Las relaciones entre galos y charrúas,  en la previa al duelo crucial por los cuartos de final de Rusia 2018, exceden las cuestiones futbolísticas.

Francia y Uruguay, más allá de la pelota

Joaquín Grasso

28 DE MARZO DE 2018

Las relaciones entre Francia y Uruguay, previo al duelo crucial por los octavos de final de Rusia 2018, exceden las cuestiones futbolísticas.
“Francia es un país con el que hay un vínculo de respeto y de valores evidentes”, aseguró en conferencia de prensa Óscar Washington Tabárez, previo al cruce ante Francia por los cuartos de final de Rusia 2018. Pese a la indiferencia del hincha más allá de las cuestiones deportivas, para galos y charrúas no será un partido más. Ambos países forjaron fuertes lazos políticos, culturales y futbolísticos y mañana volverán a escribir otra página más en su extensa historia.
La primera relación que se presenta entre ambas naciones separadas por el Atlántico y 10.504 kilómetros de distancia surge en el inicio del siglo XIX. Francia es la primera región en reconocer la independencia de la antigua Banda Oriental del Río de la Plata, proclamada en 1825 y consagrada tres años después.
Dos décadas más tarde, intervino activamente en la defensa de la capital (Montevideo)ante el avance de las tropas argentinas de Juan Manuel de Rosas en la Guerra Grande. "Quienes estaban al mando del ejército daban las ordenes en francés”, recordó el expresidente Julio María Sanguinetti a la AFP. Este acontecimiento rioplatense produjo el interés del novelista y dramaturgo galo Alejandro Dumas, autor del popular Los Tres Mosqueteros, quien se identificó con la causa patriótica de los montevideanos y publicó en 1850 un libro llamado Montevideo o la Nueva Troya.
Aquellos años se caracterizaron por un cuantioso movimiento migratorio proveniente de Francia hacia el territorio uruguayo. Tal fue así que para finales del siglo XIX la comunidad francesa, mayoritariamente vasca, representaba cerca de un tercio de la población del país. "De 1820 a 1850, hubo el doble de expatriados franceses que españoles e italianos juntos. En 1880, ya un tercio de la población era francesa", destacó el embajador Laurent Rapin en 2004. Incluso, aún quedan barrios de Montevideo como Villa Biarritz o el Nuevo París que conservan la estela de aquella época.
“La influencia política y militar francesa bajó, pero la cultural aumentó", afirmó Sanguinetti, utilizando como referencias a Jules Supervielle, Jules Laforgue y al Conde de Lautréamont -Isidore Ducasse-, tres célebres poetas galos nacidos en aquella tierra sudamericana. En homenaje a Supervielle, el liceo francés de la capital charrúa lleva su nombre y es allí donde se formaron numerosas generaciones de dirigentes políticos, como el exvicepresidente Gonzalo Aguirre.
En el siglo XX, la influencia de los europeos sobre Uruguay siguió vigente. En 1917, el presidente José Batlle y Ordóñez se inspiró en el modelo laico francés y separó a la Iglesia del Estado, un inusual accionar dentro de una América Latina mayormente católica. También modificó el código civil basándose en el Código Napoleónico. Además, el francés fue el primer idioma extranjero obligatorio en las escuelas secundarias y en los liceos militares hasta principios de la década del '90. Actualmente, y desde hace ya varios años, Uruguay es uno los miembros latinoamericanos, junto con Costa Rica y Argentina, de la Organización Internacional de la Francofonía (OIF).
La magia del fútbol también vinculó la historia entre celestes y francos. Uruguay cuenta con el privilegio de ostentar en su escudo cuatro estrellas pese a haber logrado tan solo dos Copas del Mundo. Las dos restantes son oros olímpicos y uno de esos fue obtenido en Paris 1924. Otro acontecimiento peculiar ocurrió el 13 de junio de 1930, cuando el delantero francés Lucien Laurent marcó frente a México el primer gol en la historia de los Mundiales, justamente sobre el verde césped charrúa del actualmente demolido Estadio de Pocitos.
No hay antecedentes sobre jugadores franceses que hayan disputado el campeonato uruguayo. Como contrapartida a esto, numerosas figuras del paisito cruzaron el océano Atlántico para dejar su impronta en la Ligue 1. El paso de Ildo Maneiro por Lyon trae gratos recuerdos en la memoria del hincha. En Nancy aún extrañan la garra de Carlos Curbelo, de Rubén Umpiérrez y de Pablo Correa, quien luego fue entrenador del equipo. Otro de los que brilló en la cancha luciendo las camisetas de Racing Club de Paris y de Olympique de Marsella fue Enzo Francescoli. Las descollantes actuaciones del delantero lo convirtieron en ídolo e incluso el talentoso Zinedine Zidane, como gesto de admiración, le puso a su hijo el nombre del Príncipe: Enzo Zidane.
En las últimas décadas, Diego Lugano y Cristian Rodríguez formaron parte de las filas del París Saint Germain, allí donde Edinson Cavani sigue rompiendo récords partido tras partido. El Matador se convirtió la temporada pasada en el máximo goleador de la historia de la escuadra parisina y grabó, a fuerza de anotaciones, su nombre en las páginas doradas del club.
Del bando de enfrente y pese no haber jugado en su niñez a la vera del Rio de la Plata, Antoine Griezmann desarrolló las destrezas del típico uruguayo gracias a su exentrenador Martín Lasarte y compañero Carlos Bueno. Toma mate, escucha cumbia charrúa e imita las frases representativas del pueblo celeste. Con el correr de los años estas cualidades fueron intensificándose de la mano de sus colegas Diego Godín y José María Giménez, sus rivales de mañana.
No obstante, esta ligazón deportiva no solo sucede de la línea de cal hacia adentro. Óscar Washington Tabárez, actual seleccionador de La Celeste, aprendió e implementó diversas metodologías de Francia luego de haber asistido al Mundial de 1998 como colaborador de la FIFA. “Estaba en Burdeos y hablé con el entrenador de los juveniles Sub-17 y de las selecciones femeninas. Me explicaron cómo desarrollan la formación de jugadores en Francia, cómo siguen un mismo recorrido desde la infancia hasta la madurez. Aprendí muchas cosas. Tenían una tecnología que les permitía analizar al rival, algo que no conocíamos”, recordó el Maestro. Y agregó: En 2009, aprovechamos una escala tras un partido con Argelia para visitar Clairefontaine. Hay muchas cosas de las que aprendí ahí que las pongo en práctica en mi trabajo.
Será el cuarto enfrentamiento mundialista entre ambos elencos. Uruguay salió victorioso en un cotejo, en 1966, y empató dos, en 2002 y 2010. Les Bleus jamás venció a Uruguay en una cita máxima. Este viernes, desde las 11, Francia y Uruguay forjarán aún más este lazo histórico que los une hace casi 200 años.

