martes, abril 16, 2024

Independiente – Vélez (Apertura 1995)

Última fecha del Apertura de 1995. Calor incesante a pocos días del inicio de una nueva temporada de verano, sin embargo el clima no era lo único que se iba a poner “caliente”.

Racing acariciaba casi las tres décadas sin títulos locales, la última vez había sido en 1966. Un nuevo proyecto, bajo la conducción de Osvaldo Otero y Daniel Lalín, se ponía en marcha y con ello la ilusión de ganar un trofeo.

El puntero del campeonato era Vélez con 38 puntos y lo seguía Racing con 35. Sin dudas fueron los dos más destacados a nivel futbolístico del Apertura. 17 de diciembre. Última fecha, la Academia podía aspirar a un desempate. Debían derrotar al ascendido Colón en Santa Fe. Pero los de Liniers tenían un reaseguro: jugarían contra Independiente…

En la Doble Visera, antiguo estadio de Independiente, el clima era de fiesta. En la tribuna de visitante por la proximidad de un nuevo título y en la local por la posibilidad de seguir sumando frustraciones a su archirrival de barrio. Si existía algún atisbo de deportividad, se cayó a los 5 minutos de juego cuando Claudio Kobistyj, defensor de Independiente, le cometió un penal imposible al Rifle Pandolfi que el árbitro Javier Castrilli cobró rápidamente. El fortín, mientras celebraba el gol, se llevó la sorpresa más importante de esa tarde, los hinchas del rojo gritaron y festejaron a la par de ellos

Finalmente el partido culminó 3 a 0 y el trofeo se iba a Liniers. A pesar de la derrota, la hinchada del rojo despidió a los aplausos a sus jugadores del campo de juego y con euforia disfrutaron otra frustración de su clásico. Racing perdió 5 a 1 su partido y la ilusión quedó en la nada.

“En la falta quise ir a la pelota y lo choqué al delantero de Vélez, el árbitro cobró y no lo podía creer pero cuando escuchamos a la gente cómo gritaba y festejaba, con mis compañeros dijimos y sentimos que querían que perdamos, fue muy duro el ambiente”, confesó por llamado telefónico Claudio Kobistyj, defensor de Independiente.

El fútbol argentino una vez más demuestra que no solo es salir al campo y pegarle a una pelota, sino que las hinchadas, los barras y los arreglos son parte de ello y que si de archirrivales se trata, el resto no importa.  

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