Agustín Galluzzo @agusgalluzzo

“Con su potente mirada y fuerte discurso a sus compañeros le dará palabras de aliento al arquero para que sepa que ese día puede ser un héroe. Pero, quien quedará en la historia argentina como el superhéroe del equipo es él. Porque a todos les queda claro: él es el Jefe”.Con esa última palabra se titula su biografía, en la que Alfredo Ves Losada y Andrés Eliceche recuperan, de manera minuciosa, la historia de Javier Mascherano, un futbolista convertido en superhéroe, en su superhéroe, en Superman.

Mascherano nunca imaginó para su vida algo que no fuera el fútbol. Desde que era un niño apasionado del barrio de San Lorenzo en Santa Fé hasta el profesional que se convirtió en el jugador con más presencias en la Selección Argentina, con 143 partidos. “¿Usted sabe el hijo que tiene? No es normal la seriedad y la manera en la que se desvive por triunfar”, le dijeron a su padre, Oscar, cuando llegó a River para dar sus primeros pasos con apenas 13 años.

El argentino que juega en el Hebei Fortune de China confesó en “Jefe” su devoción por el fútbol y su escasa cantidad de amigos durante la niñez. “Casi no tenía amigos, únicamente me encerraba en casa a mirar partidos o alguna película de Superman”, expresó en las primeras páginas sobre su superhéroe favorito, al que parece haberle copiado sus mejores rasgos.

En ese ese laboratorio fantástico que comandaron José Pékerman y Hugo Tocalli en las selecciones juveniles, se gestó un jugador que, al igual que Superman, brillaría a través de su sacrificio y sus habilidades, las que pondría al servicio de causas sociales y nobles, y no para interés propio. A esto se referían los cazatalentos de River, a ese carácter altamente competitivo que lo llevó a creerse el único capaz de poder salvar al planeta, ese planeta que Mascherano también vio redondo y que habitualmente se conoce con el nombre de pelota. “La dedicación casi full time a la tarea, el lugar superior en el que lo pone el resto de la humanidad, la capacidad de hacer cosas que muy pocos hacen y su mirada hacia los rivales como si fuesen enemigos son rasgos que podrían asemejarse a Superman”, aseguró Ignacio Alcuri, un periodista uruguayo que escribe críticas cinematográficas, literarias y sobre cómics en su blog “Multiverseros”.

Así como Superman, casi siempre vestido de azul y rojo, supo adaptarse a Kirk Alyn, Christopher Reeves y Brandon Routh, entre otros actores que llevaron su traje, el “Jefecito” tuvo también que reinventarse, con un atuendo de colores similares, ante los pedidos de Pep GuardiolaGerardo MartinoLuis Enrique y demás entrenadores que lo dirigieron en el Barcelona. Pasó de mediocampista a defensor central, de héroe en un lugar a héroe en otro.

Andrea Letamendi, como Clark Kent, tiene un trabajo “normal” durante el día. Es una psicóloga clínica ecuatoriana que trabaja en la Universidad de California, Estados Unidos, pero que, durante su tiempo libre y como buena fanática de los cómics, se convierte en la psicóloga de los superhéroes. “Superman perdió a su padre, sufrió la sobreexposición como si fuese el futbolista más famoso del mundo. Difícil encontrar una ilustración de trauma más clara”, sentenció la profesional que creó “Underthemask”, el sitio web en el que analiza a cada uno de los personajes de los cómics.

“Curarlos o no curarlos, esa es la cuestión”, propone Letamendi en una discordia entre su amor por los cómics y su amor por la profesión. ¿Qué pasaría si Mascherano o cualquier superhéroe contara con una profesional que lo convenciera de que lo mejor es alejarse de lo que lo hace sufrir? Si el argentino es un “soldado que va directo a morir”, un jugador que sufre el fútbol, ¿dejaría el deporte ante una consulta con una psicóloga? Por suerte, “Masche” no tiene sesión pactada hasta después del Mundial de Rusia. Afortunadamente no habrá ninguna kryptonita que debilite el sueño de gloria de este Superman argentino.