“Francia es un país con el que hay un vínculo de respeto y de valores evidentes”, aseguró en conferencia de prensa Óscar Washington Tabárez, previo al cruce ante Francia por los cuartos de final de Rusia 2018. Pese a la indiferencia del hincha más allá de las cuestiones deportivas, para galos y charrúas no será un partido más. Ambos países forjaron fuertes lazos políticos, culturales y futbolísticos y mañana volverán a escribir otra página más en su extensa historia.

La primera relación que se presenta entre ambas naciones separadas por el Atlántico y 10.504 kilómetros de distancia surge en el inicio del siglo XIX. Francia es la primera región en reconocer la independencia de la antigua Banda Oriental del Río de la Plata, proclamada en 1825 y consagrada tres años después.

Dos décadas más tarde, intervino activamente en la defensa de la capital (Montevideo)ante el avance de las tropas argentinas de Juan Manuel de Rosas en la Guerra Grande. "Quienes estaban al mando del ejército daban las ordenes en francés”, recordó el expresidente Julio María Sanguinetti a la AFP. Este acontecimiento rioplatense produjo el interés del novelista y dramaturgo galo Alejandro Dumas, autor del popular Los Tres Mosqueteros, quien se identificó con la causa patriótica de los montevideanos y publicó en 1850 un libro llamado Montevideo o la Nueva Troya.

Aquellos años se caracterizaron por un cuantioso movimiento migratorio proveniente de Francia hacia el territorio uruguayo. Tal fue así que para finales del siglo XIX la comunidad francesa, mayoritariamente vasca, representaba cerca de un tercio de la población del país. "De 1820 a 1850, hubo el doble de expatriados franceses que españoles e italianos juntos. En 1880, ya un tercio de la población era francesa", destacó el embajador Laurent Rapin en 2004. Incluso, aún quedan barrios de Montevideo como Villa Biarritz o el Nuevo París que conservan la estela de aquella época.

