Por Irina Lavallena @iirinistica

1938 en Alta Gracia, el joven Ernesto Guevara atraviesa sus 10 años de prolongados momentos de encierro bajo la orden paterna a causa del diagnóstico de asma y la prohibición de realizar deporte. Es cuando el padre le enseña al niño a jugar ajedrez para lograr desviar su deseo de salir a jugar, disciplina que practicó hasta en sus últimos días en Bolivia.

El primer acercamiento que tuvo Guevara con un Gran Maestro fue al año siguiente, en Buenos Aires, donde se realizaron las 8º Olimpíadas de Ajedrez. En el torneo conoció al cubano José Raúl Capablanca -campeón del mundo entre 1921 y 1927- y pudo apreciar su última participación en la cual ganó el premio a mejor jugador, siendo el primer tablero de su equipo. Conoció a Capablanca. Conoció a Cuba.

Ernesto participó de la primera Olimpíada Universitaria en 1948, representando a la Facultad de Medicina, donde intervino en ajedrez y atletismo. Sin embargo, los registros de las partidas del joven Guevara en el ajedrez aparecieron en las olimpíadas del año siguiente. Fue séptimo tablero del equipo y ganó dos partidas que organizó el Club Argentino. En su primera victoria ganó, con piezas blancas, frente a un rival llamado Arola, de la facultad de Farmacia; así ayudó a su facultad a ganar por 6 a 1. Su segundo triunfo fue con negra contra Blázquez, aunque Medicina perdió ese match ante Ingeniería por 5 a 2.

También en 1949, pero en Mar del Plata, enfrentó al Gran Maestro polaco nacionalizado argentino, Miguel Najdorf. Con 21 años, Ernesto fue uno de los pocos que logró hacerle tabla -empatar- al gran ajedrecista de la memoria prodigiosa. “He venido a ganar o perder”, le respondió el joven Guevara a Najdorf, cuando ambos se volvieron a enfrentar en un torneo simultáneo en La Habana en 1962, cuando éste le propuso tabla en la jugada 12. La partida finalizó en la jugada 17 cuando nuevamente el Gran Maestro le sugirió empatar el juego a Ernesto, quien comprobó el equilibrio de las piezas y aceptó la división de la unidad. “Tan amante del ajedrez como de la libertad”, manifestó Najdorf años después de disputar tal torneo.

Además, ese mismo año, Ernesto, quien ya era conocido como el Che, fue uno de los máximos impulsores de la fundación del Torneo Capablanca in Memórian, todavía vigente en la actualidad. En la inauguración de la segunda edición, al año siguiente, el Che dijo: “En este momento de confrontaciones mundiales que se deben a sistemas ideológicos muy distintos, el ajedrez puede y es capaz de unir a personas de países con sistemas diferentes”.

También en 1962, mientras se producía la Crisis de Octubre, el Che Guevara en Pinar del Río le pidió a uno de sus oficiales que vaya hasta La Habana y traiga seis juegos de ajedrez de madera, ya que no sabían cuánto iba a durar la guerra contra Estados Unidos.

La contribución del Comandante en el impulso del ajedrez en la Cuba Revolucionaria fue reconocida en el 2000, a 33 años de la muerte de Ernesto Guevara. En el cierre de edición 35º del Capablanca in Memórian, el Gran Maestro cubano Silvino García anunció que a Ernesto se le había concedido el título de Caballero de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE).