domingo, enero 18, 2026

De la Patagonia a Buenos Aires: el desarraigo de los chicos por ser futbolistas

Por Ramiro Payero

Año tras año, desde la Patagonia argentina, desembarcan futuros talentos futbolísticos en las inferiores de los clubes porteños de la primera división. Jóvenes de entre 12 y 16 años que abandonan su casa, su familia y sus amigos para ir en busca de su sueño: ser jugador de fútbol profesional. Chicos que recién terminan el colegio primario toman vuelo para abandonar su nido y arribar a Buenos Aires, la capital del país, donde los rostros son desconocidos. Después de tomar la difícil decisión y animarse a ir a jugar al fútbol a más de mil kilómetros de su hogar, los adolescentes patagónicos llegan a la pensión del club donde no conocen a nadie y las personas ya no les son familiares.

En su lugar natal conocen a la mayoría de las personas. Si no son amigos o familiares, son compañeros del colegio, del club o de inglés, ya que no existen las grandes ciudades como Buenos Aires o Rosario. Si bien hay algunas que tienen un poco más de 100 mil habitantes como Trelew, Puerto Madryn y Bariloche, sigue ocurriendo esa cosa de pueblo que es saludar a las personas que son caras familiares. El proceso de adaptación, a estos jóvenes futbolistas, les puede llevar semanas, meses o hasta años, si el chico es muy apegado. “Sí, un montón de veces me pasó de querer volverme a Madryn, y me sigue pasando todavía. Las ganas de volver siempre están, aunque sea por unos días. Por suerte siempre tuve una contención muy grande por parte de mi familia, mis amigos y los psicólogos de Banfield y River en su momento. Me ayudaban a reflexionar, a entender dónde estaba y por qué estaba ahí. Por suerte, me tocó gente que me supo contener”, confiesa Lucas Davies, jugador de Presidente Hayes, club de la tercera división de Paraguay. Entre los años 2017 y 2024 jugó en las inferiores de River Plate y Banfield, viviendo en las pensiones de estos equipos durante más de siete años. Cuatro en la del Millonario y tres en la del Taladro.

Lucas Davies en Banfield
Lucas Davies en Banfield

A partir de que llegan a los clubes de Buenos Aires, sus compañeros son con los que van a compartir el día a día; son su nueva familia. Otro palo en la rueda es el extrañar. Con el paso del tiempo, estos futbolistas patagónicos tienen más ganas de volver a encontrarse con su familia y amigos. Es algo que empieza a jugar en contra si no pueden manejarlo, deben ser mentalmente fuertes para que no se convierta en una complicación.

Una vez que ya pudieron integrarse al grupo y a la pensión, los jugadores se dan cuenta de que lo que les pasa es algo común en este hábitat de jóvenes futbolistas. Que hay otros chicos en la misma y se apoyan entre ellos. Davies cuenta que le sucedió esta situación y fue un gran sostén el saber que no era el único que sufría por estar lejos de su familia. La adaptación a Buenos Aires le llevó casi dos años y algunos momentos en los que quería volver, como cuando sufría lesiones y tenía más tiempo libre de lo habitual, pero siempre tuvo compañeros que lo apoyaron.

Existen casos de jóvenes que no se han logrado amoldar a las pensiones de sus nuevos clubes y terminaron volviendo a su ciudad. Hernán Lamberti, exjugador y coordinador de las inferiores de Platense, revela que les pasó que un chico del club que se quería ir había tomado la decisión de volver a su ciudad. “Detectamos que algo pasaba cuando primero faltó a un entrenamiento y al fin de semana siguiente llegó tarde a un partido. Un chico que venía jugando de titular. Hablamos con él y nos contó que de un día para otro ya no quería más esta vida para él. En ese momento empezamos a trabajar en conjunto con la familia y la psiquiatra del club. Indagando en qué era lo que pasaba, el chico nos contó que era por un problema con el estudio que lo estaba haciendo virtual y que sentía que no tenía una vida social acorde a la de un chico de su edad. Entonces, en un acompañamiento entre todos, le dimos unos días de descanso para que pueda acomodar sus cosas”, reveló el ex capitán del Calamar.

A algunas personas se les hace mucho más fácil y rápido el proceso de adaptación. Santino López, oriundo de Chubut y jugador de la reserva de Gimnasia y Esgrima La Plata, dice que no le fue difícil adaptarse a vivir en La Plata. “Lo que más me costó fue irme de mi casa, alejarme de mi familia de tan chico, a los 14 años”, dice López. El madrynense de diecinueve años llegó a la pensión del Lobo en 2022 luego de haber estado seis años en J.J. Moreno de Puerto Madryn. Otra cosa que reveló el surgido en el Naranja es que nunca se le pasó por la cabeza querer volver a su ciudad natal, ya que irse en busca de seguir su sueño fue por lo que más luchó en su vida. El hecho de estar en la pensión le facilitó el proceso de adaptación al madrynense, ya que dice que lo recibieron muy bien y se acompañan mucho entre todos los chicos.