“La influencia política y militar francesa bajó, pero la cultural aumentó", afirmó Sanguinetti, utilizando como referencias a Jules Supervielle, Jules Laforgue y al Conde de Lautréamont -Isidore Ducasse-, tres célebres poetas galos nacidos en aquella tierra sudamericana. En homenaje a Supervielle, el liceo francés de la capital charrúa lleva su nombre y es allí donde se formaron numerosas generaciones de dirigentes políticos, como el exvicepresidente Gonzalo Aguirre.

En el siglo XX, la influencia de los europeos sobre Uruguay siguió vigente. En 1917, el presidente José Batlle y Ordóñez se inspiró en el modelo laico francés y separó a la Iglesia del Estado, un inusual accionar dentro de una América Latina mayormente católica. También modificó el código civil basándose en el Código Napoleónico. Además, el francés fue el primer idioma extranjero obligatorio en las escuelas secundarias y en los liceos militares hasta principios de la década del '90. Actualmente, y desde hace ya varios años, Uruguay es uno los miembros latinoamericanos, junto con Costa Rica y Argentina, de la Organización Internacional de la Francofonía (OIF).

La magia del fútbol también vinculó la historia entre celestes y francos. Uruguay cuenta con el privilegio de ostentar en su escudo cuatro estrellas pese a haber logrado tan solo dos Copas del Mundo. Las dos restantes son oros olímpicos y uno de esos fue obtenido en Paris 1924. Otro acontecimiento peculiar ocurrió el 13 de junio de 1930, cuando el delantero francés Lucien Laurent marcó frente a México el primer gol en la historia de los Mundiales, justamente sobre el verde césped charrúa del actualmente demolido Estadio de Pocitos.

No hay antecedentes sobre jugadores franceses que hayan disputado el campeonato uruguayo. Como contrapartida a esto, numerosas figuras del paisito cruzaron el océano Atlántico para dejar su impronta en la Ligue 1. El paso de Ildo Maneiro por Lyon trae gratos recuerdos en la memoria del hincha. En Nancy aún extrañan la garra de Carlos Curbelo, de Rubén Umpiérrez y de Pablo Correa, quien luego fue entrenador del equipo. Otro de los que brilló en la cancha luciendo las camisetas de Racing Club de Paris y de Olympique de Marsella fue Enzo Francescoli. Las descollantes actuaciones del delantero lo convirtieron en ídolo e incluso el talentoso Zinedine Zidane, como gesto de admiración, le puso a su hijo el nombre del Príncipe: Enzo Zidane.

En las últimas décadas, Diego Lugano y Cristian Rodríguez formaron parte de las filas del París Saint Germain, allí donde Edinson Cavani sigue rompiendo récords partido tras partido. El Matador se convirtió la temporada pasada en el máximo goleador de la historia de la escuadra parisina y grabó, a fuerza de anotaciones, su nombre en las páginas doradas del club.

Del bando de enfrente y pese no haber jugado en su niñez a la vera del Rio de la Plata, Antoine Griezmann desarrolló las destrezas del típico uruguayo gracias a su exentrenador Martín Lasarte y compañero Carlos Bueno. Toma mate, escucha cumbia charrúa e imita las frases representativas del pueblo celeste. Con el correr de los años estas cualidades fueron intensificándose de la mano de sus colegas Diego Godín y José María Giménez, sus rivales de mañana.

No obstante, esta ligazón deportiva no solo sucede de la línea de cal hacia adentro. Óscar Washington Tabárez, actual seleccionador de La Celeste, aprendió e implementó diversas metodologías de Francia luego de haber asistido al Mundial de 1998 como colaborador de la FIFA. “Estaba en Burdeos y hablé con el entrenador de los juveniles Sub-17 y de las selecciones femeninas. Me explicaron cómo desarrollan la formación de jugadores en Francia, cómo siguen un mismo recorrido desde la infancia hasta la madurez. Aprendí muchas cosas. Tenían una tecnología que les permitía analizar al rival, algo que no conocíamos”, recordó el Maestro. Y agregó: En 2009, aprovechamos una escala tras un partido con Argelia para visitar Clairefontaine. Hay muchas cosas de las que aprendí ahí que las pongo en práctica en mi trabajo".

Será el cuarto enfrentamiento mundialista entre ambos elencos. Uruguay salió victorioso en un cotejo, en 1966, y empató dos, en 2002 y 2010. Les Bleus jamás venció a Uruguay en una cita máxima. Este viernes, desde las 11, Francia y Uruguay forjarán aún más este lazo histórico que los une hace casi 200 años.

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