sábado, junio 22, 2024

Mary Terán de Weiss: la tenista fantasma

Por Thomas Martínez

Posiblemente al preguntar sobre los deportistas argentinos más destacados de la historia todos nombren a Diego Maradona, Lionel Messi, Emanuel Ginóbili, Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, Juan Manuel Fangio, Carlos Monzón, Luciana Aymar o Roberto De Vicenzo, y seguro que nadie mencionará a Mary Terán de Weiss, una de las pioneras del tenis femenino a nivel nacional y reconocida a escala internacional, que puede ser invitada a la mesa de los grandes mencionados anteriormente por sus logros con la raqueta y por la huella que dejó fuera de las canchas.

¿Por qué motivo no es conocida popularmente Mary? Para responder a este interrogante es necesario comprender la historia argentina durante el Siglo XX, en el que una gran cantidad de ciudadanos fueron perseguidos y censurados por sus ideologías. Pero qué mejor que lo conteste la propia tenista: “Yo llegué a la vida argentina 20 años antes. Si a Evita no le perdonaban ser mujer, conmigo no iban a ser menos. Yo además de peronista era una mujer que había logrado destacarme mundialmente en un deporte que, acá, era exclusividad de una elite masculina y esas cosas en este país no se perdonan”.

Mary nació el 29 de enero de 1918. Era hija del encargado del buffet del Rowing Club de Rosario, quién le inculcó la práctica deportiva desde niños a sus hijos, a tal punto que los tres se destacaban en todas la áreas, pero lo de su hija era distinto debido a que desde los 12 años ya jugaba al tenis con gran facilidad, y a los 15 cruzó el Río Paraná nadando. También era timonel del equipo de remeros del Club Alberdi, la única mujer a bordo del barco.

Su habilidad hizo que el entrenador del equipo de la Copa Davis, Sanders, la convocara para que sea parte. Luego de eso, el hombre de origen sueco almorzaba con los Terán todos los jueves y se iba con ella al Club Atlético Rosario para entrenar, institución en la que jugaba representando a Santa Fé.

Según le contó a la escritora Liliana Morelli (autora del libro “Mujeres deportistas”), el amigo de la tenista, Roberto Andersen, Mary era una jugadora con un buen revés y drive, que tenía un juego de base largo y de gran movilidad. Añade que no voleaba mucho, pero desde su campaña europea posterior a 1955, llegó a hacerlo muy bien. A su vez, destaca que era una jugadora de aliento, planeaba tácticas y su juego no era espectacular pero sí muy ofensivo. Concluye con que parecía una gacela en la cancha pese a su baja estatura que no la beneficiaba.

En 1937, debido a su crecimiento deportivo, Mary viajó a Buenos Aires para seguir compitiendo. Allí jugaba para el Adrogué Tennis Club. Dos años más tarde ganó el torneo de Mar del Plata y el del Río de la Plata, en el que venció en la final a Felisa Piedrola, quien luego la vencería el mismo año en el torneo de la República.

Allí comenzó la rivalidad entre ambas tenistas. A diferencia de Mary, Piedrola era de carácter muy fuerte y muy malhumorado. Más allá de esto, a lo largo de sus carreras se encontraron en polos opuestos por ideologías políticas. Otro de los motivos que las separaba, según reveló Alfredo Terán, sobrino de la deportista, era que Mary recibía ayuda de la Asociación Argentina de Tenis (AAT) para realizar viajes al exterior, algo que no sucedía con Piedrola. Además, Dunlop le brindaba raquetas, los encordados de las mismas y le organizaba los matchs del circuito europeo. De todas formas, se alternaron las primeras posiciones del ranking nacional durante una década. Terán fue número uno en 1941, 1944, 1946, 1947, 1948 y 1952.

“La Casa del Deporte nos daba los pasajes, que eran donados por Aerolíneas Argentinas. El resto era costeado por las entidades que invitaban. De no ser así, ningún tenista podría viajar”, explicó Mary en la revista Primera Plana del 5 de septiembre de 1966.

Por su lado Andersen le aclaró a Morelli: “No es que el peronismo la ayudó, sino que ella tenía los kilates para competir a gran nivel y por eso el Estado la subvencionaba a través de la Secretaría de Deportes. También es cierto que adhería al régimen, mientras que Felisa Piédrola no tuvo el mismo apoyo por mantener la postura contraria”.

En 1940, con motivo de participar en un torneo de Córdoba, emprendió un viaje en tren. En el recorrido se cautivó con un hombre muy apuesto, y tal fue su atracción que pese a ella estar de novia, buscó llamar su atención, se sentó a su lado con su autentica simpatía y le dijo que juntos harían una linda pareja. Esa persona era Heraldo Weiss, hijo de Gottlob Weiss, famoso wing derecho de Alumni. Heraldo era nada menos que el capitán del equipo de la Copa Davis, oriundo de Lomas de Zamora, campeón argentino y figura del tenis nacional en la década del 40 junto a Enrique Morea, Alejo Russell y Héctor Etchart. Para mala suerte de Mary, el tenista también se encontraba en pareja. Tres años más tarde se casaron, y aunque la familia Weiss nunca haya aceptado a la santafesina porque asumían como futura esposa a la novia anterior de Heraldo, ellos formaron una gran relación, tanto dentro como fuera de las canchas.

