La clasificación de los Vikingos al Mundial no es una casualidad, sino una consecuencia de las políticas implementadas por el Gobierno desde hace más de veinte años.

 

Fútbol islandés: una cuestión de Estado

Daniela Simón @DanielaaSimon

28 DE MARZO DE 2018

¿Un equipo puede ser considerado sorpresa en tres torneos? ¿O en la segunda competencia ya deja de serlo para convertirse en una realidad? El factor suerte puede influir en algunos instantes, después la teoría queda renga.

Las actuaciones de la selección de Islandia no son casualidad, ni milagro. Emergió del aire helado cuando clasificó a la Eurocopa de 2016 y se convirtió en un volcán que vive en una constante erupción de admiración.

Los Vikingos son desde hace tiempo una grata sorpresa para el fútbol mundial. Con sus perlitas, sus particularidades y su descubrir constante. Los buenos resultados son producto de la implementación de políticas de Estado que tienen como propulsor al deporte.

A comienzos del 2000, Islandia se propuso cambiar el rumbo de su sociedad y bajar los índices de consumo de alcohol, tabaco y drogas en los jóvenes. El gobierno encontró en el deporte un punto de inflexión: las actividades recreativas controlaban el tiempo libre e inculcaban los valores deportivos. Además, se puso en marcha el programa "Juventud en Islandia", que más tarde se implementó en otras ciudades de Europa.

Desde entonces, la educación en Islandia implica la asistencia al colegio y a espacios de ocio, que pueden ser música, danza o deporte.

Klara Bjartmarz es desde 2016 Secretaria General de la Federación Islandesa (KSI) y una de las mayores responsables del cambio con el aporte de sus ideas. Es exfutbolista, tiene una licenciatura en sociología y está ligada a la entidad desde 1994. Cuenta con experiencia en equipos de trabajo de la UEFA y es experta en materia jurídica y disciplinaria.

Las frías temperaturas y la poca luz condicionan al calendario deportivo, y la liga (Úrvalsdeild Karla) se juega de mayo a septiembre. Durante más de la mitad del año, no se podían llevar a cabo entrenamientos al aire libre. No es casualidad que el deporte con más tradición sea el handball. Por eso, el Gobierno y la federación trabajaron en conjunto. Se destinó inversión pública para la construcción de instalaciones deportivas: canchas techadas, equipadas con vestuarios y tribunas. Se hicieron siete campos de fútbol, once campos cubiertos y cinco pequeños, y se multiplicaron los números de instalaciones. Por ejemplo, Breidablik, el club más grande de Islandia, adoptó un modelo similar al de La Masia, de Barcelona.

El fútbol empezó a ganar adeptos en la isla y pasó a ser una actividad social y de integración.

En 2008, Islandia tuvo una de las mayores crisis económicas de su historia con bancos que entraron en quiebra. Políticos y bancarios fueron condenados a prisión, y se preservó el sistema de ayudas e inversiones públicas. Este desequilibrio financiero provocó que la gran mayoría de los futbolistas extranjeros que jugaban en el campeonato local, volvieran a sus países o emigraran a otras ligas, lo que provocó que los planteles se desarmaran. En efecto, se incrementó el desarrollo de los futbolistas nativos. El Estado comenzó a ayudar económicamente a las familias, y desde entonces les otorga una asignación para costear los gatos de la práctica deportiva de sus hijos. Además, los clubes bajaron sus cuotas sociales.

Islandia, al igual que los demás países nórdicos, es referente en cuestiones de género: en enero de este año el Gobierno promulgó la primera ley del mundo que prohíbe la brecha salarial entre hombres y mujeres. En el deporte ocurre lo mismo, las políticas implementadas corresponden tanto para los deportes masculinos como femeninos, son tratados con el mismo despliegue y tienen las mismas repercusiones.

Para dirigir a un club islandés, incluso en divisiones juveniles, se debe tener una licencia UEFA. Hoy hay más de 180 entrenadores habilitados. La preparación es fundamental, por eso la Administración Pública lanzó programas para formar a los ciudadanos en directores técnicos; y existen becas para poder formarse en el extranjero y regresar al país para transmitir lo aprendido. Heimir Hallgrímsson, el actual seleccionador, por ejemplo, tuvo un largo recorrido: mientras era jugador dirigía al equipo femenino de ÍBV, luego fue asistente del equipo masculino, y en 2011 llegó al seleccionado como segundo entrenador.

Para Islandia el deporte es cuestión de Estado e implementa políticas que desarrollen y promueven su actividad sin distinción de sexos. Su labor en el Mundial y su crecimiento como selección cobran mayor significado cuando se tiene en cuenta que Islandia tiene 321 mil habitantes, unos 20 mil son futbolistas federados, casi cien son profesionales -Argentina, por ejemplo, registra más futbolistas que toda la población islandesa, tiene 331 mil- más de 500 son entrenadores, 185 con licencia UEFA. La isla tiene 90 clubes amateurs y más de 100 pequeños campos de fútbol.

En abril de 2012, Islandia estaba en el puesto 133 del ranking FIFA, su peor lugar. En febrero de 2017, se ubicó 20 y hoy está 22°. Quedó afuera del Mundial 2014 tras caer en instancias de Repechaje con Croacia.

Islandia disputa su primera Copa del Mundo, muestra sus garras y su trabajo hecho, y eso, entendemos, no es casualidad.

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