domingo, mayo 26, 2024

Pilar Campoy: “Hoy le diría que no a Las Leonas, más adelante no sé”

Por Brenda Molina

María Pilar Campoy acomodó su vida a un sueño: llegar a la Selección argentina de hockey. Desde los 15 años formó parte de las elegidas para representar a Buenos Aires y de ahí saltó al seleccionado nacional, pero hoy está muy lejos de eso. 

Hace un tiempo que Pilar no tiene un lugar en la Selección y tampoco se la nota con muchas ganas de formar parte. “La realidad es que estoy transitando otro momento en mi vida. Hoy las veo jugar y no tengo esa sensación de querer estar ahí como me pasaba antes, siento que hay muchas cosas que se perdieron en estos años. Sé que hoy diría que no, más adelante no se, no tengo las puertas cerradas. Estoy haciendo otras cosas de mi vida y estoy disfrutando un montón”, expresó Campoy. 

A principio de año tomó la decisión de irse a España definitivamente y está muy cómoda en la Real Sociedad. Fue fichada y vive de lo que más le gusta, que es jugar al hockey, pero con un plus: está al lado de su novio después de meses separados y de hacer viajes express a Europa. 

Pasaron 24 años de la primera vez que agarró un palo y una bocha. Sus papás la llevaron al Club Banco Nación porque jugaban sus primas y escucharon que era una linda actividad para su hija. Desde ese entonces nunca lo dejó. A la par empezó a hacer tenis tres veces por semana, pero es una anécdota la Pilar tenista. Cuando empezaron a llegar las convocatorias relacionadas con el hockey, la raqueta y el polvo de ladrillo quedaron de lado. 

El primer llamado llegó para representar a Buenos Aires en 2006 y, según ella cuenta, ese fue el momento en el que hizo el click de que quería meterle más al hockey: “Creo que ahí hice ese pequeño cambio y dije ‘creo que voy más por el lado del hockey’. Mi familia siempre me apoyó y ellos también me hicieron ver que era por ahí”. 

No sólo sus primas y sus papás la llevaron por el camino del deporte, sino que su hermano Tobías también aportó lo suyo. Se criaron juntos y disfrutaron de jugar al fútbol, al básquet e hicieron taekwondo, todo a la par, Tobías adelante y Pilar, chiquita y rubia como es ahora, seguía a su hermano. Él la ayuda desde afuera de la cancha y Abril, su hermana menor, desde adentro. 

Con Abril compartieron equipo toda la vida -primero en Banco, donde se formaron, y después en Náutico Hacoaj- y es el gran apoyo de su hermana cuando se pierde en la cancha. Al ser tan exigente, cuando no le salen las cosas bien se va del partido, pero si al lado está Abril no hay problema, ella sabe cómo hacer para que Pilar dé lo mejor de sí. “Jugar con mi hermana es algo especial, cuando estamos lejos donde más la extraño es dentro de la cancha”, confesó la más chica de los Campoy.

Las hermanas Campoy vistiendo la camiseta de Hacoaj, segundo club en el que jugaron juntas. Foto: Instagram.

Pilar fue quien tomó la decisión de separarse en la temporada 2011/12 porque creía que era necesario salir de su zona de confort: “Me sentía como estancada, llegué a ser capitana y ese era mi tope”. Tuvo la posibilidad de ir a varios clubes, pero Jorge Lombi y su idea de juego la convencieron para que se inclinara por Hacoaj.

En 2016/17 Abril pasó a Náutico también, pero Pilar no estaba muy convencida, ya que ella sabía que en cualquier momento se iba a ir al exterior y no quería que su hermana se quedara sola. Al poco tiempo le surgió la primera posibilidad de irse a España y se fue al viejo continente a vestir la camiseta del Taburiente, en Islas Canarias.

En realidad, fue la primera vez que la oportunidad de jugar en Europa se concretó. En 2015 estuvo a dos semanas de irse a Madrid, tenía pasajes pagos y todo organizado, pero un llamado de Gabriel Minadeo cambió todo en un segundo. “Hacía dos horas yo había dicho que al seleccionado no volvía más porque quería hacer otras cosas y de repente me cayó esta noticia. Yo había sufrido un montón en la Selección pero sentí que ese era mi momento”.

Así fue la primera vez que formó parte de una lista oficial de Las Leonas. Por dos años y medio figuró en el plantel fijo, hasta que llegó el actual entrenador y no la tuvo muy en cuenta. El año pasado le tocó quedar fuera de la lista para el Mundial. “Era un sueño para mi jugar un Mundial, es el torneo que me falta”, contó la oriunda de Vicente López. 

A pesar de todo, fue muy feliz vistiendo la albiceleste. Se sonríe y muestra su tatuaje de los anillos olímpicos en su muñeca izquierda cuando le preguntan por los Juegos de Río de Janeiro 2016. “Fue algo único que muy pocos tienen la posibilidad de hacer y yo disfruté mucho desde entrenarme para ese momento, subirme al avión y compartir con otros deportistas. Para mí era todo muy mágico”. Cuenta que fue algo que la marcó no sólo en lo deportivo, sino también en lo personal. Fue un antes y un después en su vida y por eso decidió llevarlo para siempre en su piel.

Hoy, ya lejos del seleccionado, sus compañeras la extrañan. “Extraño todos los días la complicidad que teníamos, extraño lo que nos reíamos todo el día y el hecho de compartir todo”, recuerda Agustina Albertario. Aparte de aportar habilidad y goles a la Selección, dentro del grupo era alguien importante. Dentro de los planteles siempre hay mucha competencia, pero Pilar está lejos de eso. Siempre está pensando, no solo en el arco, sino también en sus compañeras.

Campoy y Simonet representaron a la Argentina en los Juegos Olímpicos de Río 2016, en hockey y handball respectivamente. Foto: instagram.

Hoy vive en la ciudad de Benidorm, entre Valencia y Alicante, ya que Pablo Simonet juega al handball allí. Pilar viaja de viernes a lunes o de jueves a domingo para entrenar con el equipo y juega los domingos. Los días que está en su casa entrena con Pabli, como le dice ella, y salen a correr por la playa o a caminar con su perra, Mila. 

Lo que más le cuesta de su nueva vida es el tiempo libre. Necesita siempre estar haciendo algo, es muy inquieta. Todo el tiempo busca actividades para que hagan los dos, recorrer ciudades, ir al gimnasio, al shopping, cocinar, lo que sea, pero no estar sentados en el sillón excepto que sea para mirar deportes. “Los domingos en casa son a cuatro pantallas: básquet, handball, hockey y fútbol. Eso es espectacular”, dice Pablo con cara de enamorado. 

El tiempo libre la empujó a volver a comenzar una carrera. Cuando terminó el colegio había empezado el Profesorado de Educación Física, pero entre los entrenamientos, el estudio y el trabajo no podía con todo y decidió dejar lo que más le costaba, el estudio. Siguió entrenando y continuó con el trabajo, que era ser profesora de deportes en colegios como el Florida Day School y el Palermo Chico. Hace poco se anotó en la carrera de Relaciones Públicas y Organización de eventos, que la hace a distancia y rinde cuando vuelve a Buenos Aires.  

No es una persona que piensa mucho en lo que va a pasar, pero sabe que el amor por su pareja maneja su vida y por eso no tiene otra cosa en la cabeza que ser felices juntos y poder sostener la familia que de a poco van formando. “La realidad es que no sé qué me depara el futuro. Hoy estoy viviendo en Benidorm y por ahí mañana me tengo que ir a Francia. Sé el hoy, no el mañana”.

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