lunes, junio 17, 2024

Argentinos en Mendoza: las pasiones no se mudan

Por Juan Pablo Manera

Pareciera extraño decir que un equipo que fue representado por el mejor futbolista de la historia, que fue campeón de América y que jugó una de las finales intercontinentales más recordadas, poco menos de una década después caería en un pozo que tuvo su fondo en el momento que mudó su localía a más de 1.000 kilómetros de su ciudad natal. Así fue la vida de Argentinos Juniors en los 80 y los 90. En un momento, estás en lo más alto, llegaste al cielo, al último pedestal del Olimpo. Sin embargo, la caída puede ser tan rápida como la de un niño cuando se desliza por un tobogán.

24 de octubre de 1985. Mario Videla se prepara para ejecutar el último penal del Bicho. Julio César Falcioni, por entonces arquero de América de Cali, se revuelca en dirección al palo derecho de su arco, pero la pelota ingresa por el lado contrario. En Asunción, el conjunto de La Paternal se queda con el desempate de la final y se consagra campeón de la Copa Libertadores por primera y única vez en su historia, de la mano de futbolistas como Claudio Borghi, Sergio Batista, Emilio Commisso, entre tantos otros. El país se teñía de colorado.

En diciembre de ese mismo año, Argentinos, como premio al logro obtenido, viaja a Tokio, Japón, para enfrentarse a la Juventus de Michel Platini y Michael Laudrup en busca de alzar la Copa Intercontinental. Los dirigidos por José Yúdica estuvieron dos veces arriba en el marcador, pero los de Turín hicieron fuerza y se llevaron el campeonato desde el punto penal.

Pocos años después, la economía de Argentinos Juniors se devastó gracias a los nocivos manejos dirigenciales. Apenas 8 años habían transcurrido desde la consagración continental, con un fútbol de alto nivel, y parecía mentira que el club haya caído tan bajo.

El declive comenzaba iniciada la década del 90. Uno de los principales errores fue el no envío de las renovaciones de los contratos a la AFA, lo que provocó que todos los jugadores del primer equipo quedaran libres. Entre ellos se destacaba la figura estelar de Fernando Redondo, dueño de un pie galáctico que luego gozaría de una larga carrera por Europa y la Selección Argentina. El mediocampista emigró con el pase en su poder y las arcas del Bicho no aumentaron ni un centavo.

A mediados de 1993, una seductora oferta arribaría a las manos de Luis Veiga, presidente de Argentinos en aquella época. El emisor de dicha propuesta era nada menos que Torneos y Competencias, una de las empresas deportivas más grandes del país. Carlos Ávila, autoridad máxima del canal, le ofrecía al conjunto de La Paternal una gran cantidad de incorporaciones importantes, hasta se habló de una posible vuelta de Diego Maradona. Sin embargo, había una condición: mudar la localía a Mendoza.

TyC vio una gran posibilidad en aquella provincia. Notaban que el abanico de hinchas era superior al que en ese momento había en Buenos Aires. Además, el Gobierno de la provincia cuyana había dado el visto bueno ya que el estadio Islas Malvinas se acercaba a convertirse en un nuevo Elefante Blanco. Veiga no lo dudó y dio el sí. Al contrario de los hinchas, quienes tendrían que viajar horas y horas para ver a su querido Bicho en vivo y en directo. Cabe destacar que en aquellas épocas el equipo jugaba en el estadio de Ferro por una cuestión de dimensiones del campo de juego

El día del debut llegó el sábado 25 de septiembre de 1993 frente a Newell’s, por la tercera fecha del Torneo Apertura. 15.000 personas dijeron presente en el Malvinas, según informó la extinta revista El Gráfico. “Gracias Mendoza”, se apreciaba en una bandera levantada por los jugadores. El partido finalizó 0 a 0 y Osvaldo Sosa, director técnico de Argentinos, ubicó en la cancha a los siguientes once: Rubén Cousillas; Diego Germano, Carlos Bustos, Cristian Traverso y Mauricio Taricco; Damián Facciutto, Leonel Gancedo, Jaime Pizarro y Walter Paz; Marcelo Blanco y Néstor Cedrés.

Las grandes figuras que TyC prometió nunca llegaron. Maradona firmó con La Lepra y su retorno nunca se concretaría. La única personalidad que se destacó fue la de Faryd Mondragón, el histórico arquero colombiano que apenas comenzaba con su extensa carrera.

El proyecto de Torneos y Competencias resultó un rotundo fracaso. La población nunca adoptó a Argentinos como a un club propio, el equipo no logró grandes resultados y se terminó perdiendo más dinero del que se invirtió. Tras la experiencia, Chiche Sosa manifestó: “Sólo faltó el apoyo del hincha mendocino, pero era normal por tratarse de un equipo de Buenos Aires que no era ni River ni Boca”. Además, contó cómo vivió el plantel la situación: “Toda la semana nos entrenábamos en Buenos Aires y los fines de semana viajábamos hasta allá para jugar. No era fácil, porque no nos podíamos adaptar a distintos factores”.

El Semillero del Mundo pegó la vuelta a su ciudad natal. Aunque continuaría con su declive y posterior descenso, en 1995 se demolió el viejo estadio de tablones para luego, en 2003, levantar el todavía vigente Estadio Diego Armando Maradona.

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