sábado, mayo 25, 2024

Axel Geller: “Sueño con ganar Wimbledon”

Por Gianfranco Zanier

El tenista nacido en Buenos Aires, campeón mundial junior en 2017 y ganador de 5 títulos ITF (dos en singles y tres en dobles), actualmente está por empezar el tercer año de la carrera de Administración en la Universidad de Stanford, donde, además, compite como primer raqueta del equipo en el torneo universitario.

-¿Edad y altura?

-Tengo 20 años, del ‘99 y mido 1,91.

-¿Dónde empezaste a jugar?

-Empecé a jugar en el club donde nací, que se llama Mayling Club de Campo que tenía el frontón a cinco minutos de casa, iba en bici a pelotear un rato y a la escuelita. Después, cuando me mudé a Buenos Aires, estuve en varios lugares.

-¿A qué edad decidiste que querías jugar al tenis?

-Hasta los 12 años hacía natación y tenis, hasta que en un momento me di cuenta que tenía que elegir una de las dos cosas y, claramente, me decidí por el tenis.

-¿Y en qué momento te diste cuenta de que era una posibilidad real?

-A los 14 años gané un torneo muy importante en Estados Unidos, que se llama Orange Bowl y ahí dije “Puede ser que me pueda ir bien”. A partir de ese momento tuve muchas ofertas para dejar el colegio y empezar a jugar profesionalmente, pero sentía que todavía era muy chico para irme de mi casa y estar lejos de mi familia y de mis amigos. A pesar de eso, decidí que lo iba a tomar más en serio.

-Contame la experiencia de haber jugado el Orange Bowl, que es algo así como el “mundial juvenil de tenis”.

-Fue una experiencia muy buena. Yo tenía buen ranking nacional, pero nunca había competido internacionalmente, entonces no me tenían en el radar y tuve que jugar qualy. Me acuerdo que jugué un torneo de entrada en calor, lo gané y el día después de ganarlo, arranqué la qualy del Orange Bowl sin frenar. Para el día de la final, llevaba jugados 16 partidos en 15 días y le gané a un chico que hoy en día está 30 del mundo, Álex de Miñaur.

-¿Cómo era jugar al tenis y estudiar en un colegio tan exigente y de doble turno, a diferencia de lo común, que es abandonar los estudios o terminar por internet?

-Fue un desafío, no era fácil. Más que nada por que era mucho tiempo. De todos modos desde el colegio me ayudaban, en vez de hacer gimnasia me iba a entrenar y no se me contaban esas faltas. Pero entrenar era difícil porque me quedaba hasta muy tarde y los días se me hacían largos. Igual no me arrepiento, porque creo que es muy importante terminar el colegio y vivir esa experiencia para ver si de verdad querés jugar.

-¿Qué dificultades te generaba eso a la hora de armar el calendario de tenis?

-No jugaba muchos torneos, a propósito, por el colegio, porque faltar me complicaba mucho, no por las faltas en sí, pero para poder mantenerme al día con las materias. Entonces me enfocaba en desarrollar el juego y entrenaba cosas que uno cuando juega muchos torneos no puede y eso me ayudó a mejorar golpes que cuando pude jugar me hicieron sacar diferencia.

-Y ahora, al igual que con el colegio, decidiste priorizar el estudio; ¿cómo es la vida de deportista de universidad?

-En Estados Unidos tienen muy aceitado el sistema de Student Athlete (estudiante atleta), así le llaman. Es muy intenso, porque estoy todo el día en clase, estudiando o entrenando. Pero estoy muy feliz de haber tomado esta decisión para poder mantener ambas cosas al mayor nivel posible, hasta que sepa que hay algo que me gusta para hacerlo de verdad o si es algo en lo que me va bien, pero no quiero hacerlo como forma de vida, ya que ser tenista implica viajar muchas semanas al año y vivir una vida muy distinta a lo convencional. Además, aunque me dedique al tenis, la carrera es corta y a los 40 ya estás retirado y ahí tener el diploma va a ser muy importante.

-¿Cómo es el circuito de competencia universitaria?

-Hay un orden del 1 al 6. Yo al ser el número 1 de mi equipo tengo muy buenos partidos, ya que me enfrento con los mejores de las otras universidades. Este año jugué contra chicos que, antes de enfrentarlos, ya habían ganado Challengers. También hay torneos que no son de ATP ni ITF, pero en lo que compiten jugadores profesionales y me tocó jugar contra uno que hace poco le ganó a Sam Querrey (46° del ranking ATP). El formato de competición son seis singles que se juegan por orden y cada uno suma un punto, y después tres dobles, que hay que ganar dos para sumar otro punto.

-Este año estás jugando mucho dobles…

-Sí, en la universidad mejoré mucho en dobles. Este año, de los cinco torneos que jugué, en casi todos también jugué dobles y ganamos tres.

-Los profesionales de primer nivel, casi no juegan doble, más allá de algún torneo, vos, ¿Qué buscas en el doble? 

-Más que nada es por plata, al ya estar ahí por el torneo individual, jugar también en doble te da la posibilidad de ganar algún premio más. Pero además está bueno para entrenar saque y devolución, y al ser de una intensidad física menor, es como un entrenamiento, pero a ritmo y clima de partido.

-¿Cómo es el balance entre tenis y estudio?