La fama de Mary empezó a crecer con la conquista de varios certámenes internacionales: ganó 28, entre los que se destacó el Plate de Wimbledon (que disputaban los que no llegaban a la final del Gran Slam). Era tan popular que tenía fotos con personalidades destacadas de la época como los reyes de Grecia o la reina de Inglaterra. Su belleza hacía que se lleve todas las fotos en los courts. De esto se percató Ted Tingling, el modisto inglés que la contrató para que luciera sus prendas femeninas (polleras de organza, blusas escotadas y spolverinos ribeteados). También impuso el uso de relojes, aros, cadenas y pulseras de oro en las competencias. Siempre se caracterizó por ser muy elegante y estar bien vestida.

Mary y su marido Heraldo (fallecido en 1952), simpatizaban con el peronismo, que gobernaba el país por aquellos años, razón que la llevó a ser designada asesora deportiva de la Municipalidad de Buenos Aires. Fue la responsable de los campos deportivos ubicados en el Parque Tres de Febrero, con el objetivo de popularizar el tenis.

Por su influencia política, impulsó la remodelación del Buenos Aires Lawn Tennis Club (aumentaron las capacidades y mejoraron las comodidades de los espectadores). Pero no siempre estuvo de acuerdo al movimiento que la representaba: cuando el gobierno intentó intervenir esa entidad porque suponían que se conspiraba contra Perón, ella se impuso ante la situación presente.

“Ella inició una escuela de tenis para chicos que no estaban en condiciones de adquirir raquetas y equipos, y estos elementos le eran proporcionados por medio de la fundación Evita. El tenis siempre había sido un deporte para gente encumbrada y los de la elite no le perdonaron haberlo llevado al nivel del Pueblo”, reseña su sobrino Alfredo, luego de su muerte.

No solo era cercana al peronismo desde el activismo. Andersen le reconoció a Morelli que Perón le propuso casamiento a Mary luego de la muerte de Eva Duarte, pero ella lo rechazó con el pretexto de que no era Evita y que no la podía reemplazar, porque lo que él necesitaba era una compañera de fuste a su lado.

Por otro lado, en la biografía “Vida íntima de Perón” escrita por Enrique Pavón Pereyra, el General reveló que le ofreció formalizar relaciones y ella se negó, tras lo cual dejaron de tener vínculo, a pesar de que, con fines denigratorios, se siguió diciendo que mantenían contacto.

El 16 de septiembre de 1955 el gobierno de Perón fue derrocado por la autodenominada Revolución Libertadoa, mientras Mary se encontraba jugando el Abierto de Alemania. El Estado intervino la AAT y le pidió a la Federación Internacional de Tenis (FIT) que le prohibiera jugar, a lo que la entidad deportiva hizo oídos sordos.

En Argentina sus bienes fueron incautados y le iniciaron una investigación por su adscripción al peronismo, razón por la cual se exilió en Madrid, Barcelona y Ginebra. Nada le impidió seguir jugando al tenis y ganar torneos europeos, de los que los medios de comunicación argentinos no se hicieron eco.

Tras la asunción de Arturo Frondizi en 1958 como presidente argentino, en 1959 regresó al país, y comprobó que ya nada era igual. Belgrano Athletic, club al que perteneció durante 20 años, le comunicó que ya no podía tenerla como socia. El único que le abrió las puertas fue River por una decisión del entonces presidente Antonio Liberti (también lo hicieron Comunicaciones y Trovatore, pero no contaban con los elementos para un entrenamiento profesional). Pero en los torneos los rivales no se presentaban, y el campeonato de 1963 tuvo que ser anulado por ese motivo. Mary entendía que le estaba haciendo mal al Millonario y por una cuestión de gratitud dio un paso al costado. Su ambición por el deporte no se fue, pasó a practicar golf y a fanatizarse con él.

El 22 de julio de 1964 escribió una carta a la opinión pública en El Gráfico en la que contó su historia, como la discriminaban por pensar diferente y también se tomó en tono de broma la ausencia de oponentes en torneos: ““La mayoría de las tenistas se excusaban en la ideología para no presentarse porque sabían que perderían y que así bajaría su lugar en el ranking”.

La condena social, y el pecado de ser una mujer comprometida la llevaron al aislamiento. Su única compañía era su madre, que falleció en 1983, hecho por el que entró en una gran depresión, por la que casi no salía de su hogar y no se relacionaba con mucha gente. Luego de enviudar nunca se volvió a enamorar ni a casarse, pese a haber recibido propuestas. El 8 de diciembre de 1984 Mary se suicidó lanzándose desde un séptimo piso de un edificio en Mar del Plata. Como símbolo de lo que fue su vida, una de las pocas personalidades del ambiente del tenis que asistió a su funeral fue Enrique Morea.

En su memoria, el estadio de tenis de Villa Soldati lleva su nombre. Sin embargo, ni así se la recuerda como se debe, ya que gran parte del periodismo deportivo lo llama Parque Roca, a secas.

Marginada de la sociedad por querer popularizar un deporte elitista, puede afirmarse que María Luisa Beatriz Terán fue la tenista fantasma de nuestra historia.

Fuentes: Libro Mujeres deportistas  de Liliana Morelli, el libro Historia política del deporte argentino de Victor Lupo, Victor Lupo, Eduardo Puppo y el libro Mary Terán de Weiss de Roberto Andersen.

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