Rodrigo Cabrera

Recibió de espaldas al arco. Cuando giró, la pelota le quedó larga y fue a trabar con Jorge Pellegrini. Y le ganó. Dejó en el camino a Juan José López y ya tenía decidido lo que iba a hacer. Desde la mitad de la cancha lo vio adelantado al arquero Enrique Vidallé, ensayó un zapatazo que se terminó metiendo en el arco y festejó su segundo gol de esa tarde, el 15 de diciembre de 1985, ante Argentinos Juniors con la camiseta de San Lorenzo. Ante la jugada que acababa de hacer Walter Perazzo, el árbitro de ese partido, Juan Carlos Loustau, lo felicitó extendiéndole la mano y dejando en el recuerdo un acto del que hoy lo único que traería serían sospechas.

El autor de ese gol en la cancha de Atlanta, que hoy es entrenador de Temperley en la Primera Nacional, se sentó en la tribuna Mariano Biondi del estadio del Gasolero luego del entrenamiento y se refirió a ese hecho, si se considera un entrenador ‘salva-equipos’, su presente y lo que considera el éxito en su profesión. “En ese momento no fue un gesto que tuvo algún tipo de especulación de ninguna parte, porque era otra época y también porque lo hizo Loustau, que era un réferi intachable, con jerarquía internacional, no se podía dar a mal interpretar nada. Hoy en día lo hacen y como hay tantas dudas y sospechas ya se empieza a especular que el réferi tomó partido en ese juego. Creo que hoy un gesto así sería cuestionado”. 

– ¿Cuánto cambió la sociedad para que ese gesto se vea de esa manera?

La sociedad cambió bastante porque hoy se sospecha de todo. Entonces un acto tan lindo y tan genuino, para mí es un hecho que me enorgullece, es como un reconocimiento. Que hoy no se pueda hacer por cómo está la sociedad con tantas dudas y sospechas es un retroceso en la sociedad y el deporte, en donde uno habla de mente sana y cuerpo sano y lamentablemente un gesto de esa manera hoy se vería mal.

 – ¿Fue el mejor gol de su carrera?

Sin lugar a dudas está en la terna de los mejores, pero he tenido goles muy lindos. A Boca le hice dos jugando para San Lorenzo, atajaba Gatti, a Argentinos Juniors también le hice goles muy lindos, a San Lorenzo jugando para Boca también. He tenido muchos goles lindos, pero en este ayuda el marco del recuerdo el gesto de Loustau. Si eso no hubiese pasado, tal vez se lo recordaría como un lindo gol y nada más. Sumado a que el rival era el campeón de América y venía de perder la Intercontinental por penales ante la Juventus.

– ¿Qué diferencias había entre los equipos de primera y el ascenso cuándo era jugador y cuáles hay ahora?

Antes entre los equipos de primera y los del ascenso había más diferencias tácticas y físicas. Hoy queda la diferencia técnica, los jugadores de primera tienen otra jerarquía. Todo eso se equiparó con la táctica y lo físico. Por eso hoy un equipo de cualquier divisional te puede ganar, te queda la jerarquía, pero a veces la podes contrarrestar con orden, sacrificio y otras cosas que antes no se podía porque a la larga te terminaban ganando porque eran mejores, corrían más y estaban más ordenados. 

– ¿Se considera un técnico ‘salva-equipos’?

Por lo general a los técnicos los llaman porque el equipo tiene algún tipo de problema: de resultados, de juego. Es muy raro que te llamen porque un técnico le fue muy bien y se fue a otro lugar mejor. El 90% es por alguna crisis. A mí me ha tocado dirigir equipos como Aldosivi y Olimpo que estaban a seis fechas de terminar el torneo y ya estaban casi descendidos. Con Aldosivi nos tocaron los cinco grandes en esas fechas, pero perdimos solo con Boca y River. A San Lorenzo le ganamos y empatamos los otros dos. Me he acostumbrado a armar equipos en el Nacional B y pelear por el ascenso. Con Chicago estuvimos hasta ahí la última fecha, en Temperley nos acomodamos. Me están llamando para este tipo de casos, aparentemente ven una solución en mí en estas situaciones.

– ¿Qué cambió en el plantel de Temperley que los llevó a tener este presente?

Yo soy un tipo positivo, pero si me decías que de 21 puntos íbamos a sacar 19 era mucho pedir. La mentalidad cambia porque antes cambiaron otras cosas: costumbres, formas de jugar, sistema táctico, el estilo, y eso nos trajo buenos resultados que te hacen cambiar la cabeza. A veces viene la mala, y empezás a perder, y en otras, toca la buena. Pero primero hubo cambios desde adentro hacia afuera y eso se ve reflejado en los resultados. 

– Cuándo recién había asumido declaró que lo que quería era ‘enderezar el andar del equipo y terminar en el pelotón de arriba a fin de año’. Lo logró.

Lo primero que dije cuando asumí fue: tenemos que dejar de perder, no tenemos que dejar que nos hagan tantos goles, porque en seis partidos tenían diez goles, y después vamos poniendo metas a corto plazo, que eran ganar y buscar objetivos como la Copa Argentina. El equipo ha hecho un cambio radical de adentro hacia a fuera y mejoró el estado de ánimo, mejoró la cabeza, los rivales te respetan más, hoy se juegan la vida contra Temperley porque somos el equipo que viene arrasando de abajo. 

– ¿Cómo se prepara el partido contra el puntero de la zona?

Yo digo que son los partidos más lindos para jugar y en la parte que me corresponde como cuerpo técnico es en el que menos necesitás incentivar, porque ya de por sí, jugar con el primero genera eso. Es un partido que hay que prepararlo bien porque ellos juegan muy bien, para mí son uno de los mejores junto con San Martín de Tucumán. Son las pruebas que necesitamos para dar un paso más. 

