El capitán argentino abrió el marcador ante Nigeria y convirtió en realidad a lo que se creía un milagro.

Está Messi, la ilusión no muere

Daniela Simón @DanielaaSimon

28 DE MARZO DE 2018

Y si es que la magia existe, debe ser como verlo jugar a Lionel Messi. Impredecible y alucinante, y que hace brillar todo lo que toca. Y hoy cada pelota que tocó Messi, fue oro. Fue el niñito que siempre soñó con ser jugador y jugar un Mundial; el niñito con la valentía y el coraje de los grandes, con la actitud de un hombre experimentado que sufrió y jugó partidos pesados y ásperos. Envuelto en hambre de ganar, gritó fuerte:"Acá estoy, muchachos".

Messi tuvo a Ever Bánega y a Enzo Pérez como sus productores, y del resto, se encargó él. Porque si la pelota llega al 10, de forma clara y limpia, lo demás puede transformarse en cuento de hadas.

Un pelotazo largo que bajó en el aire con la calidad de los dioses, para que toque el suelo y saque un derechazo perfecto que tuvo la fuerza de un país. Un pueblo que lo abrazó y le dijo "Así pibe, así". Las gargantas se rompieron en el consuelo y así se resquebrajaron, de una vez por todas, los miedos: Messi estaba inspirado. Su último gol en una Copa del Mundo había sido, justamente, ante Nigeria en 2014. Cosechaba una sequía angustiante en Rusia. Sin emabrgo, con el tanto de hoy, se convirtió en el tercer argentino en hacer goles en tres Mundiales distintos. Pero son solo números que se van con el viento, cuando verlo jugar llena el alma.

Messi estuvo iluminado, contagió ideas, juego y buen toque. Contaminó de fuerza a un equipo. Qué más da, hacer posible lo imposible, llegar hasta la más inalcanzable, poblar de goles sobre la maleza. Con guapeza y atrevimiento, e inteligencia a la hora de ejecutar. Rodeado de rivales, la descansó bajo su suela y bailó.

Hoy Messi fue aquel niñito que creció en Rosario, se infiltró hormonas y vivió a miles de kilómetros de su hogar por amor al fútbol. Fue ese que deslumbra con la camiseta del Barcelona y nos llena de preguntas:"¿Qué hay que hacer para que juegue así con la de Argentina?". Y quizás es que no se le puede pedir que juegue, que haga goles, que marque, que ataje, y que cargue con el peso de nuestras miserias.

La Selección estuvo en el abismo y se levantó. Lio mostró rebeldía en la tierra de la revolución y justificó por qué la confianza es indemne para los argentinos, es que está Messi.

Fue una luz entre tanta oscuridad que circundó a la Selección por estos días, apareció en el medio de los reproches. Se enojó y gritó el gol más fuerte que cualquier hincha. Infló el pecho y salió al campo de batalla con su traje de guerra, la diez en la espalda, y un repertorio letal: alma, corazón y gambeta.

Foto: @Argentina

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