Durante todo el mundial fueron los Diablos Rojos, pero ese mote cambió luego del triunfo frente a Brasil en el Kazan Arena.

Los Dukes de Hazard

Tomás Grasso

28 DE MARZO DE 2018

El mote de los Diablos Rojos se le atribuye a la Selección de Bélgica desde el Mundial de México en 1986. En esa copa habían superado pruebas muy duras: en octavos de final le ganaron a la Unión Soviética y en cuartos a la poderosa España, comandada por Butragueño. Pero enfrentaron en semifinales a un eclipse demasiado poderoso para no cegarlos: la Argentina de Maradona. Aun así los famosos Red Devils dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva.
Ese apodo parecía quedar un poco anticuado para una selección que no contó en las décadas siguientes con los resultados deportivos para llevarlo, pero el arribo de esta nueva camada de jugadores revivió la historia de ese seudónimo y el equipo actual se lo volvió a ganar por talento y carácter. Luego de la victoria frente a Brasil en el Kazan Arena, que los volvió a depositar en una semifinal mundialista por primera vez desde aquella proeza del 86, ese alias vuelve a tambalear, aunque en esta ocasión no por la imposibilidad de lograr hazañas, sino por la aparición de uno nuevo. Los Dukes de Hazard.
Al partido de Eden Hazard, el extremo del Chelsea inglés, hay que dividirlo en dos partes. Un primer tiempo en el que le hizo sentir a la Canarinha la falta de Casemiro, su pilar, que fue suspendido por acumulación de amarillas. Se encargó de los contraataques y ocupó de maravilla los espacios que dejaba su rival cada vez que sus laterales pasaban. Y en una segunda mitad donde la verdeamarela, por la lógica necesidad de empatarlo, los arrinconó sobre el arco de Thibaut Courtois, se apoderó de la pelota en los momentos donde nadie quiere tenerla, en los momentos donde la redonda quema.
A los 27 años, en la edad donde los deportistas llegan a su esplendor, el belga tuvo el encuentro que le faltaba para posicionarse como uno de los mejores jugadores del mundo nada más ni nada menos que frente a Brasil, en marco de los cuartos de final de una Copa del Mundo.
Pero Hazard no está solo, está acompañado por sus duques que también tuvieron grandes actuaciones. Cuando él no aparece, cierto compañero lo respalda. En algunas ocasiones fue Romelu Lukaku, en otras De Bruyne. El rendimiento de Eden está encuadrado en una selección, que de la mano de los planteos del español Roberto Martínez, continúa su camino en Rusia y se ilusiona con llevarse la corona.

El mote de los Diablos Rojos se le atribuye a la Selección de Bélgica desde el Mundial de México en 1986. En esa copa habían superado pruebas muy duras: en octavos de final le ganaron a la Unión Soviética y en cuartos a la poderosa España, comandada por Butragueño. Pero enfrentaron en semifinales a un eclipse demasiado poderoso para no cegarlos: la Argentina de Maradona. Aun así los famosos Red Devils dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva.

Ese apodo parecía quedar un poco anticuado para una selección que no contó en las décadas siguientes con los resultados deportivos para llevarlo, pero el arribo de esta nueva camada de jugadores revivió la historia de ese seudónimo y el equipo actual se lo volvió a ganar por talento y carácter. Luego de la victoria frente a Brasil en el Kazan Arena, que los volvió a depositar en una semifinal mundialista por primera vez desde aquella proeza del 86, ese alias vuelve a tambalear, aunque en esta ocasión no por la imposibilidad de lograr hazañas, sino por la aparición de uno nuevo. Los Dukes de Hazard.

Al partido de Eden Hazard, el extremo del Chelsea inglés, hay que dividirlo en dos partes. Un primer tiempo en el que le hizo sentir a la Canarinha la falta de Casemiro, su pilar, que fue suspendido por acumulación de amarillas. Se encargó de los contraataques y ocupó de maravilla los espacios que dejaba su rival cada vez que sus laterales pasaban. Y en una segunda mitad donde la verdeamarela, por la lógica necesidad de empatarlo, los arrinconó sobre el arco de Thibaut Courtois, se apoderó de la pelota en los momentos donde nadie quiere tenerla, en los momentos donde la redonda quema.

A los 27 años, en la edad donde los deportistas llegan a su esplendor, el belga tuvo el encuentro que le faltaba para posicionarse como uno de los mejores jugadores del mundo nada más ni nada menos que frente a Brasil, en marco de los cuartos de final de una Copa del Mundo.

Pero Hazard no está solo, está acompañado por sus duques que también tuvieron grandes actuaciones. Cuando él no aparece, cierto compañero lo respalda. En algunas ocasiones fue Romelu Lukaku, en otras De Bruyne. El rendimiento de Eden está encuadrado en una selección, que de la mano de los planteos del español Roberto Martínez, continúa su camino en Rusia y se ilusiona con llevarse la corona.

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