Por Mauricio Serrano y Jimena Santillan 

Pablo Lavallén no pensaba en vivir del fútbol cuando era chico, ya que lo consideraba un juego, pero a medida que fue creciendo lo empezó a ver como algo más formal, para luego convertirlo en su profesión. Por eso, recalca que su primer sueño fue poder debutar en Primera y, al lograrlo, tuvo la posibilidad de construir su carrera en este deporte.

Lavallén jugaba de chico con sus amigos en las calles del barrio Las Cañitas en Palermo, hasta que su papá lo llevó a probarse a River en 1979, con siete años. A medida que avanzaba en las divisiones inferiores, los técnicos lo fueron probando en distintos puestos en base a sus cualidades, y así fue que finalmente se convirtió en defensor. 

A partir de su debut el 4 de agosto de 1991, pudo cumplir otros sueños, como meter un gol y salir campeón (obtuvo 3 títulos locales y una Copa Libertadores, todos con River). Desde 1996 jugó en el exterior defendiendo los colores del Club Atlas de Guadalajara en la Primera división de México. En esta institución le dejó buenos recuerdos a los hinchas que hasta el día de hoy se lo reconocen cada vez que visita esa ciudad. Hasta el 2001, año en que dejó de jugar para ese equipo, tuvo el privilegio de compartir el plantel y enfrentar a jugadores reconocidos a nivel mundial como José “Bebeto” Gama de Oliveira, Hugo Sánchez, Míchel González, Leonel Álvarez, Iván René Valenciano, Rafael Márquez y Bernd Schuster. En esa época, el fútbol mexicano era parecido a lo que son hoy en día las ligas de Estados Unidos y China, en donde van los jugadores de renombre para retirarse y  potenciar a los jóvenes de ese país.

Luego de irse del Atlas, dividió su carrera entre Argentina y México, y pasó por diferentes clubes –Tiburones Rojos, Huracán, San Luis, Huracán de Tres Arroyos y Coyotes de Sonora-, hasta que en 2007 tomó la decisión de retirarse en Platense: “Costó dejar de hacer lo que a uno le gusta, pero hay que tomar la decisión para no degradar la carrera deportiva y así cuidarla”, afirma el exdefensor.       

Lavallén en su rol de entrenador contó que: “los técnicos te pueden orientar, enseñar, trasmitir herramientas e información, y en mi caso el que más me dio todo eso fue Ricardo Lavolpe”, quien lo dirigió en Atlas.

En comparación con la carrera de jugador, Lavallén afirma que: “es más difícil ser técnico que jugador, porque el jugador piensa por uno mismo, en cambio el técnico piensa por todo el plantel, por los dirigentes, por lo que declara a la prensa y el mensaje que le da a los hinchas”. Sumado a eso, expresó que: “un buen entrenador debe tener llegada con el jugador y buenas herramientas, si no sólo se es un buen tipo”.

Siguiendo con las cualidades que se requieren para ser un buen técnico, aseveró que: “hay que ser un poco maestro, psicólogo, padre, amigo, y a veces hay que poner los puntos para que aterricen. Por eso, el mejor halago que puede tener un entrenador es que los jugadores que dirigió hablen bien de uno más allá de los resultados. Me encanta que un jugador me diga que aprendió de mí porque ellos son los que hacen ganador a un entrenador. El rol del técnico es importante, pero vendría a ser como un actor de reparto, los que ganan los partidos son los jugadores”.

El fútbol para él es un tema de gustos porque “cada entrenador puede tener una receta o más, es decir, los métodos que usa, y eso marca una escuela como fue el caso de Pep Guardiola en el Barcelona”.   

Lavallén aclaró también que un entrenador intenta trasmitir a sus dirigidos lo que fue como jugador y lo que le hubiese gustado ser: “A mí me hubiese gustado ser mejor jugador con la pelota, tener más velocidad, por eso me gustan los equipos que son rápidos, los que tienen buena tenencia, los que marcan bien. Uno quiere todo el combo, y en eso está la posibilidad de cada uno de saber trasmitir, como por ejemplo, el caso del Atlético de Madrid de Simeone, que tiene su esencia o ADN de lo que fue él como jugador. El técnico que no trasmite nada es porque falla algo en el mensaje y no termina siendo un buen entrenador, porque su equipo no sabe a qué juega”.

Con respecto a si dirigiría a un equipo de los denominados grandes respondió: “No dirigiría a Boca y Chivas de Guadalajara por mi pasado, pero después aceptaría cualquier club porque es un trabajo y mi familia come gracias a eso. Así como cuando uno es jugador quiere poder estar en los mejores equipos, lo mismo pasa cuando sos entrenador, porque esos clubes tienen más posibilidades de salir campeón, son los más convocantes, los que más ganan, los que tienen más recursos y son grandes en todo el mundo”. Con respecto a dirigir una Selección, negó esa posibilidad y expresó que: “es otro tipo de trabajo, es distinto al día a día con el plantel, ya que consiste en viajar, mostrarle videos al jugador y es algo que recién lo pensaría dentro 10 ó 15 años, pero por el momento no”. 

Si tuviera que decirle algo al Pablo Hernán Lavallén jugador, se reprocharía no haber intentado tener un poco más de protagonismo. “Aprovechando que jugué en River cinco años y que estuve contenido en el lugar que me dieron, quizá tendría que haber sido un poco más egoísta para tratar de mostrarme un poco más”, asegura.