Triunfar en el tenis no sólo depende de las condiciones técnicas de cada jugador, sino también de  las posibilidades económicas para poder afrontar una carrera costosa. El Equipo charló con varios tenistas argentinos para conocer sus historias y saber cómo financian ese sueño que les permita vivir de lo que tanto les gusta. 

El sueño de muchos, pero el privilegio de unos pocos

Rodrigo Ayrton Aguirre y Tomás Bottero

28 DE MARZO DE 2018

El camino es sinuoso y los avances son efímeros. Muchos jugadores comienzan su travesía de vivir de este deporte y, en consecuencia, resignan, entre otras cosas, cumpleaños y encuentros con amigos con el fin de poder llegar a su objetivo.

Sin embargo, la principal piedra que les estorba el trayecto es la financiera. Para poder competir, los tenistas deben viajar por todo el mundo buscando sumar los puntos que los conduzcan al Top-100 del escalafón mundial, donde sólo unos pocos jugadores logran llevarse alguna moneda al bolsillo. Tanto es así que Nicolás Kicker, actual 97 del mundo*, sufrió un cambio en su economía recién a fines del año anterior, puesto que consiguió el ranking necesario para disputar certámenes ATP y no tener que viajar de Challenger en Challenger. A pesar de eso, comenta: "Hace tres temporadas, cuando jugaba Futures, iba a los torneos con la máquina de encordar y paraba en los "dormis" que costaban 80 pesos. Si bien te morías de frío no había otra opción para no salir perdiendo plata".

El común denominador de las respuestas de los tenistas nacionales es que lo que más los perjudica es la distancia que hay entre Argentina y Europa, situación que afecta directamente en el costo de los tickets aéreos. De ese modo, deben calcular entre 600 y 1200 dólares si es que optan por la clase turista. No obstante, algunos intentan realizar giras con sus entrenadores e incluso con preparador físico, hecho que aumenta los números a la hora de planificar el viaje.

En cuanto al hospedaje, la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) impulsó una mejora en ese sentido dado que los Challengers deben proporcionar, en la mayoría de los casos, alojamiento gratuito para los que ocupan un lugar en el cuadro principal. Es por eso que entrar de manera directa a un evento es vital para los jugadores. "Jugar la clasificación de un Challenger es todo un riesgo porque si no la pasas no ganas plata. Incluso, terminas perdiendo. Soy un pibe que me gano el mango día a día y si no entro prefiero quedarme entrenando en mi casa", asevera el cordobés Facundo Argüello (277º en el ranking al 6 de noviembre pasado)

Asimismo, los tenistas no tienen un sueldo asegurado, lo que los obliga a contar el dinero cada semana y, en consecuencia, planificar de ese mismo modo su cronograma de torneos a jugar. Hernán Casanova, bonaerense de 23 años y 325 del mundo, explica: "Cuando jugas un Future -torneo ITF, los de nivel más bajo en el circuito- tenés que llegar a si o si a la final para poder ganar algo de plata. Y en los Challengers dependiendo de dónde juegues con una segunda ronda te llevas unos pesos para el bolsillo. De todos modos, se hace muy difícil".

Varios tenistas tienen la seguridad de un sponsor que los apoya durante su carrera. Sin embargo, salvo casos específicos, la ayuda que reciben los argentinos por parte de las empresas es únicamente de indumentaria, raquetas o suplementos deportivos para utilizar en los entrenamientos y a la hora de ir a disputar las competencias. Federico Delbonis, pieza fundamental en el equipo argentino que se consagró campeón de la Copa Davis en 2016, sentencia: "No tengo un sponsor que me pague todo. La plata sale pura y exclusivamente de mi bolsillo. Por año tengo estipulado un gasto de 100.000 dólares entre pasajes, hoteles y entrenadores. Si juego todos los Grand Slam salgo arriba sin problemas, pero para eso es necesario estar dentro de los 90 mejores del mundo".

Un caso similar es el del marplatense Horacio Zeballos, quien ostenta la posición Nº 64 del ranking. "Los sponsors que tengo no me ayudan con los gastos diarios. Por suerte, después de jugar durante muchos años, tengo la posibilidad de viajar con mi entrenador y, en ciertas ocasiones, con mi mujer y mi hija. Cuando vamos los cuatro calculo alrededor de 5.000 dólares solamente en pasajes", detalla.

Por último, el rosarino Renzo Olivo (143º) resalta que "en el 2016 tuve un gran ingreso de dinero, lo que me ayudó a invertir esta temporada más en mi equipo de trabajo. Si bien los resultados no fueron los mejores, jugué tres Grand Slam (Australia, Roland Garros y Wimbledon) lo que me dio un colchón para el resto del año y para el que viene. Si bien no tengo manteca para tirar al techo, estoy atravesando un buen momento económico".

Vivir del tenis de manera holgada es un sueño que los jugadores tienen en sus comienzos, pero que, lamentablemente, no muchos pueden conseguir. Mientras tanto, los argentinos seguirán peleándola para lograr ingresar a ese lote exclusivo al que todos desean llegar.

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