Para llegar a la oportunidad de tener el lugar en las inferiores de un equipo de Primera de Buenos Aires, los chicos sureños vienen de criar su fútbol en clubes como Alianza Fontana Oeste de Madryn, J.J. Moreno o Deportivo La Ribera de Trelew. Clubes de barrio donde la mayoría de las canchas son de tierra. Provienen del potrero patagónico, un potrero distinto, con canchas duras, de tierra seca y firme debido al clima que hay en la región. Futbolistas reconocidos como Marcos Acuña, Carlos Izquierdoz o Cristian Lema han surgido de clubes del sur de nuestro país y atravesaron todo este desarraigo. Ian Subiabre de River, Juan Cruz Payal de Boca y Luka Andrade del City Football Group y jugando para Montevideo City Torque son algunas de las actuales joyas descubiertas en la Patagonia.

Santino López festejando un gol ante Talleres
Santino López festejando un gol ante Talleres

Guillermo Brown de Puerto Madryn, CAI de Comodoro Rivadavia, Deportivo Madryn y Racing de Trelew son algunos de los clubes que, por lo general, se encargan de hacer los contactos con los equipos de Primera para que sus futbolistas puedan desembarcar en sus inferiores. Una vez que los clubes van a recibir al nuevo futbolista, las instituciones patagónicas son las que ayudan a los chicos a realizar todos los trámites necesarios para llegar al lugar tan deseado en el que comenzarán la verdadera lucha por cumplir el sueño. “Los chicos que llegan del sur nos los ofrecen contactos y allegados que tenemos en los clubes patagónicos”, revela Lamberti, el coordinador de las inferiores de Platense.

Al momento de llegar a la pensión, la vida del chico que viene desde la Patagonia cambia. En sus clubes oriundos, no pasaban más de tres horas por día en el predio. En la pensión duermen y se despiertan allí. López y Davies contaron cómo y cuáles eran sus rutinas en las pensiones de Gimnasia, River y Banfield y coinciden: se levantan temprano para ir a entrenar, al mediodía frenan para almorzar, van para el colegio y después vuelven a la pensión para descansar. Algunos días, al regresar del colegio, no pueden relajarse, ya que a veces les toca entrenar doble turno. Los días que entrenan solo a la mañana, cuando vuelven a la pensión aprovechan para hacer las tareas que tengan de la escuela o buscan actividades para despejarse y descontracturar por un rato. Luego cenan alrededor de las 21 para después acostarse entre las 22 y 23. Los días de partido la rutina cambia. Se despiertan más temprano que en los días de semana, desayunan y se quedan en el vestuario hasta que llegue el horario de salir a calentar con los movimientos precompetitivos. Después del partido suelen quedarse viendo los encuentros de las otras categorías, tomando mate y charlando entre ellos.

No todos pueden soportar la rutina. Los chicos que no logran tomar el ritmo y quedan libres de los clubes vuelven a sus casas o aprovechan la estadía en Buenos Aires para estudiar o trabajar. Juan Manuel Aguirre, futbolista trelewense surgido de J.J. Moreno, llegó a las inferiores de San Lorenzo a sus 15 años, club en el que jugó hasta febrero de 2023. Luego de su paso por el Ciclón, llegó a Defensa y Justicia, donde en noviembre de ese año se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha. Al mes siguiente, el Halcón optó por dejarlo libre, ya que no quiso hacerse cargo del tratamiento. Con 18 años ya cumplidos, el nacido en Trelew, Chubut, se quedó en Buenos Aires trabajando como bachero y, algunos días, de mozo en un bar de Recoleta. Hasta que, en 2024, comenzó a estudiar la carrera de Diseño Multimedial en la Escuela de Arte Multimedial Da Vinci. Hoy, Aguirre, con veintiún años, se encuentra cursando el segundo año de la carrera y jugando al fútbol los fines de semana con sus amigos en TDEA (Torneo de Amigos), torneo amateur organizado en la ciudad porteña. “El momento en el que me dijeron que quedaba libre de Defensa fue muy duro; venía de sufrir una lesión gravísima un mes atrás. Fue totalmente inesperado”, dijo el chubutense.

Al estar lejos de la familia, los chicos llegados de la Patagonia se deben apoyar en psicólogos y sus compañeros. “Tengan paciencia, que se busquen un grupo de contención dentro de la pensión o de amigos que lo ayuden. Que piensen todo en frío, nada en caliente, porque en caliente podés llegar a tomar decisiones que después se van a arrepentir, como volver a su ciudad y tirar a la basura todo el esfuerzo que hicieron”, da como consejo Davies para los chicos que están prontos a vivir esto de mudarse a Buenos Aires a jugar al fútbol. La dura experiencia de abandonar su familia, sus amigos y su casa a tan temprana edad con la meta, la ambición y el sueño de ser futbolista profesional.

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