Por Federico Bajo

Nadie jugó más mundiales de fútbol que ella. Solo la brasilera Formiga logró alcanzar las seis participaciones oficiales e igualar su récord, que incluso supera las cinco presencias en la Copa del Mundo de otras figuras como Rafael Márquez, Lothar Matthaus o Gianluigi Buffon.

    Con 164 centímetros de estatura, 205 partidos disputados con su selección y 83 goles convertidos, se retiró en 2016 convertida en una leyenda. Sin embargo, aún hoy no se puede explicar al seleccionado femenino de Japón sin conocer primero a Homare Sawa porque, como explicó Norio Sasaki, ex entrenador del equipo asiático que fue campeón del mundo en 2011 y subcampeón en 2015: “Ella describe perfectamente el tipo de fútbol que tratamos de alcanzar”.

    Sawa empezó a jugar al fútbol a los 6 años con sus hermanos y a los 12 debutó en la primera división de la liga japonesa. En 1993, cuando tenía 15, vistió por primera vez la camiseta de su país y a partir de ahí sería protagonista de los máximos logros del fútbol nipón. Disputó la final del Mundial de Canadá 2015 en la que cayeron ante Estados Unidos y también estuvo en la obtención de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, aquella competencia a la que viajaron en clase turista mientras sus pares masculinos lo hacían en primera clase.

    Sin embargo, el momento de mayor gloria ocurrió un año antes, en el Mundial de Alemania 2011. En la final ante Estados Unidos, Sawa marcó, de taco, el gol para empatar el alargue 2 a 2 y llevar la definición del título a los penales en los que las asiáticas se impusieron por 3 a 1. En ese certamen la japonesa también terminó como goleadora con 5 tantos y alcanzó una popularidad inédita al ser elegida mejor jugadora del mundo. El día de la partida al país europeo, solo había 10 periodistas en el aeropuerto, pero a la vuelta eran 260 los trabajadores de prensa que las esperaban y alrededor de 400 fans. Incluso algunos hinchas acamparon en la puerta de la casa de Sawa.

    Aquel campeonato del mundo fue un punto de inflexión para el fútbol femenino japonés que en la actualidad es potencia mundial y cuenta con una liga profesional, pero que comenzó en 1966 en una escuela primaria de Kobe, con ocho jugadoras por equipo, en canchas con dimensiones menores a la de los hombres, menos tiempo de juego y en el que las recepciones con el pecho estaban prohibidas.

    La selección femenina de Japón logró el mayor hito futbolístico para su país, tanto masculino como femenino, en el año más trágico para la tierra del sol naciente: un terremoto y un tsunami dejaron alrededor de 20 mil muertos y muchas ciudades destrozadas. Antes de cada partido de la Copa del Mundo, el entrenador, Sasaki, les mostraba videos de la catástrofe a sus dirigidas. Muchas de esas imágenes fueron filmadas por los propios ciudadanos que desde la terraza de los edificios veían cómo el agua se tragaba todo a su paso.

    La selección, que debutará el 10 de junio con Argentina, es conocida como Las Nadeshiko. El apodo, que surgió en 2004 cuando la Federación convocó a la población a un concurso para elegir un sobrenombre con el que se conocería al seleccionado, es el nombre de una flor que crece en Europa y el este de Asia. Aunque también es el término utilizado para definir a la “mujer de excelencia”, amable, trabajadora, que dedica su vida a su familia y marido, y que, principalmente, no busca la felicidad personal. “Nadeshiko – adorable hasta que mueran”, definió la periodista Kaori Shoji en el periódico The Japan Times.

    A Francia 2019 el plantel, que será dirigido por Asako Takakura, ex jugadora del seleccionado, llegará en un periodo de recambio. Con un promedio de edad de 24 años, Japón contará con cuatro futbolistas campeonas del mundo sub 20 en el Mundial del año pasado que también se disputó en ese país.

    Esta vez Homare Sawa no estará dentro de la cancha vistiendo la camiseta azul, pero dejó el camino marcado para las nuevas generaciones. En cada gambeta y en cada gol vivirá el estilo de juego de aquella talentosa número diez que comandó a sus compañeras a hacer historia y demostró que en el país asiático, que ocupa el puesto 110 del Índice de Brecha Global de Género del Foro Económico Mundial, había una mujer que estaba interesada en ser algo más que una Nadeshiko: Sawa quería jugar a la pelota.