Con 19 años, es el mejor jugador joven de Rusia 2018: el planeta fue a ver a Lionel Messi y a Cristiano Ronaldo pero se encontró con Kylian Mbappé.

Mbappé, preparado para heredar el trono mundial

Joaquín Arias

28 DE MARZO DE 2018

Sus rostros, eminentes, resplandecían en cartelera una vez más. Por tercera ocasión consecutiva eran las llaves de seducción más poderosas para que el mundo pusiera los ojos en una película en la que ambos asomaban como protagonistas estelares. Sin embargo, el fútbol, como el cine, en ocasiones ofrece una trama menos esperada, con personajes que irrumpen para derrumbar a los gigantes y romper con lo previsto.
El planeta fue a ver a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo pero se encontró con Kylian Mbappé. Con Luka Modric, balón de oro, y Eden Hazard también, claro. Sucede que el parisino rindió una tesis con 19 años y medio cuando recién se trataba de uno de sus primeros finales. Y, para ello, su carácter fue un activo que cotizó aún más que sus aptitudes técnicas. Porque para enfrentar al último subcampeón del mundo y eclipsar la inmensidad de Messi primero hay que proponérselo y, luego, tener una enorme fortaleza mental para conseguirlo. Porque para no dejar de pedir la pelota, picar al vacío en cada jugada y saberse la mayor amenaza de la selección campeona del mundo -pese a que por momentos el fútbol no fluya- requiere de una cabeza excepcional.
El mejor jugador joven de Rusia 2018, dueño de un desparpajo tan grande como su habilidad en velocidades supersónicas, encaja a la perfección en un fútbol actual en el que triunfan los equipos que se adaptan tanto a tomar la iniciativa como a golpear desde el contraataque. Su potencia es clave en la primera faceta y letal en la segunda.
Al igual que un Pelé de 17 años en 1958 y que Thierry Henry de 19 hace dos décadas, cuando él todavía estaba en la panza de su mamá Fayza, una Copa del Mundo puede catapultar hasta alturas estratosféricas a este delantero que, con la Telstar 18 en sus pies, generó que espectadores de los cinco continentes quitaran la espalda del respaldo del sillón y clavaran las retinas en la pantalla porque entendían que el peligro era inminente.
Sería aventurado hablar de un cambio de era en el fútbol, aunque un calvo galo y un delgado croata pusieron en jaque el Balón de Oro por primera vez desde 2008. Mbappé desembarcó en Rusia para insinuarse como el recolector de un testimonio que Messi y Ronaldo de a poco irán cediendo. El tiempo determinará si Rusia 2018 fue un punto de inflexión en el trono de la pelota o simplemente un cambio de aire fugaz. Eso sí, un chico que todavía no cumplió las dos décadas demostró estar preparado. Muy preparado.

Sus rostros, eminentes, resplandecían en cartelera una vez más. Por tercera ocasión consecutiva eran las llaves de seducción más poderosas para que el mundo pusiera los ojos en una película en la que ambos asomaban como protagonistas estelares. Sin embargo, el fútbol, como el cine, en ocasiones ofrece una trama menos esperada, con personajes que irrumpen para derrumbar a los gigantes y romper con lo previsto.

El planeta fue a ver a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo pero se encontró con Kylian Mbappé. Con Luka Modric, balón de oro, y Eden Hazard también, claro. Sucede que el parisino rindió una tesis con 19 años y medio cuando recién se trataba de uno de sus primeros finales. Y, para ello, su carácter fue un activo que cotizó aún más que sus aptitudes técnicas. Porque para enfrentar al último subcampeón del mundo y eclipsar la inmensidad de Messi primero hay que proponérselo y, luego, tener una enorme fortaleza mental para conseguirlo. Porque para no dejar de pedir la pelota, picar al vacío en cada jugada y saberse la mayor amenaza de la selección campeona del mundo -pese a que por momentos el fútbol no fluya- requiere de una cabeza excepcional.

El mejor jugador joven de Rusia 2018, dueño de un desparpajo tan grande como su habilidad en velocidades supersónicas, encaja a la perfección en un fútbol actual en el que triunfan los equipos que se adaptan tanto a tomar la iniciativa como a golpear desde el contraataque. Su potencia es clave en la primera faceta y letal en la segunda.

Al igual que un Pelé de 17 años en 1958 y que Thierry Henry de 19 hace dos décadas, cuando él todavía estaba en la panza de su mamá Fayza, una Copa del Mundo puede catapultar hasta alturas estratosféricas a este delantero que, con la Telstar 18 en sus pies, generó que espectadores de los cinco continentes quitaran la espalda del respaldo del sillón y clavaran las retinas en la pantalla porque entendían que el peligro era inminente.

Sería aventurado hablar de un cambio de era en el fútbol, aunque un calvo galo y un delgado croata pusieron en jaque el Balón de Oro por primera vez desde 2008. Mbappé desembarcó en Rusia para insinuarse como el recolector de un testimonio que Messi y Ronaldo de a poco irán cediendo. El tiempo determinará si Rusia 2018 fue un punto de inflexión en el trono de la pelota o simplemente un cambio de aire fugaz. Eso sí, un chico que todavía no cumplió las dos décadas demostró estar preparado. Muy preparado.

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