-El estudio es difícil, es mucho tiempo el que le dedico. Obviamente tengo más facilidad para jugar que para el estudio. En base al tiempo que tengo, trato de jugar lo más posible, aunque a veces se hace difícil, ya que si tengo parciales, esa semana no puedo jugar, tengo que estudiar.

-¿Recibís algún tipo de apoyo por parte de la universidad en cuanto a tu carrera profesional?

-Únicamente los entrenadores, que a veces me acompañan a algún torneo, pero de todos modos tenés que pagar, porque no es el espíritu de mi universidad, ya que prioriza lo académico por sobre lo deportivo y, dentro de lo deportivo, la prioridad la ponen en la competencia universitaria.

-Justamente ese es uno de los puntos más importantes de la vida del tenista, la plata…

-Por reglas de la NCAA (National Collegiate Athletic Association), que es el ente que maneja el deporte universitario, no se puede cobrar plata de sponsors, aunque sí te dejan recibir ropa o raquetas sin cobrar, a través de los entrenadores, que funcionan como intermediarios. Cuando voy a jugar torneos, sí tengo que pagar entrenadores, preparadores físicos y demás cosas que significan mucha plata. Además, al terminar la universidad, es más difícil conseguir sponsors, ya que lo que buscan son jugadores más jóvenes.

-¿Y los premios?

-Te dejan cobrar premios hasta que puedas cubrir tus costos. De todos modos, en este nivel nunca llegas a ganar más de los que gastas, entonces cobrás todo. Por ejemplo, ganar un torneo de 25.000 dólares, que es el más grande que yo he ganado, te da nada más que 3.600 dólares de los cuales, entre vuelos, hoteles y demás gastos, no te queda nada. Ganar un torneo así te cubre los gastos, pero generalmente perdés plata.

-Este año ganaste tus dos primeros torneos profesionales de singles, ¿Te cambió algo en tu manera de pensar tu carrera?

-Yo quiero seguir explorando y aprovechar el tiempo en la universidad, aunque obviamente me encantaría poder jugar y siento que puedo, ya que estando en la universidad no le pongo todo el esfuerzo que podría ponerle al tenis, y aún así me está yendo bien. Pienso en el año entre que terminé el colegio y empecé la facultad, que fueron nueve meses de estar dedicado sólo al tenis y me fue realmente muy bien.

-Ese año fue espectacular…

-Sí, jugando todavía en junior, fui finalista y campeón en dobles de Wimbledon y finalista del US Open. Me acuerdo que terminé el colegio y empecé la pretemporada ni bien volví del viaje de egresados. Esa pretemporada la hice con los chicos que iban a jugar el Australian Open de mayores y después hice una gira por Sudamérica para sumar los puntos necesarios para clasificar a los Grand Slams Junior. En Roland Garros no jugué tan bien, pero igual estuve cerca de ganarle al que finalmente salió campeón y eso me hizo darme cuenta que estaba al nivel. Después, en Wimbledon me sentí muy cómodo en el pasto y me fue increíble. Ahí fue cuando realmente pensé que si me dedico a esto me puede ir bien; en la semifinal le gané a un chico que hoy está jugando los Grand Slams de mayores, Corentin Moutet. 

-¿Con qué jugador del circuito te identificás?

-Con “Delpo” (Juan Martín Del Potro). Lamentablemente, por las lesiones, estuvo mucho tiempo afuera, pero me gusta mucho su estilo y su forma de juego y trato de copiarlo porque soy alto y le pego duro a la pelota. También veo en él cosas que me pasan a mí: cuando nos dominan los puntos no nos va bien.

-¿Cuál es tu mejor golpe?

-El saque.

-¿Algún aspecto a mejorar?

-Un poco el revés, la movilidad y el cambio de ritmo. Igual, más allá de lo técnico, también la competencia te marca el nivel: si hoy juego con alguien que está 30 o 40 del mundo, le juego un rato y después ya me mata la intensidad. Antes de empezar la universidad me dieron un wild-card para la qualy del Master 1000 de Miami y me tocó jugar de vuelta contra De Miñaur que ya estaba entre los primeros 100 del ranking. El primer set jugué bien y estuve al ritmo, pero después ya no daba más.

-Elegí el mejor momento y el más duro de lo que va de tu carrera.

-El mejor fue jugar la final en Wimbledon. Jugué en la segunda cancha más grande, una hora antes de que Federer jugara la final de mayores y la gente que tenía entradas pasaba y se quedaba viendo. En el tie-break del primer set había como diez mil personas mirando el partido, fue increíble, la pelota sonaba distinto. El más duro fue este año que tuve una tendinitis en el tobillo que me tuvo varias semanas sin jugar porque además me curaba y volvía. Por suerte no fue nada grave, pero al ser la primera vez que me lesioné, me hizo ver lo duro que es no poder competir y me agarró el miedo de lesionarme en el futuro y no poder seguir jugando.

-¿Cuál es tu sueño más grande?

-Ganar Wimbledon, sin dudas. Además yo lo decía antes de haber ido y jugado en pasto. Ahora después de vivirlo, más todavía.

-Y para cerrar ese tremendo año, fuiste campeón del mundo…

-Sí, y al año siguiente, que yo ya estaba en la universidad, fue la ceremonia de entrega de premios. Estaba por rendir finales y me fui cinco días a París para estar en la gala. Lo conocí a Roger, estaba Gustavo Fernández que también fue campeón ese año. Fue algo soñado.

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