lunes, mayo 20, 2024

Ignacio Bogino: “Siempre estamos haciendo política”

Por Ian Rodríguez y Thomas Somoza

Un artista crítico de todo lo que lo rodea, también se desempeña como defensor en el ascenso argentino. Ignacio Bogino viste a sus 34 años los colores de Brown de Adrogué pero siempre se interpela para perder esos privilegios que -según él- los futbolistas poseen.

Todos los días hay que mandarles videos a los profes, lo cual sirve para verificar nuestro trabajo”, explica el defensor oriundo de Santa Fe acerca de su vida deportiva en el aislamiento social y obligatorio debido a la pandemia mundial por el Covid-19. Reconoce que hay momentos en los que no encuentra motivación para el entrenamiento casero, pero a partir de su exigencia y esfuerzo logra sobreponerse a estos obstáculos. Si bien Bogino l vive en Buenos Aires y alejado de sus seres más queridos, está transitando la cuarentena en su Rosario natal junto a su hija Vera. “Me mantengo bastante en mi soledad, la respeto mucho y este momento es una extensión de eso -con una sonrisa emergente-. Estoy mejor acá”, expone en relación al tiempo que puede pasar con su pequeña.

El primer plano de Bogino en la videollamada lo muestra con los párpados caídos y apretados con fuerza mientras piensa, articula y arma su concepto. Cuando lo tiene, lo larga: “Toda manera de pisar el mundo es un gesto político. Cómo tratamos al otro, cómo nos vestimos. Siempre estamos haciendo política”. En ese momento hace una pequeña pausa y prosigue: “Cuando uno lo entiende, puede actuar en consecuencia y no está engañado”.

El rosarino, que en 2008 debutó en Rosario Central y que estaba jugando en Brown de Adrogué al momento de interrumpirse el campeonato de la Primera Nacional, cree que es importante que los jugadores participen de los temas que nuclea la política. Pero no como una cuestión partidaria, sino como una manera de cuestionarse lo que a priori es normal, lo que está establecido. Y él pasó por ese proceso de deconstrucción en el que —cuando comenzó a los 20 años a leer con la novela La canción de nosotros del escritor uruguayo Eduardo Galeano — se preguntó sobre su figura como futbolista cargada de simbolismos y maneras de ver el mundo para romper con lo que estaba —y sigue estando— estructurado.

Recuerda que el punto clave fue cuando estaba en la quinta división del Canalla y empezó a estudiar Publicidad en Rosario. Entre todas las materias hubo una que le llamó notoriamente la atención: Sociología. “Se le daba un marco teórico al entender cómo funcionaba la sociedad de una manera, que yo consideraba injusta, y eso me perturbaba“, afirma. Haber leído al filósofo alemán comunista, Karl Marx, fue una experiencia que lo marcó a Bogino y le cambió un poco el bocho.

Esa cuestión se vio volcada cuando se hizo cargo de lo que sentía sin miedo a perder. Aunque ya sabía que de todos modos algo se gana y se pierde siempre. Pero ahora elige qué obtener y qué soltar.

Nacho pasó de los juveniles a los planteles de primera con gusto por sentarse en la mesa de los grandes. Pero su palabra no tenía mucho espacio. No estaba autorizado a hablar en demasía. “Cuando empecé a ganarme ese lugar, me peleaba, y tampoco era un camino inteligente. Yo no me creo el dueño de la verdad. Cuando entendí eso, pude enriquecerme y no forzar el combate ideológico”, sostiene.

El artista —con la pelota y el pincel—, vio una ruptura interesante en los vestuarios con una lucha específica: el feminismo. Con esa mirada se cambiaron las formas de opinar y de pensar de los varones. Hay cuestiones con las que ahora se tiene cuidado. “Me parece que esa es la última revolución de las mujeres, ese sector oprimido. Cambió muchas conductas y maneras de ver el mundo”, opina.

