Por Daniel Melluso

Lionel Messi y la pelota. Esa que le fue esquiva en los cuatro encuentros previos de la Copa América. Esa con la que frente a Brasil se amigó, esa con la que llegó a un punto de entendimiento que permitió que el astro demuestre toda su categoría cuando la tiene entre sus pies.

“No está siendo mi mejor Copa América”, había declarado Messi, luego del triunfo albiceleste ante Venezuela por 2 a 0 en los cuartos de final. Es cierto que no estaba siendo su mejor versión, por lo menos si tomamos como referencia el nivel que muestra en su club, el Barcelona, pero con él en la cancha el rival se predispone de otra manera, lo obliga a que la atención esté puesta en él y libera a sus compañeros, que sin presión poseen más espacios para desarrollar el planteo del entrenador Lionel Scaloni.

Esta autocrítica que tuvo después del duelo ante La Vinotinto fue el puntapié para soltar todo el fútbol que desarrolló en la semifinal. La Canarinha fue el contrincante ideal, y la instancia también, para que el 10 encontrara aquello que estuvo buscando desde el inicio del certamen.

La derrota por 2 a 0, al igual que los dos penales no cobrados por el árbitro ecuatoriano Roddy Zambrano y la no intervención del VAR, a cargo del uruguayo Leodán González, no pudieron eclipsar la mejoría en el rendimiento del capitán del seleccionado nacional. Tampoco lo pudo hacer el fenómeno solar que se pudo observar, previo al cotejo, en Argentina, Chile, Colombia y Uruguay.

Al igual que en la competición, Messi fue de menor a mayor ante La Verde-amarela. Un primer tiempo con un bajo nivel del equipo de Scaloni, que repercutió tanto en el capitán como en el marcador que a los 19 minutos ya se había modificado a favor de los locales con el tanto del delantero Gabriel Jesús. Las intervenciones del 10 fueron pocas, pero no por eso insignificantes. A los 30 minutos, tras un centro que envió al área, el atacante Sergio Agüero impactó el balón con su cabeza, pero el travesaño fue el obstáculo que impidió el empate. Cinco minutos después, el astro gambeteó a tres futbolistas, volvió a habilitar al Kun, quien remató desviado, tras la marca de Marquinhos.

Lo mejor llegó en la segunda parte. Con un Messi más participativo, casi de enganche, las mejores situaciones no tardaron en llegar. A los 10 minutos del complemento, el rosarino tiró al arco, pero el balón dio en el palo derecho del arquero Alisson Becker. El juego continuó con Argentina proponiendo y Brasil replegado, esperando alguna contra.

A los 21, el jugador de 32 años dispuso de un tiro libre, el más claro de los que tuvo. Pateó, el esférico tenía destino de gol, pero esta vez el guardameta del Liverpool fue el villano que evitó que anotara. Estos contratiempos no lo hicieron decaer y él siguió mostrándose como opción de pase para sus compañeros, pero el tanto que marcó Roberto Firmino, casi seis minutos después, luego de una jugada polémica que había sido infracción de Dani Alves sobre Agüero dentro del área, apagaron al rosarino y al combinado argentino que se sumió en la impotencia hasta el final del partido, en el que mereció mucho más de lo que obtuvo. “No fueron superiores a nosotros”, expresó el del Barcelona, tras el encuentro que se disputó en Belo Horizonte. Más claro, imposible.

A pesar de esto, todavía no concluyó la excursión del conjunto nacional por tierras brasileñas. Aún queda el duelo por el tercer puesto ante el perdedor de Chile y Perú. Esa será otra historia, en la que Lionel Messi volverá a ser protagonista para darle el cierre a un torneo que les abrió el paso a nuevos jugadores que demostraron estar a la altura, de la misma manera que lo hizo el cuerpo técnico comandado por su tocayo, Lionel Scaloni.