Por Celeste Femia

La Unión Soviética se coronó campeón de la primera edición de la Eurocopa en 1960 y en ese torneo fue que Eduard Dubinsky comenzó a ganarse el espacio en la selección. Gavriil Kachalin, entrenador de la URSS en ese momento, comenzaba a hacer unos pequeños retoques de cara a la Copa del Mundo de Chile en 1962. Así fue cómo comenzó a ser citado y rápidamente pasó a ser una de las atracciones que presentó el Ejército Rojo, en sus alineaciones.

Morocho, no tan corpulento, pero fuerte y aguerrido. 174 centímetros de altura. Kachalin le dio la oportunidad como lateral titular. La Unión Soviética era una de las selecciones favoritas, ya que venía de ganar la Eurocopa, jugando la final ante Yugoslavia, país con el que abrió la Copa del Mundo en 1962. Enorme ilusión para Dubinsky, que se apagó en cuestión de minutos.

Era la revancha entre los que podían considerarse los dos mejores equipos del Viejo Continente, Unión Soviética – Yugoslavia, (junto a España y Checoslovaquia). Poco antes del descanso se produjo una escena que con el pasar de los años terminaría siendo fatal. Dubinsky fue a despejar un balón en su zona del campo. Al cruce apareció el bosnio Muhamed Mujic, quien no frenó la carrera pese a que ya no tenía opción de frenar la jugada y se lanzó con vehemencia en dirección a la pierna derecha del rival. El resultado fue una estremecedora fractura de tibia y peroné para Dubinsky.

El árbitro, que había perdido de vista la jugada, no marcó ni falta. Fueron los propios compañeros de Mujic los que lo sacaron del campo por la acción que acababa de cometer. Destrozado, el lateral nacido en territorio ucraniano fue asistido entre muchos gestos de dolor. El Mundial ya se había terminado para él y su carrera quedaba en suspenso.

Nacido el 6 de abril de 1935 en Kharkiv, Ucrania, país que en ese momento pertenecía a la Unión Soviética y proveniente de una familia judía y con pocos recursos económicos, Dubisnky decidió ingresar al ámbito futbolístico. Comenzó haciéndolo en Lokomotiv Kharkiv, equipo de su pueblo, donde desde el primer día se ubicó en la defensa como lateral derecho y ese fue el puesto del cual se adueñaría.

Era rápido, activo, dinámico y muy eficaz, lo que llevó a que otros equipos pusieran los ojos en él. Al año siguiente, el ODO Kyiv se hizo de sus servicios. En este equipo fue en el cual su carrera explotó y empezó a dar a conocer su gran talento. A mitad de temporada, ODO Sverdlovsk le ofreció una gran suma de dinero y Dubinsky cambió de camiseta. Tiempo después apareció CSKA de Moscú, y emigró al equipo ruso. Serio dentro y fuera del campo de juego, se convirtió en capitán y referente del equipo, estuvo siete temporadas en las que jugó 112 partidos y marcó sus primeros tres goles como profesional. Sin embargo, el CSKA estuvo varios años sin ganar títulos y los entrenadores cambiaban con frecuencia.

Habiendo dejado atrás su lesión, fue capaz de volver a jugar trece meses después pero su nivel ya no fue el mismo. Tampoco Mujic regresó a la escena internacional, repudiado en su país por la salvaje entrada. En 1964, se marchó a Hungría, más exactamente al KFK YuGV en el cual no jugó ningún partido a causa de su vieja la lesión. Tiempo después fue fichado por el SKA Odessa donde volvió con su ritmo para jugar 14 partidos y marcar un gol. En sus últimas dos temporadas como futbolista, estuvo en el Metallurg Lipetsk y no jugó ningún partido.

En 1968, con 33 años, se le diagnosticó un sarcoma debido a la mala curación de las heridas que le produjo la fractura de 1962. Fue operado en varias ocasiones hasta que los médicos no tuvieron más alternativa que la de amputarle la pierna izquierda. Las complicaciones posteriores llevaron un año después, con solo 34 años, a su muerte.