Por Gianfranco Zanier

Inter y Milan, Barcelona y Real Madrid, Manchester United y Liverpool si hablamos de Europa. Más cerca Nacional y Peñarol o Flamengo y Fluminense. Pero no sólo se encuentran en el fútbol, CASI y SIC lo comprueban. También lo hubo en la literatura cuando las publicaciones se separaban entre lo que era el Grupo Florida y el Grupo Boedo. Y en la música con los fanáticos de los Rolling Stones y los de los Beatles, o los “soderos” y los “ricoteros”. Pero, ¿qué tienen en común todas estas cosas? La respuesta es fácil: son o fueron distintas rivalidades que surgieron a lo largo de la historia. Sin embargo, para los argentinos es aún más fácil: “es el Boca-River de”.

Esa frase, que simplemente hace alusión a un enfrentamiento entre dos clubes de la capital de nuestro país, tiene el peso suficiente para transmitir algo que es muy difícil de explicar con otras palabras. Porque más allá de una rivalidad, denota dos grandes potencias que comparten un mismo escenario, pero son (o quieren ser) opuestos en todo lo demás. Es la descripción de dos masas con una identidad y un sentido de pertenencia, que los ponen en veredas opuestas y los obligan a querer ser los mejores.

Pero cuando uno piensa: “¿De dónde nace esta extrema y constante confrontación?”, la respuesta es obvia: son los dos equipos más grandes del país. Pero deja muchos interrogantes: ¿Por qué se establecieron como los clubes más importantes del país? ¿Siempre fue un “Superclásico”? ¿Cómo llegó el partido a convertirse en una expresión?

Los más grandes

Con la profesionalización, Boca y River rápidamente se acomodaron como las grandes potencias, repartiéndose 13 (seis para Boca y siete para River) de los 17 torneos que se jugaron en los 15 primeros años de fútbol profesional y así se subieron al pedestal de los equipos más grandes.

Finalmente, con la explosión del fútbol como fenómeno popular, ya asentados en el primer escalón del fútbol argentino, pasaron a la historia con los primeros logros continentales para grabar a fuego sus nombres en la historia del fútbol sudamericano. Primero Boca en 1977 y nueve años más tarde, en 1986, River Plate.

El Superclásico

Al ser los dos clubes más importantes del país y quienes se disputaban la mayoría de los títulos, la rivalidad fundada en La Boca persistió. Pero no siempre fue como se vive en la actualidad. En los primeros años del profesionalismo, el Boca-River era tan solo un enfrentamiento entre los dos cuadros más poderosos, un simple partido importante dentro del calendario del campeonato.

Pero llegados los años 70 algo empezó a cambiar. La masividad del fútbol atrajo al periodismo, que encontró en él un canal directo a los sectores populares. También la llegada de los patrocinadores y sponsors cambiaron la forma de concebirlo. El fútbol profesional dejó de ser una actividad deportiva para convertirse en un negocio.

A partir de aquel momento, los clubes forjaron un sentido de pertenencia nunca antes visto en el deporte nacional. Los hinchas del fútbol dejaron de ser “del fútbol” y pasaron a ser hinchas de sus respectivos equipos. El placer de ver un buen partido dejó de existir ya que lo único importante era ganar y ser mejor que el rival. Con todo estos cambios y la ayuda de los medios, nació el Superclásico.

Aquel partido que llamaba la atención y generaba expectativas, pasó a ser el centro de la atención popular y el encuentro deportivo más importante del año. Ganar el Superclásico comenzó a ser un objetivo en sí, más allá del desempeño en el campeonato. Y para terminar de consagrarse como tal, llegó la final del Nacional 1976: en más de setenta años de existencia, los archirrivales se cruzaban, por primera vez, en una final.

La rivalidad que en algún momento fuera meramente deportiva en la actualidad es total: estilo de juego, idiosincrasia de club, identificación. “Mirá que distintos somos”, se canta en la cancha del Millonario. “Muchas cosas nos separan”, en la del Xeneize. Ese duelo de equipos poderosos, hoy es una guerra entre movimientos populares. Gareca, Ruggeri, Caniggia o Batistuta serían los más grandes traidores en el fútbol de hoy.

La frase

Como consagración de lo que significa y de lo que es esencialmente el hincha de fútbol en la Argentina, el “Boca-River” es un conjunto de sentimientos, calificativos, semejanzas y diferencias. Porque esa expresión tan sencilla significa pasión e identidad, grandeza y popularidad, y deja bien claro que dentro de una misma escena no hay opuestos más lejanos. Precisamente eso es lo más llamativo: dos clubes, nacidos en el mismo barrio, igualmente populares y de una paridad increíble en cuanto a logros deportivos, son las caras opuestas de la misma moneda. Son muchas las similitudes y muy pocas las diferencias, pero hay una que pesa más que todo el resto y le da vida al mítico Superclásico: los colores.