Bélgica superó 2-1 a Brasil, avanzó a la semifinal de la Copa del Mundo y dejó un torneo sin países de América Latina. 

Cayó el último sudamericano

Bárbara Fritzler

28 DE MARZO DE 2018

Hace unas horas, el Maestro Tabárez explicaba que entre Sudamérica y Europa hay diferencias económicas y de infraestructura que explican por sí mismas los progresos y retrocesos de ambos continentes, incluso en el deporte. Y Brasil acaba de quedar eliminado de la Copa del Mundo, dejando como consecuencia unas semifinales que serán disputadas únicamente entre países europeos.
En un partido atípico, Bélgica le ganó 2 a 1 a los dirigidos por Tite, que eran los únicos sudamericanos que seguían en competencia. Atípico porque empezó con un gol en contra de Fernandinho, quien también se equivocó en el segundo tanto de sus rivales, porque en todo el segundo tiempo Brasil mereció mínimamente el empate, y porque en cuanto a su juego era hasta ahora uno de los equipos más prometedores de este Mundial. Más allá de figuras importantes y destacadas como Neymar o Coutinho, los brasileños no se mostraban únicamente creativos sino que también efectivizaban sus oportunidades. Hoy no fue el mejor ejemplo y Bélgica lo aprovechó, después de casi haber quedado eliminado ante Japón en un partido que parecía perdido hasta los últimos minutos. Ahora jugará la semifinal contra Francia (que también dejó en el camino a Uruguay) y atrás quedó su posterior actuación porque el árbol suele tapar el bosque.
Ya decía Tabárez, con su selección eliminada en el primer partido de estos Cuartos de Final, que no era sorpresivo que los equipos de Europa sean protagonistas, sino que lo curioso era que este lado del mundo haya tenido tantos logros a pesar de las diferencias abismales. Quizás sea porque el fútbol, deporte popular en sus comienzos, era donde brillaban aquellos chicos salidos del potrero que soñaban con salvar a su familia convirtiéndose en estrellas. Pero hoy las estrellas no salen únicamente del potrero, y los negocios del fútbol han cambiado. Para lograr igualar la superioridad deportiva de Europa, América Latina debería tener recursos que está muy lejos de poseer. Porque a veces no solo es el talento, a veces los métodos de trabajo y las evoluciones económicas de los clubes son lo que llevan a ciertos equipos a ser competitivos. Tanto Neymar como Luis Suárez o Lionel Messi se destacan en las mejores ligas del mundo (según los especializados), pero en sus selecciones no han podido prosperar. No es casualidad. Hoy, los latinoamericanos, países generalmente futboleros por demás, se miran las caras desde afuera.
Brasil, cinco veces campeón del mundo, quedó afuera con Bélgica, que su mejor resultado hasta ahora en los Mundiales ha sido apenas el cuarto lugar en 1986. No se puede comparar con aquella fatídica semifinal ante Alemania en el 2014 porque era una selección de otro calibre y quizás hoy haya sido la primera verdadera sorpresa de la Copa. Se puede ver como un premio al progreso del que a tantos les gusta hablar, pero si intentamos contextualizar, un partido de fútbol puede ser además un ejemplo de la triste realidad, en la que Latinoamérica queda a su pesar pero con la cabeza en alto, cada vez más atrás.

Hace unas horas el Maestro Tabárez explicaba que entre Sudamérica y Europa hay diferencias económicas y de infraestructura que explican por sí mismas los progresos y retrocesos de ambos continentes, incluso en el deporte. Y Brasil acaba de quedar eliminado de la Copa del Mundo, dejando como consecuencia unas semifinales que serán disputadas únicamente entre países europeos.

En un partido atípico, Bélgica le ganó 2 a 1 a los dirigidos por Tite, que eran los únicos sudamericanos que seguían en competencia. Atípico porque empezó con un gol en contra de Fernandinho, quien también se equivocó en el segundo tanto de sus rivales, porque en todo el segundo tiempo Brasil mereció mínimamente el empate, y porque en cuanto a su juego era hasta ahora uno de los equipos más prometedores de este Mundial. Más allá de figuras importantes y destacadas como Neymar o Coutinho, los brasileños no se mostraban únicamente creativos sino que también efectivizaban sus oportunidades. Hoy no fue el mejor ejemplo y Bélgica lo aprovechó, después de casi haber quedado eliminado ante Japón en un partido que parecía perdido hasta los últimos minutos. Ahora jugará la semifinal contra Francia (que también dejó en el camino a Uruguay) y atrás quedó su posterior actuación porque el árbol suele tapar el bosque.

Ya decía Tabárez, con su selección eliminada en el primer partido de estos Cuartos de Final, que no era sorpresivo que los equipos de Europa sean protagonistas, sino que lo curioso era que este lado del mundo haya tenido tantos logros a pesar de las diferencias abismales. Quizás sea porque el fútbol, deporte popular en sus comienzos, era donde brillaban aquellos chicos salidos del potrero que soñaban con salvar a su familia convirtiéndose en estrellas. Pero hoy las estrellas no salen únicamente del potrero, y los negocios del fútbol han cambiado. Para lograr igualar la superioridad deportiva de Europa, América Latina debería tener recursos que está muy lejos de poseer. Porque a veces no solo es el talento, a veces los métodos de trabajo y las evoluciones económicas de los clubes son lo que llevan a ciertos equipos a ser competitivos. Tanto Neymar como Luis Suárez o Lionel Messi se destacan en las mejores ligas del mundo (según los especializados), pero en sus selecciones no han podido prosperar. No es casualidad. Hoy, los latinoamericanos, países generalmente futboleros por demás, se miran las caras desde afuera.

Brasil, cinco veces campeón del mundo, quedó afuera con Bélgica, que su mejor resultado hasta ahora en los Mundiales ha sido apenas el cuarto lugar en 1986. No se puede comparar con aquella fatídica semifinal ante Alemania en el 2014 porque era una selección de otro calibre y quizás hoy haya sido la primera verdadera sorpresa de la Copa. Se puede ver como un premio al progreso del que a tantos les gusta hablar, pero si intentamos contextualizar, un partido de fútbol puede ser además un ejemplo de la triste realidad, en la que Latinoamérica queda a su pesar pero con la cabeza en alto, cada vez más atrás.

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