Los tenistas que de chicos ganan siempre, muchas veces tienen problemas para tener éxito como profesionales y muchos de los grandes tenistas de hoy, como Juniors no pudieron brillar. 

Del circuito Junior a la consolidación: el salto no es para cualquiera

Joaquín Arias

28 DE MARZO DE 2018

Hay un triunfo del cual Eduardo Schwank puede jactarse pero que Novak Djokovic y Andy Murray no: haber alcanzado la posición número 2 en el ranking mundial Junior. En sintonía con el rosarino, abundan los apellidos que, a priori, asomaban como verdaderas promesas pero que luego sus andares como profesionales fueron marcados por la irregularidad. En menor medida, hay raquetas que lograron brillar en la elite profesional sin haber dado indicios en su etapa juvenil. El salto del circuito Junior al profesionalismo es tan complejo como imprevisible. En un juego con dinámica tan cambiante, resulta una tarea casi imposible lograr pronosticar qué carreras serán exitosas y cuáles no.

El tenis es un deporte psicológico por excelencia. Los altibajos y las frustraciones conviven con los jugadores y, por ende, sus mentalidades juegan un papel preponderante. El talento puede quedar rezagado en caso de que no haya una cabeza y un estado físico que lo respalde. En consecuencia, muchas veces el primer rival dentro y fuera de los márgenes de juego es uno mismo. Un caso ilustrativo en la actualidad es el australiano Nick Kyrgios, número 14 del ranking mundial con solamente 21 años. En caso de que su disciplina hubiera sido la adecuada, ¿estaríamos en presencia de un jugador top 10 consolidado? De no mejorar su conducta en el futuro, ¿se verán inhibidos su rendimiento y sus logros por continuas sanciones?

"Intenté dar un giro a mi carrera en 2001, después de perder con Franco Squillari en el torneo de Hamburgo. Estaba tan enojado que perdí ese partido. Tuve una pésima actitud, había hecho muchas cosas mal, sobre todo en el match point. Miré a dónde había ido la volea y me pregunté qué diablos estaba pasando en ese momento. Él estaba pegado a la lona de fondo intentando tirar un 'passing shot' y yo no pude volear bien. Me agarró tal enojo que estrellé la raqueta. En ese momento sentí que era suficiente, que no podía seguir jugando con esa actitud. Entonces fue un momento de cambio de actitud en mi carrera", explicaba un Roger Federer veinteañero y desequilibrado aún, subrayando la importancia que tiene la disciplina. ¿Habría sido el mismo que tantas almas ha cautivado en caso de no haber hecho aquel giro de 180 grados en su actitud?

En el circuito ATP la exposición es ampliamente superior a la de las fases previas. Para muchos de los jóvenes recién incursionados en los primeros torneos la fama es algo nuevo y lidiar con ella no es sencillo. Por tal motivo, el buen asesoramiento es vital para poder mantener el cable a tierra. En caso contrario o en su ausencia, puede reinar la confusión y las falsas expectativas, y el primer tropiezo puede significar una caída abrupta. Cargar con el rótulo de "tenista con gran proyección" puede ser recibido de dos modos: como un desafío para reflejarlo dentro de la cancha o como una mochila muy pesada.

Dos ejemplos: Gael Monfils, número 1 del ranking Junior concluido 2005 (Murray concluyó décimo aquella temporada por detrás de, por ejemplo, Pablo Andújar, Lukas Lacko o Woong Sun Jun); Dominic Thiem, segundo escalón en 2011. El galo y el austríaco se acostumbraron a figurar en los primeros planos. En las categorías juveniles, y en el circuito profesional también. Sus situaciones distan mucho del caso Donald Young. El estadounidense llegó a liderar el ranking mundial Junior con tan sólo 16 años de edad. Dos años más tarde, a la edad de 18, abrazó la gloria en el All England de Wimbledon (edad límite para disputar un torneo Junior). El zurdo de hoy 27 años no ha alzado trofeo ATP alguno aún, no ha superado la cuarta ronda de Grand Slam en treinta apariciones y su mejor ranking, puesto 38.

Junio de 2010 daba sus primeros pasos y el correntino Agustín Velotti vencía a su compatriota y amigo Andrea Collarini para adjudicarse Roland Garros Junior. Diego Schwartzman, de su misma camada (1992), siquiera integraba el cuadro principal de la competencia. Se encontraba muy por debajo de ellos en el ranking, incluso de otras raquetas criollas, caso Renzo Olivo o Facundo Argüello. Hoy, Peque es un top 100 acreditado y con un título ATP en el bolsillo. Los finalistas de aquella edición junior del Grand Slam Francés no conocen aún lo que es figurar entre los 165 primeros del ranking ATP. Tampoco han disputado una primera ronda de alguno de los cuatro torneos grandes. Sin ir más lejos, Novak Djokovic jamás superó el peldaño 24 en Juniors y lo que aconteció después ya se conoce a la perfección.

Existe un sinfín de casos ilustrativos. Muchos de ellos ponen de manifiesto que no existe en absoluto una correlación entre el desempeño juvenil y el profesional; para mejor y para peor. En otros, los resultados Juniors se condicen con los obtenidos profesionalmente. La presión y las etiquetas pesan toneladas para algunos. Para otros no tanto. El último gran salto es para una minoría. Definitivamente.

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