional con el correr de los años. “Yo sabía que si no tenía disciplina, orden y mucho sacrificio, con las desventajas que daba físicamente, era muy difícil poder triunfar”, remarcó en el programa El Buscador. Era un tenista, dicho por sus propias palabras, malhumorado, de gran carácter y muy frontal, que lo buscaban y lo encontraban fácilmente, y no disimulaba nada. Carácter que le generó fuertes enfrentamientos con algunos colegas, como fue el caso de la mala relación que compartió con Gastón Gaudio, argentino contemporáneo a Coria, durante su carrera profesional; la relación estaba lejos de ser amistosa y el episodio de mayor tensión tuvo lugar luego del cruce de semifinales en el ATP Masters Series de Hamburgo 2003, donde el propio Gastón Gaudio reconoció que hubo un par de golpes en el vestuario.

Dentro de la cancha, el ex número 3 del ranking mundial de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) se caracterizaba por ser uno de los mejores tenistas sobre tierra batida de comienzos del siglo XX, previo a la notable aparición del tenista español Rafael Nadal. El juego del santafesino estaba caracterizado por tener una derecha que hacía mucho daño a los rivales, un destacado revés a dos manos, una de las mejores devoluciones del circuito – aún es el jugador más efectivo a la hora de ganar puntos con la devolución del primer servicio (36,05%) en todo el mundo, de acuerdo a los registros oficiales de la ATP- y ser muy físico. Además, disfrutaba hacer correr a su rival de turno y los puntos largos le sentían bien, poseía una aguerrida defensa que la convertía en un mejor contraataque, utilizaba mucho el “drop shot” para mover a sus rivales, se sentía más cómodo jugando en la línea de fondo que en la red, estudiaba mucho a sus contrincantes, no daba ningún punto por perdido y tenía una gran movilidad durante los partidos.

Todas esas características le permitieron obtener nueve títulos a nivel ATP, el ATP Masters Series de Hamburgo en 2003 y el de Monte Carlo en 2004, entre los más destacados; jugar once finales, cinco de ATP Masters Series y una de Grand Slam; disputar tres Tennis Masters Cup, y alcanzar el tercer lugar en el ranking ATP, entre otros logros.

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Sin embargo, en la carrera del argentino no todo fue color de rosa. Más allá de los problemas que tuvo que sortear en sus primeros pasos como tenista, la vida deportiva del criado en Venado Tuerto tuvo muchas piedras en el camino.

En el año 2001, cuando parecía ser el año de su despegue, ya que a comienzos del mismo había logrado su primer título ATP en Viña del Mar y había entrado entre los mejores 25 tenistas del circuito; la ATP lo sancionó por siete meses de inactividad luego de dar positivo en un control antidoping por nandrolona, producto de haber consumido un complejo vitamínico contaminado. Cabe destacar que, unos años después, el damnificado le hizo un juicio a la empresa que había fabricado los suplementos, Universal Nutrition, y, luego de cinco años de idas y vueltas, pudo demostrar su inocencia y ambas partes llegaron a un acuerdo económico que nunca fue divulgado.

Tres años más tarde, en el 2004, se produjo una de las derrotas más resonantes del argentino al caer en la final de Roland Garros ante su compatriota Gastón Gaudio. El partido había comenzado con un aplastante 6-0 6-3 a su favor en el estadio Philippe Chatrier, cancha central de dicho Grand Slam, pero debido a que sufrió una serie de calambres, sumado a que Gaudio aumentó su nivel de juego, su rival logró invertir el marcador y vencerlo 0-6, 3-6, 6-4, 6-1 y 8-6, en una histórica final en donde, además, Coria desperdició dos puntos para partido. “Mi único temor era acalambrarme, yo me veía con ventaja desde lo tenístico y confiaba en mí, pero me pasó lo que temía”. Pese a esto, el fatídico año para el argentino no había llegado a su fin y venía lo peor, semanas más tarde, el “Mago” tuvo que someterse a una operación, debido a una lesión en el hombro derecho, que lo marginó cuatro meses de las canchas y le impidió participar de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

Luego de estos desafortunados episodios, producto de una gran pérdida de confianza que sufrió consigo mismo y con su saque –llegó a ser uno de los mayores tenistas con dobles faltas dentro del circuito en el año 2006-; sumado a la aparición de Rafael Nadal, quien le ganó las tres finales que disputaron en 2005 y comenzó a ser el dominador de la superficie que a él más lo destacaba (tierra batida), Coria nunca pudo volver a jugar de la misma manera que a comienzos de su carrera profesional.

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Ahora bien, nadie sabe qué hubiera sido de la vida de este exitoso tenista si en lugar de inclinarse por el tenis, hubiera elegido otro camino, el fútbol. El hincha y fanático reconocido de River Plate señaló en varias ocasiones que desde que tiene memoria tanto el tenis como el fútbol lo apasionan demasiado y que hasta llegó a estar en una difícil decisión sobre qué deporte seguir cuando tenía 13 años, pero que a la hora de elegir hubo dos hechos que desequilibraron la balanza en favor del tenis: “En un partido en Venado Tuerto quedamos eliminados porque me erré un gol –el arquero le atajó el remate-, y en otro un compañero se hizo expulsar y automáticamente pensé ´Yo quiero depender de mí mismo´” mencionó en una entrevista con Gonzalo Bonadeo.

Pero, pese a no haber elegido al fútbol, la llama de la pasión por River Plate nunca se apagó; cuando firmó su primer contrato con Adidas a los 16 años, el adolescente le pidió a la marca si podía comenzar a vestirse con su ropa en Wimbledon, el próximo torneo, ya que los colores de la remera que debía usar para la competición que se estaba desarrollando en ese momento eran azul y amarillo, colores que se identificaban con su máximo rival, Boca Juniors.

En la actualidad, desde su retiro, el ex tenista trata de viajar y seguir a todos lados al “Millonario” y hasta tiene su propio palco en el Monumental. Además, reconoció que hizo mucha fuerza para que jugadores como Javier Pinola, su amigo, Ignacio Scocco o Leonel Vangioni pudieran llegar al equipo de Núñez.

Por otro lado, es admirador de Marcelo Gallardo, actual técnico de River Plate: “Tengo un póster de Gallardo firmado hace un montón de años, es uno de mis ídolos desde chiquito, y tener una relación de amistad con él es una gran satisfacción”, manifestó en El Equipo. Además, agregó que lo conoce desde que jugaba en Argentina, pero que fortalecieron más la relación cuando el futbolista jugaba en Mónaco, Francia.

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Años atrás, previo a ocupar un cargo como dirigente de la Asociación Argentina de Tenis (AAT), Guillermo Coria estuvo viajando al interior del país y recorriendo los clubes de tenis para observar el desarrollo de los y las tenistas de entre 8 y 10 años bajo el programa “Gen10s”, un proyecto de formación de menores organizado por la Asociación Argentina de Tenis y la Federación Internacional de Tenis (ITF).

En la actualidad, el tenista que formó parte de “La Legión” –término utilizado para referirse a los tenistas nacidos entre 1975 y 1984, desde Franco Squillari a Juan Mónaco- ocupa un cargo en el área de Desarrollo, ya que es el Secretario de Interior de la Asociación Argentina de Tenis: “Me gusta transmitirle a los chicos que traten de disfrutar el buen momento también, que no se queden solo con los malos. Hay que estar cerca de ellos, a través de la contención y el asesoramiento”, remarcó.

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