Por Pedro Masi

Al referirse a las grandes estrellas del deporte que compiten en las ligas más importantes del mundo, una vasta parte de la sociedad suele crear una idea generalizada de que todos ellos viven abastecidos del éxito, fama y dinero, en la que se encuentran más allá del día a día cotidiano y que muchos creen que no atraviesan problemas debido a sus estilos de vida. Los altos rendimientos en cada partido, las apariciones en publicidades de marcas internacionales y la cantidad de fanáticos que tiene un jugador de tanta trascendencia, aportan en la elaboración de dicho concepto, donde en diversas ocasiones casi se lo termina llevando a un extremo hasta endiosarlo. Pero detrás de estas apreciaciones, finalmente hay una persona, un ser humano.

DeMar DeRozan es un basquetbolista estadounidense que actualmente es parte de la plantilla de San Antonio Spurs. Ganó el Campeonato Mundial 2014 en España y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016 con su Selección y estuvo cuatro veces convocado para el Juego de las Estrellas de la NBA. Pero primero: es una persona. A pesar de su gran carrera, el escolta del equipo dirigido por Gregg Popovich combate todos los días contra la depresión y ayuda a su madre, diagnosticada con lupus desde que él era un niño, y a todos aquellos que padecen esta misma enfermedad, por medio de su asociación con Lupus Canada, una organización sin fines de lucro dedicada a mejorar las vidas de quienes experimentan dicha condición mediante donaciones, educación y promoción para respaldar su investigación y tratamiento, a la que se unió cuando todavía era jugador de Toronto Raptors. La historia de DeRozan desmiente aquel prejuicio instalado históricamente en una comunidad, basado en la idea de que las estrellas viven sin preocupaciones.

En febrero de 2018, mientras aún pertenecía al conjunto canadiense, el basquetbolista sorprendió a una multitud cuando compartió en Twitter una frase inesperada: “Esta depresión saca lo mejor de mí”. Sus admiradores, ante el impacto provocado por el mensaje, no tardaron en expresar su apoyo hacia el jugador y, unos días más tarde, él mismo se haría cargo de explicar su situación en una entrevista con el diario canadiense Toronto Star. Con respecto a ello, manifestó lo siguiente: “No importa cuán indestructibles parezca que somos, todos somos humanos al final del día y todos tenemos sentimientos. A veces, saca lo mejor de ti en tiempos en donde todo en el mundo recae sobre uno”. De igual modo, agregó que siempre ha sido así desde muy joven y eso explica su comportamiento.

Pero además de esto, otra vivencia que tuvo que atravesar DeRozan en su camino fue acompañar y cuidar a su madre desde su niñez, debido a que padece de lupus, una enfermedad inflamatoria ocasionada cuando el sistema inmunológico ataca a sus propios tejidos. Apenas tras firmar su primer contrato profesional luego de ser drafteado en 2009 por los Raptors, compró dos sillas de ruedas e instaló una bañera de hidromasaje en su casa para combatir la enfermedad de su mamá. A causa de su exitosa trayectoria, el estadounidense permitió hacerse un lugar entre los jugadores más destacados de la NBA y, al vincularse a Lupus Canada, colaboró a promover su concientización pública. “Al ser un atleta reconocido, es importante que me haya involucrado con la causa”, aseguró el deportista en una charla mano a mano con dicha organización en mayo de 2016 y sentenció: “Hay que crear conciencia sobre el lupus a nivel mundial y, ya sea que ayude a una persona o a miles, me gustaría inspirar a las familias para que superen sus desafíos y entiendan mejor a qué se enfrentan”.

DeMar DeRozan persiste dando pelea y su figura concibe un ejemplo para todos aquellos quienes luchan internamente y con su entorno para seguir mirando hacia adelante y continuar construyendo sus historias.