domingo, mayo 26, 2024

Solo Best puede irse a la B, jugar 22 partidos y convertirse en ídolo

Por Pedro Masi

Era 1979. Los tiempos de gloria de George Best ya eran parte del pasado, pues luego de tocar el cielo con las manos en Manchester United, en donde disputó once temporadas y conquistó cinco títulos, la carrera del norirlandés atravesó una fuerte recaída no sólo en base a su poco profesionalismo fuera de las canchas, sino, además, por la jubilación de Matt Busby, el entrenador que lo hizo debutar en la Primera División de Inglaterra y con el que compartía una gran relación. Este hecho estableció, sin dudas, un antes y un después en la vida deportiva del nacido en Belfast, ya que, tras la partida del técnico, Georgie disputó solamente 31 encuentros en dos temporadas con los Red Devils y marcó seis goles, una marca bajísima en su registro en comparación a lo que a todos tenía acostumbrados. Sin embargo, luego de algunos años irregulares en diferentes equipos, Best llegó a Leith, un distrito en Edimburgo, Escocia, para afrontar un nuevo y difícil desafío. Esta vez, sería la hora de defender la camiseta del Hibernian, un humilde equipo que peleaba por la permanencia.

En aquel entonces, el futbolista tenía 33 años y el presidente del club escocés, Tom Hart, se había contactado con el Fulham para hablar con él y así convencerlo. A pesar de no estar en su plenitud, parecía imposible que un jugador de la talla de Best jugara en un equipo tan modesto como eran los Hibs. Por lo tanto, muchos pensaron que ello sólo sería un truco publicitario. Pero para la sorpresa de todos, no fue así. Toda actitud de indiferencia hacia el rumor de la incorporación del jugador fue sustituida por una tremenda ilusión de los hinchas cuando el mismo se hizo presente en uno de los palcos del estadio Easter Road junto al presidente, quien lo había invitado a ver un partido de local contra Kilmarnock. Los fanáticos le brindaron una gran recepción y el traspaso ya parecía ser una realidad. De hecho, unos días más tarde, se cerró la negociación, la cual Tom Hart aseguró haber pagado de su propio bolsillo.

El futbolista no había jugado en cinco meses. Por ello, debía perder peso y volver a entrenarse, así de esa manera iba a poder estar a punto para cuando llegara el momento de debutar con la verde y blanca. Y el día llegó. Un 24 de noviembre de 1979, George Best hizo su debut tan esperado ante más de 13.000 espectadores, una cifra impresionante en ese tiempo debido a que, tras la mala campaña del equipo, no superaba los 5.000. Pero con la llegada de una de las máximas figuras del fútbol a nivel mundial, las ventas de entradas estallaron. No obstante, los Hibs perdieron 2 a 1 frente a Saint Mirren, aunque pudieron disfrutar de un gol de Georgie justo antes del pitido final.

El conjunto de Leith sumaba apenas cinco puntos en 15 partidos, lo cual salir del último puesto y de la zona de descenso parecía imposible incluso con Best en el plantel. Entonces, se podría hacer un punto de inflexión a partir de dicha situación del Hibernian. Quizás algunos hinchas, más realistas de acuerdo al contexto, disfrutaban más el hecho de ver jugar al norirlandés con la camiseta de su equipo en vez de preocuparse por lograr los resultados, mientras que otros se ilusionaban con él para revertir aquella etapa. Lo cierto es que el panorama no era muy alentador, pero, ¿quién no se iba a ilusionar con un jugador como él? Cada toque, gambeta o pase provenientes de aquel mágico pie derecho de Best, eran aplaudidos por toda la afición. Ni mencionar los goles. Sólo fueron tres en 22 partidos, pero vaya si fueron recordados por los fanáticos. Los dos más importantes fueron: uno contra Celtic, sobre el final del partido y frente a 22.000 personas, tras un enganche hacia el medio y un potente remate de derecha que decretó el empate 1 a 1. Y el otro, versus Dundee, en el que realizó y culminó una impresionante jugada solo contra todos, al más fiel estilo de los que Georgie marcaba durante sus años dorados en Manchester United.

Otro de los momentos más memorables del futbolista con los Hibs fue su primera victoria, un 2 a 1 sobre Partick Thistle que fue el primer triunfo en 14 semanas. Pero por encima de todo está aquella inolvidable jugada que pasó a la historia del fútbol, en la que Georgie se sacó de encima a un jugador del Rangers con dos gambetas sobre un campo de juego cubierto por una ligera capa de hielo y tras ello, luego de ser derribado por el rival, le ofreció la pelota con la mano, haciendo referencia a que no se la podía sacar. Pero como en todo buen ciclo, casi siempre suele haber una parte negativa. En febrero de 1980, Best se mudó a un hotel y se rindió ante su debilidad: el alcohol. Una de las noches que estuvo allí se la pasó bebiendo hasta altas horas, lo que generó que se perdiera un partido al otro día. Parecía que sus días con el club de Edimburgo estaban contados y Tom Hart lo multó. Sin embargo, fue este mismo quien lo incitó para que volviera a jugar y le dispuso un departamento para él y su esposa, Angie.

Para ese entonces, el descenso era inevitable. El futbolista disputó 12 partidos más y el Hibernian apenas llegó a 18 puntos. Asimismo, las sensaciones eran ambiguas, puesto que, a pesar de perder la categoría, la experiencia de los simpatizantes por haber tenido a George Best entre sus jugadores no podían hacerlos sentir más orgullosos. En su último partido con los Hibs consiguió una victoria 2 a 0 contra Falkirk y fue el capitán del equipo. Sin dudas, una despedida imborrable que tanto Georgie como los hinchas del Hibernian se merecían.

Quizás no pudo haber logrado el objetivo, pero al talentoso jugador le bastaron solo un puñado de partidos para conseguir algo más importante que ello, que es el cariño y respeto de propios y extraños. Pues no solamente se transformó en un ídolo en el Hibernian, sino que también en un símbolo del fútbol escocés y de la cultura popular británica. Tan así que se lo bautizó como el quinto Beatle. Y vaya si lo tuvo merecido. Una persona con una habilidad dentro de la cancha y un carisma inmenso que le valió para ganarse ese apodo y mucho más. Y si bien Best tuvo una eterna batalla interna contra el alcohol que no le permitía desplegar su mejor versión, eso nunca podrá tapar lo que significa su figura, la cual fue, es y será una leyenda que nadie jamás olvidará en el Reino Unido.

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