Matías Chiacchio

Las personas nacen con un sexo biológico establecido, pero algunos durante su vida se sienten identificados con el género opuesto, por eso recurren a los endocrinólogos (médicos especialistas en las glándulas hormonales del ser humano) para realizase distintos tipos de estudios y transformarse en la persona con la que tienen una identidad, a través de técnicas invasivas (distintas cirugías) o no invasivas (medicamentos vía oral o intravenoso). Además, dentro de esta rama de la medicina hormonal se analiza la mente de las personas con la neuroendocrinología, para ver las arquitecturas hormonales del “sexo biológico” que existen dentro del cerebro, durante el proceso de transformación.

El período de cambio es lento y depende del organismo de cada paciente, pero, mayormente, los hombres que se sienten mujeres (mujeres transexuales) muestran las primeras modificaciones corporales a los tres meses de tratamiento; en cambio las mujeres que se sienten hombres (hombres transexuales) lo hacen un tiempo después. En ambos puede durar entre cuatro y cinco años para que sea, completamente, lo que sienten. “Lo que hacemos es un proceso de hormonización que significa cruzar las hormonas del género percibido, con el recibido al nacer y casi siempre arrancamos con el que perciben. En el caso de los varones transexuales, se les dará testosterona, hormona masculina, y si es una mujer se le darán estrógenos que es la femenina. Generalmente, a algunas personas se les da un antiandrógeno (antihormona), para evitar que la dosis de estrógeno sea demasiado alta y afecte a este proceso”, dice Cecilia Calvar, vocal titular de la Federación de Endocrinología Argentina y jefa de endocrinología en el Hospital Fernández, uno de los centros más importantes junto al del Hospital Durand.

Durante este proceso los médicos apoyan a sus pacientes, a través de “El enfoque despatologizador”, que consiste en decir que las personas que se sienten identificadas con otro género no están enfermas psicológicamente, como decían, hasta la implementación de la Ley de Identidad de Género (26.742), los manuales de sexología y psicología. “A estas personas las ayudamos cuando dicen que tienen un problema mental, porque no están felices con su situación corporal y genital, y más si los ofenden de esa manera”, dice Calvar. Por otro lado, Lucia Ciccia, bioquímica y neuroendocrinóloga, analiza: “Algunas personas quieren construir un sexo ideal que está determinado con cuestiones genéticas, hormonales, anatomía genital y la arquitectura cerebral. Nadie cumple con esto y, socialmente, nos obligan a ajustarnos a este pensamiento”.

A las personas transexuales las observan desde distintos puntos de la medicina. La neuroendocrinología se basa en analizar las hormonas en el cerebro de las personas, para determinar por qué su identidad cambió y buscar las arquitecturas en el cerebro del sexo opuesto al que tienen una identidad. “No hay estudios de este estilo, pero sí lo hacen en animales y ahí no podés ver la identidad de género porque son conceptos humanos. Se los ve en la vida adulta si tienen arquitecturas del género biológico y la cantidad de testosterona que hay en el estadio setal, para evaluar si se feminizó o masculinizó de manera opuesta a los genitales. Esos estudios, que son pocos, los hacen con un grupo reducido de personas, por eso no es un muestreo fiable porque no hay más de 30 personas. No es representativo”, dice Ciccia.

Las hormonas integran las funciones sexuales del cuerpo y son reguladas por el Eje de Hipotálamo-Hipofisario (regulan y equilibra los niveles hormonales del cuerpo). Cada una cumple una función distinta: el hipotálamo elimina hormonas y la hipófisis las libera para actuar sobre los órganos genitales del hombre y de la mujer (ovarios y testículos). Además, la hipófisis “se estimula” con la hormona que libera gonadotrofina para fabricar testosterona (interventor y regulador de los procesos de reproducción). En las personas transexuales, incluso en los púberes menores de 16 años, se les pone un inhibidor de gonadotrofina para que el sexo establecido al nacer no se desarrolle. Estas hormonas también forman parte del cerebro, a pesar de la cantidad de testosterona que tenga cada persona.

“El hombre tiene mucha más testosterona que la mujer. Esa diferencia, según la neurociencia, hace que el cerebro se divida en dos formas, en uno femenino y otro masculino, por eso lo define de acuerdo a los dos niveles: si una mujer tiene más testosterona, tiene el cerebro masculinizado y por eso tendría atracción con personas del mismo sexo del identificado al nacer, pero es una mirada biologísta a la que no estoy de acuerdo. Para la endocrinología hay una cosa bilógica para definir la identidad de género: La cantidad de testosterona. Se plantea que nuestras conductas están determinadas al nacer y si una persona se siente de otro género, la neurociencia dice que es un cerebro feminizado o masculinizado porque tuvo menores o más niveles de testosterona”, dice la bioquímica. Además cree que no se puede hacer un estudio para evaluar la cantidad de testosterona a un bebé y luego hacérselo en la vida adulta para evaluar los cambios en las arquitecturas cerebrales. “No sería ético y muy invasivo”, concluye.