– Usted declaró que considera que los entrenadores tienen que ser ‘psicólogos urbanos’ de los jugadores, ¿cuánto de eso implementó en Temperley?

Creo que la parte psicológica es importante saber manejarla. Si bien no soy psicólogo, trato de leer o prestar atención a las cosas que tengan referencia a la parte emocional o mental. Después según los jugadores es dar el consejo justo, tocar la tecla justa y eso también te lo da la experiencia. Creo que hay personalidades y personalidades, pero me doy cuenta quién necesita una caricia y quién una sacudida. La clave está en decir las palabras justas en el momento justo y es algo que le doy mucha importancia y tiene que ver con el éxito o el fracaso de un equipo.

– Esta es la primera vez que asume en un equipo que no armó, ¿cuánto influye eso en un cuerpo técnico?

Es la primera vez que me toca. Este desafío lo encaré poniendo a prueba una situación que para mí era nueva, y nosotros siempre vivimos de tener desafíos y son las cosas que te van permitiendo crecer. Si bien no elegí jugador por jugador, en el momento que me llamaron miré el plantel que tenían, y era uno que a la distancia me sedujo. Me han llamado de otros equipos y no agarré porque no me gustaba el plantel que tenía. Eso me llevó a aceptar la propuesta de trabajo. El miedo o las dudas eran esas, como va a reaccionar un jugador que yo no traje y como se adapta a lo que yo quiero, porque quizás no son jugadores que se lo que me pueden dar. La verdad que me encontré con una grata sorpresa, primero porque las características que tienen se adaptan a lo que yo pretendo de un equipo, y me ayudó, y a ellos los hizo tener un rendimiento inmediato, porque tienen las cualidades para hacerlo. Por otro lado, creo que ellos estaban esperando que venga alguien que les pida lo que yo les pedí, por eso hubo conexión inmediata. Ganar el primer partido empuja mucho más.

– Es alguien que pondera los proyectos en el fútbol, ¿qué cambió en la sociedad y cuánto influye el resultadismo para que eso no sea lo habitual en la actualidad?

Yo digo que el éxito en esta profesión es tener continuidad y un proyecto. El proyecto te tiene que llevar al éxito, y no el éxito al proyecto, y acá estamos un poco así: primero tenés que tener éxito para poder armar un proyecto. Lo que hay que hacer es un proyecto, sostenerlo y a la larga lo terminás solucionando. Acá no hay tiempo de revancha, tenés una prueba, te va mal y te echan. No hay tiempo de mejorarlo, porque en seis partidos te fue mal y te vas, y tal vez necesitabas doce partidos. La sociedad también no sé hasta qué punto está preparada, porque con el tiempo se empieza a desgastar la relación y salen las partes negativas. Está todo agarrado con pinzas. 

– ¿Qué experiencia le dejó ser el entrenador de la Selección Sub 20?

Cuando empecé siempre tuve el sueño de dirigir juveniles, y gracias a Dios se me dio. Es uno de los trabajos que más disfruté porque es trabajar en lo máximo del fútbol argentino y con los mejores juveniles. Es una marca de calidad registrada desde la época de Pekerman, nosotros íbamos y nos respetaban. Después tenés los mejores jugadores que te dan otras herramientas. Y los torneos internacionales son una experiencia única, porque jugás con los mejores de cada país, están todos pendientes de los torneos. Por ejemplo, me tocó jugar contra Egipto con Salah, contra Brasil con Neymar, con Oscar, con Casemiro. Es estar con los mejores jugadores del mundo. Dirigí a Funes Morí,  Pezzella, Tagliafico, Andrada. Uno ya les veía cosas y sabía que iban a llegar. Y empezás a conocer en frente a los futuros cracks. Esa base de Brasil ahora está jugando en la mayor. Como técnico el desafío de preparar un partido con esa clase de jugadores también te hace crecer. A Brasil le ganamos, a Egipto que tenía un equipazo nosotros le ganamos en el Mundial. Eso te motiva y cuando lográs resultados positivos te refuerza y da más confianza.

– ¿Cuánto influyó José Néstor Pekerman en la Selección?

Pekerman es un técnico que ha dejado un legado en la Selección. Yo no tuve posibilidad de trabajar con él, pero su legado estaba. Dejó muchas cosas asentadas que hasta el día de hoy se mantienen. Es un poco el hacedor de lo que son hoy los juveniles en toda Sudamérica. Así que me parece que fue un visionario que tiene una principal virtud para captar talentos y después creció como técnico.

– ¿Durante su carrera como jugador quién fue el entrenador que más lo marcó?

El que más me marcó en mi carrera fue Bilardo porque me hizo subir a primera. Después me llevó a Estudiantes que salimos campeones en el 82 y después a la Selección. Fue uno de los que más me dejó escuela. Después tuve técnicos de los que aprendí mucho, el Bambino Veira es uno de los que veía muy bien el fútbol, Bora Milutinović que vino con una metodología de Europa en el 87 cuando estuvo acá, de todos fui aprendiendo cosas.

– Y estuvo muy cerca de formar parte de la selección que viajó a jugar el Mundial de México 1986, ¿cómo vivó esa etapa?

Para el Mundial 86 estuve siempre por ser el gran candidato a estar en la lista, venía jugando muy bien, en un momento estuve en una lista preliminar y en otro momento quedé afuera. Es más, después del Mundial y en los partidos siguientes me convocaron. Sabía que estaba en esa lista con posibilidades de entrar, creo que debía competir con Pasculli, con Tapia, jugadores que aparecieron a último momento.