Por Sol Pochettino, jugadora del club Gimnasia y Esgrima de La Plata

El fútbol es uno de los innumerables ámbitos de Argentina en el que todavía, nada más y nada menos que en el siglo XXI, existe una clara desigualdad entre el hombre y la mujer. La rama femenina de este deporte no se asemeja ni en lo más mínimo al reconocimiento e importancia que se le da a la masculina.

El 16 de marzo de 2019 se “profesionalizó” el fútbol femenino. Pero en realidad se trata de una semiprofesionalización, ya que son la minoría de las jugadoras las que cuentan con un contrato que las vincule con sus clubes (aproximadamente el 40%) y, quienes lo tienen, cobran un sueldo que ronda entre los diecisiete mil y veinticinco mil pesos, una cifra que imposibilita vivir solo de esta actividad.

El no poderse dedicar exclusivamente al fútbol es uno de los tantos motivos por los cuales el rendimiento del femenino es menor al del masculino y los éxitos internacionales conseguidos son escasos. En la actualidad, las futbolistas no podemos enfocarnos de lleno en el deporte, porque a raíz de que los salarios son bajos y de que solo unas pocas cuentan con ellos, también necesitamos invertir tiempo y energía en otro trabajo o en estudios. Si pudiéramos dedicarnos solo a entrenar, al igual que los hombres que compiten en la máxima categoría, tendríamos un nivel más alto dentro de la cancha.

Florencia Sánchez, delantera asalariada del club Gimnasia y Esgrima de La Plata que días atrás publicó una carta en la que critica la incertidumbre con la que se maneja la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) respecto a nuestra disciplina, ejerce su profesión de abogada en un estudio jurídico durante ocho horas por día, previo a los entrenamientos. Además, trabaja en la Subsecretaría de Políticas Culturales.

Otro ejemplo es el de Juana Bilos, defensora sin contrato del equipo platense, quien es parte del staff de un gimnasio de rehabilitación y transita el segundo año de la carrera de Licenciatura en Kinesiología y Fisiatría en la universidad situada en la localidad de Florencio Varela, a 32 kilómetros de la “Ciudad de las diagonales”.

La causa inicial de las diferencias futbolísticas es que las mujeres carecemos de las posibilidades de formación que tienen los varones. Los niños cuentan con divisiones infantiles y desde pequeños pueden integrar un equipo, entrenarse y competir, por lo tanto, cargan con muchos más años de aprendizaje, en una etapa clave para el desarrollo del cuerpo y de las habilidades físicas y mentales. En cambio, recién aparecen equipos femeninos a partir de los 13 años, por lo que el comienzo en la actividad y exigencia se da ampliamente más tarde.

Los medios de comunicación deben encargarse de brindar el servicio a la información y tienen el rol más importante de todos a la hora de impulsar apoyo o interés. Además, la visibilización y divulgación es esencial en el desarrollo de un deporte y en su camino a la masividad.

TNT Sports posee los derechos televisivos del Torneo Rexona de Primera División, aunque solo transmitía, y dentro del paquete pago, dos de los ocho partidos de cada fecha y siempre de los mismos equipos, los denominados “grandes”, River, Boca, Racing y UAI Urquiza y, por supuesto, de SAT (Social Atlético Televisión). En la Copa América 2018, las jugadoras de la Selección Argentina hicieron el gesto del “Topo Gigio” en la foto de la formación inicial, reclamando ser escuchadas. Este hecho hizo ruido y atrajo miradas, lo que generó que el canal deportivo emitiera el clásico ante Brasil.

La AFA enumera una lista interminable de decisiones desafortunadas y desacertadas a lo largo de sus 127 años. Un ejemplo reciente fue el boletín oficial de cinco páginas en el que se comunicó la finalización de los campeonatos y demás medidas tomadas con motivo de la pandemia del COVID-19. En ellas se anunciaron las determinaciones referidas a la Superliga, Primera Nacional, Primera B Metropolitana, Primera C, Primera D, Federal A, Copa de la Superliga, CONMEBOL Libertadores y CONMEBOL Sudamericana. La resolución del certamen de mujeres fue notificada recién en la quinta hoja, debajo de todo, en ocho líneas, en el último párrafo.

Otra corriente situación que posiciona a la disciplina femenina minimizada una vez más frente a la masculina es que no tengamos permitido disputar partidos en los estadios principales de los clubes y debamos hacerlo en las canchas auxiliares o en diferentes predios de las instituciones. La razón es que nuestro fútbol no genera, ni por asomo, las mismas ganancias que el de hombres, a tal punto que incluso ocasiona pérdidas para las dirigencias.

Ahora, el caso es, sin remediar ni siquiera uno de todos estos puntos de disparidad, ¿cómo pretenden que el fútbol femenino rinda más? ¿Cómo esperan equiparar las diferencias entre ambas disciplinas? ¿Cómo quieren que el fútbol femenino crezca? ¿O quizás, y tal como marca la historia, es justamente lo que no quieren? Dejarnos ser parte.

Pero ya no podrán.

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