sábado, mayo 25, 2024

Gabriel Gómez y su rol social en Panamá

Matías Elicegui

La infancia de Gabriel Gómez no fue nada sencilla. Luego de perder a su madre a los seis años, tuvo que salir a recolectar botellas de plástico por la calle para poder pagar el boleto de colectivo e ir a la escuela. Su padre, quien había quedado a cargo de sus cuatro hermanos, no podía costearlo. De pequeño pasaba la mayor parte de su tiempo libre jugando en las inferiores de San Miguelito, club de la capital panameña. Allí fue visto por un empresario que, con el previo permiso de su padre, se lo llevó a jugar a Colombia con 15 años. Gómez le prometió a su padre que no volvería con las manos vacías de allí y que lo invitaría a ver algún partido suyo cuando llegara a un club importante.

Su trayectoria futbolística en el fútbol colombiano fue muy amplia, ya que se mantuvo allí durante cinco años en clubes como La Equidad, Deportivo Pasto, Deportivo Pereira e Independiente Santa Fe; aunque fueron interrumpidos por sus breves cesiones al Tauro y a San Francisco de su país.

En el año 2007 fue traspasado al Belenenses de Portugal y, como le había prometido a su padre, le pagó un pasaje a Europa para que lo visitara. Sin embargo, le dijo que le tenía fobia a los vuelos y que no podía viajar, pero le aseguró a su hijo que cuando regresara a la liga panameña lo acompañaría a todos los partidos. Cuatro años más tarde, Gómez debió volver a tierras centroamericanas, pero la historia ya era diferente. Su padre se enfermó de cáncer y falleció en 2013, por lo que la vuelta del mediocampista a la liga local fue demasiado tarde para cumplirle el deseo de verlo en el césped desde la tribuna.

Por otra parte, el futbolista de Atlético Bucaramanga es uno de los históricos de su Selección, con la que tuvo su primera participación en la Copa de Naciones UNCAF, hace ya 15 años. Además, es el hombre con más partidos en la historia de “Los Caneleros”, con 143 actuaciones. Este año jugará su primer y último Mundial, ya que anunció que tras la participación de su equipo en Rusia se retirará del combinado panameño. Junto a Felipe Baloy y a Juan Ramón Solís, ambos compañeros y amigos suyos del combinado nacional, cumple una labor social muy importante. En 2004, los tres jugadores fundaron una escuela de fútbol en su país a la que asisten niños de barrios carenciados, donde aprenden los valores del deporte y se les da una beca deportiva, que pagan los futbolistas, para mejorar su calidad de vida y progresar tanto deportiva como académicamente.

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