Santiago Carrodeguas

Sonó la bocina y creció la desilusión. Los sueños Olímpicos de estas cuatro jovenes iraníes, que nacieron al despegar desde Teherán para jugar al básquet 3×3, se desplomaron en Buenos Aires. Humilladas por 0 a 22 en su debut frente a Hungría, no pudieron ganar un solo partido. A la salida del estadio una lloró bajo su hiyab, una tela blanca que les cubría todo el cuerpo menos la cara y las manos, mientras se alejaban tan desconocidas y solas como a su llegada.

Su desempeño fue ignorado por el Comité Olímpico de su país, que no incluye en su salón de la fama a ninguna deportista. De no ser por un mandato del libro sagrado del islam, el corán, que remarca: “Los musulmanes tienen que saber montar caballos, tirar y nadar”, no se les hubiera permitido viajar y esas lagrimas inundarían sus rostros por distintos motivos.

Todavía recordaban lo que le ocurrió a Niloufar Ardalan, capitana del seleccionado de futsal, que se perdió la Copa de Asia en 2015 porque su marido no la dejó viajar. Luego de que sus compañeras se quedaran con el torneo mostrando un gran nivel, Mojtabi Shafiri, dirigente de la Asociación de Fútbol Iraní, acusó un supuesto fraude por la supuesta presencia de ocho hombres en el plantel. La Confederación Asiática de Fútbol no desmintió ni afirmó nada, aunque muchos medios nacionales e internacionales lo dieron como un hecho.

El caso de Ardalan ayuda a comprender el significado de ser mujer en el antiguo Imperio Persa, que implica, sobre todo, asumir que las decisiones las tomará un hombre, ya sea el padre o el marido. La homosexualidad no se considera una opción válida si se quiere permanecer con vida.

Además de limitar la práctica deportiva en las mujeres, la Revolución Islámica de 1979 prohibió su concurrencia a competencias masculinas. Con el paso de los años, las ideas arcaicas del régimen conservador se fueron quemando. Finalmente, un 16 de octubre de 2018, ellas volvieron a presenciar un partido. Las estadísticas dirán que fue un amistoso en el que los dirigidos por Carlos Queiroz vencieron 2 a 1 a Bolivia en Teherán. No obstante, esta vez no importaron los goles, sino que en las tribunas del estadio Azadi (libertad), y a más de 10.000 kilómetros de Buenos Aires, otra mujer lloró bajo su hiyab.