Por Francisco Rodríguez

Creció en un barrio de Malmo donde la pobreza y el hambre eran una constante. Su dura infancia formó su personalidad, mientras que su talento y dedicación formaron su juego. Zlatan Ibrahimovic jugó en los mejores clubes del mundo antes de desembarcar en Los Ángeles. La ciudad de las estrellas de Hollywood le sienta bien: el astro sueco es la personificación futbolística del boxeador Muhammad Ali, uno de los más grandes ídolos de la historia estadounidense.

El soccer masculino no es tan seguido en Estados Unidos como el femenino, cuya selección es reciente bicampeona del mundo. Tanto el , béisbol, básquet, como el fútbol americano e incluso el boxeo, de la mano de Floyd Mayweather, lo superan en popularidad. Una de las razones de esta cuestión se debe a los protagonistas de dichos deportes. Son unos verdaderos showmen: súper estrellas multimillonarias dedicadas al entretenimiento del público tanto dentro como fuera de la cancha.

El trash talk es la forma de insultar, provocar, intimidar y burlar al contrario en el deporte estadounidense. Lejos de ser considerado desleal, es una práctica naturalizada en el juego. Sin embargo, también es una manera de motivarse, de generar autoconfianza. Es muy normal verlo en la NBA, en la NFL y también en el boxeo, desde la irrupción de Cassius Clay, o mejor conocido como Muhammad Ali.

En 1964, se acercaba la pelea por el título mundial de pesos pesados, que luego sería considerada por la revista Sports Illustrated como el cuarto evento deportivo más relevante del siglo XX: Clay desafiaba al campeón vigente, Sonny Liston. Ya en el pesaje previo al combate, el retador mostró al mundo de lo que estaba hecho: “No tienes ninguna chance, no hay nadie que pueda ganarme y lo sabes. Soy realmente malo, soy un peligro. No eres nada”. El resultado es historia conocida: Liston tiró la toalla en el séptimo asalto luego de una exhibición del campeón del pueblo.

Es la repetición de afirmaciones lo que lleva a creer. Y cuando el creer se transforma en una convicción profunda, las cosas comienzan a suceder”, si bien esta frase la dijo Ali en su momento, puede aplicarse al pensamiento del astro sueco. En la previa del clásico entre Los Ángeles F.C y L.A Galaxy, dirigido por el argentino Guillermo Barros Schelotto, Zlatan -fiel a su estilo- dijo que en la MLS se siente como “una Ferrari entre Fiats” y se autoproclamó como el mejor jugador de la liga a sus 37 años sobre la estrella del otro equipo angelino, el mexicano Carlos Vela, de gran temporada.

Sus declaraciones fueron tendencia y se cuestionó el efecto que podrían tener sobre el sueco. Sin embargo, Ibra marcó tres goles para darle la victoria a su equipo. “Tengo visión, tengo confianza y creo en mí. La gente ignorante lo llama arrogancia, la gente inteligente lo llama confianza. Tengo una mentalidad a prueba de balas. Cuando salgo al campo de juego sé lo que soy capaz de hacer, y lo hago bien, y lo hago perfecto”.

Zlatan es todo lo que los norteamericanos quieren de sus jugadores, es la persona que puede incentivar el fútbol masculino en Estados Unidos, el país del espectáculo. Zlatan es un jugador de soccer con la mentalidad de los grandes trash talkers y la confianza de Muhammad Alí. Zlatan Ibrahimovic es un showman hecho a la medida del público norteamericano.