jueves, mayo 30, 2024

El Angel de la guarda

El rumbo del partido parecía ser incierto desde el primer minuto. Había tímidas y escasas aproximaciones por parte de ambos equipos y la gran figura era Mascherano achicándole los espacios al tándem suizo generado por Shaqiri y Xhaka. Por el lado de los suizos, la tarea de Inler, ubicándose unos pasos a la derecha de Messi para evitar sus diagonales, fue sencillamente espectacular. El volante de Napoli mostró a lo largo del encuentro buena lectura y visión del juego, y fue preciso a la hora de cortar líneas de pase.

Gago no arriesgaba, pasaba desapercibido. Messi no aparecía como lo había hecho en los partidos anteriores y a Di María le faltaban, como dice el dicho popular, diez para llegar al peso. Por insistencia y perseverancia, Argentina forzó a Suiza a defenderse todo el segundo tiempo con el 4-4-2 característico de los europeos. Con el correr de los minutos,Diego Benaglio, el arquero suizo, se convirtió en una de las grandes figuras del encuentro. La defensa de los de Hitzfeld, con dos centrales técnicos pero que abusaban de pelotazos largos y frontales, y con dos laterales sumamente disciplinados, fue prácticamente impenetrable para Argentina, que padeció la falta de creatividad.

El partido se fue al tiempo suplementario sin goles en el marcador. Allí, se notó a los extremos suizos sumamente cansados, y era ahí, en ese momento, donde Di María se transformó en el eje de un equipo que, debido al rigor físico y psicológico que generan esta clase de compromisos, parecía que veía con buenos ojos los penales. Él y Mascherano fueron los leones que lideraron la manada. Messi, dolorido, no entraba en acción como su rol lo dispone. Argentina, pese a todo, quería ganar. Y estaba todo dado para que eso suceda: gran parte del segundo tiempo y de toda la prórroga, los de Sabella buscaron las bandas constantemente para jugar el mano a mano. Mientras tanto, Suiza jugaba con cuatro volantes de marca: Inler, Behrami, Fernandes y Dzemaili. Los penales tampoco le caían nada mal al conjunto que dirige Ottmar Hitzfeld.

Pero todo cambió sobre el final. Otra vez. Una última corrida de Messi en el minuto 117 derivó en una definición de cruzada de Di María. La única en todo el partido que no pudo contener Benaglio.

Si bien el partido permitió ver la colosal actuación de Mascherano, quien comandó y lideró al equipo al triunfo, Argentina no ha mostrado, en lo que va del Mundial, razones futbolísticas para ser candidata al título. Nuevamente se advirtieron deficiencias flagrantes en el sistema defensivo. Todos esperan alguna individualidad de Messi, incluso Sabella. Ese técnico que tiene como prioridades el estricto cumplimiento de las obligaciones en defensa, una especial atención al dibujo táctico y aprovechar pequeños detalles que deja librados al azar el rival. El sábado a las 13, Argentina se enfrentará a Bélgica que venció 2-1 a Estados Unidos, y habrá que ver si Pachorra decide hacer algunos ajustes en el equipo o si prefiere seguir dependiendo pura y exclusivamente del mejor jugador del mundo.

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