Bogino se aventura al plantear un escenario en el que los futbolistas de élite se envuelvan políticamente: “Tendríamos un fútbol mejor. Generaría jugadores más comprometidos”. Pero aclara que su manera de hacerlo no es la mejor porque, aunque no las comparta, hay muchas otras, como la religión. En ese instante, dispara un mensaje cargado de conciencia: “La sensibilidad es de entender nuestro lugar de privilegio”.

La homosexualidad en el fútbol

La violencia empieza desde un lugar más profundo del cual se expresa. La homofobia -según cuenta Nacho– ocupa un rol predominante en los vestuarios a los cuales los define como opresores. Él desea que éstos cambien en pos de tornarse más abiertos y amables para que no haya más chicos que sean discriminados por su condición sexual. “La cultura del aguante que convive entre los futbolistas, por ejemplo, en las duchas de equipo, es muy machista”. En búsqueda de la libertad de estos espacios para que ningún joven deba ocultar, o más bien, censurar su orientación sexual.

Nuestros deseos son bastante homosexuales, por así decirlo ¿no? Porque lo que termina sucediendo, por lo menos en los vestuarios, es que lo importante no es la mina con la que estás, sino que tu compañero entienda lo buena que ella está. Con ese tipo de cosas, lo que terminas haciendo, es tratar de que tu compañero te desee”, describe el futbolista.

El arte, otra de sus pasiones

“Cualquier acto de creación es transformador” expresa el defensor, que cuando de arte se trata, no duda en manifestar lo que le sucede cuando pinta. Y enseña en su perfil personal de Instagram, a distintos escritores, músicos, artistas o quizás algunos amigos. Encuentra en esta disciplina un modo de mantenerse con la cabeza viva pero descansada. Siempre que lo hizo fue porque lo necesitó. Atravesó como primera instancia los dibujos caricaturescos para luego tocar melodías en su guitarra hasta llegar a la actualidad, la escritura. “Con millones de errores, haciéndolo mal pero disfrutando de mi aprendizaje”, fue parte de Pelota de papel 2, un libro constituido a partir de cuentos escritos por protagonistas del fútbol.

“Salvo Divididos y el Indio (Solari), el resto del rock nacional no me gusta mucho ya”, explica Bogino sobre sus preferencias musicales. Su disgusto corre más porque en su adolescencia solía escuchar más frecuentemente a esta rama musical pero con el tiempo fue mutando su gusto hasta considerar, a lo más novedoso, una porquería. Rescata a los exponentes de éste género, como a Luis Alberto Spinetta, Charly García, Fito Páez, entre otros.

Lecturas y escrituras

Mientras acaricia su abundante barba al hablar, el rosarino define: “Cuando hay un libro, hay una pregunta. Y es más fácil manejar sin preguntas”. Cuando jugaba en Temperley junto a Leonardo Di Lorenzo, le pidieron leer menos libros. Hoy entiende que forma parte de uno de los estereotipos del futbolista, que no debe pensar en nada más que en la pelota. “Entiendo que a los dirigentes les conviene que los jugadores lean, pero es difícil si son ellos mismos los que no lo hacen”.

Ahora también recomienda: actualmente está leyendo La divina comedia, que lo acompaña para darle un tono a la novela que está intentando hacer.  “Después a John Fante, las novelas que editó Anagrama y tengo a (Raúl) Zurita, que es un poeta chileno que también me acompaña mucho. Me traje una especie de biografía con recortes de entrevista que le hicieron”, cuenta. Y describe aún más a Zurita: “Es un poeta muy político. La dictadura está muy impresa en su escritura”. Agrega incluso a más autores: “Hernán Ronsino, un escritor de Buenos Aires. Leí dos novelas de él y están buenísimas. Disfruto mucho”. 

Para finalizar, menciona que va a hacer un pedido y encargará escritos del británico John Berger, quien falleció en enero de 2017 a los 90 años: “Siempre me gusta tenerlo. Un crítico de arte, un pensador de izquierda y un gran escritor. Me parece uno de los tipos más copados que hay”.

Ya cerca del retiro piensa en lo que será su futuro fuera del fútbol. Finalizará su novela y la publicará. Quizá la escritura sea el camino que el bicho raro del fútbol elija seguir.

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