Por Diego Ibarra

Esta es la historia de Agustín Bourges, un fanático del fútbol, aunque nunca haya podido jugarlo; desde que nació padece de Condrodisplasia Punctata, enfermedad que produce una movilidad reducida en todos sus miembros. Sin embargo, el joven de 18 años no permite que este problema lo aleje de lo que más lo apasiona y pelea por un sueño: ser entrenador.

Nació el 13 de diciembre de 2001 en la Ciudad de Neuquén, pero se crío y vive hasta el día de hoy, en Laborde, un pueblo al sudeste de Córdoba.  Allí surgió su amor por Olimpo, uno de los dos clubes locales, y el qué tiempo después le daría la chance de hacer lo que más le gusta.

En 2016, Lucas Cuadana, jugador de primera división y técnico de categorías infantiles del club labordense, decidió llamarlo para que sea su ayudante de campo.  “Agustín aporta el valor de la inclusión, me parece que es un mensaje muy importante y que no se ve seguido en el fútbol”, expresó el entrenador.

La enfermedad genética que sufre Agustín se da en una de cada un millón de personas, pero son su pasión y su voluntad lo que lo hacen diferente. A mitad de 2016, muy feliz por la oportunidad, se sumó a los entrenamientos de la clase Sub-13: “Empecé con muchos nervios, en la primera practica Lucas me presentó y los chicos me miraron medio raro; por la silla, viste. Pero después, de a poquito, se fueron soltando, y yo también”, recordó.

Una vez que sus padres pudieron conseguir una silla de ruedas eléctrica que le permitiera desplazarse con más facilidad comenzó a ir a los entrenamientos, y a los partidos de los sábados.  La inclusión de Agustín fue una novedad en la Liga Doctor Adrián Beccar Varela, entonces decidieron homenajearlo. “La Copa de ese torneo llevó mi nombre. La verdad que después de eso me dieron unas ganas terribles de seguir trabajando, fue algo muy lindo y que me va a quedar para toda la vida”, contó Bourges.

Meses después, Olimpo se quedó con ese trofeo y Agustín festejó su primer título desde el banco: “Salir campeones me dio muchas fuerzas para seguir adelante, hizo que tome mi trabajo con más seriedad y que comience a pensar en el futuro”, recordó el neuquino.

Con más ganas que nunca, quien hoy es ayudante de campo en las categorías promocionales, siguió trabajando para acercarse a su meta. Durante estos años, acompañado por Lucas Caudana, asistió a varias capacitaciones brindadas por el club Talleres de Córdoba, con el fin de aplicar esos conocimientos en sus dirigidos.

Su sueño es ser director técnico y llevara Olimpo a lo más alto, y este año, al empezar con el curso de entrenador, Agustín dio un gran paso para hacerlo realidad.

Aquella primera final

El 2016 fue uno de los años más emocionantes que vivió Agustín; en su primera experiencia desde un banco de suplentes le tocó ganar la copa que llevaba su nombre. Pero lo que más recuerda fue el día antes de su primera final, ese viernes Lucas Caudana decidió cederle a Bourges la última charla técnica. “Ese día les dije que más allá del resultado yo me iba a ir contento por el trabajo que hicieron durante el año”, expresó.

Con un gran orgullo por sus dirigidos, Agustín transmitió el mensaje de que ganar no es lo único que importa. Además, el ayudante de campo les habló a los chicos sobre su futuro: “También les dije que cuando estén en primera no pierdan esa voluntad ni esas ganas de jugar al fútbol que tienen ahora”, afirmó Agustín.