Si te dicen que para el próximo mundial en Qatar vas a representar a tu país o que vas a cobrar millones de dólares por jugar al fútbol, no lo crees. Él tampoco lo creía, pero sucedió.

Gabriel Jesús, del barrio a Rusia

Matías Tolosa

28 DE MARZO DE 2018

Hace 4 años pintaba descalzo las calles de su barrio, ahora dibujan su cara en los murales de su ciudad. Gabriel Jesús es el ejemplo más claro de perseverancia que, a pesar de las dificultades que tuvo a lo largo de su vida, supo salir adelante y hoy es una de las estrellas del seleccionado brasileño.
Hay que remontarse al mundial pasado, en Brasil, para ver esa famosa imagen de un joven que usaba los colores verde y amarillo para decorar las calles de Jardim Peri, un pequeño suburbio del norte de San Pablo. Pero para saber dónde empezó el sueño del actual delantero del Manchester City, hay que pasar por el club Pequeninos, su frustrada prueba en San Pablo y su éxito en Palmeiras.
A sus nueve años, Gabriel Jesús comenzó su camino en el fútbol en el club Pequeninos, ubicado enfrente de una cárcel y donde muchos chicos iban porque, además de jugar a la pelota, recibían un sándwich y una bebida y para muchos esa era su única comida del día. Cuando jugaban un torneo, el trofeo era una lata de gaseosa, para ellos más importante que la Copa Libertadores.
En Brasil, los jóvenes que querían dedicarse profesionalmente al fútbol debían iniciar las categorías menores en un club entre los 8 y 10 años aproximadamente, para tener más probabilidades de llegar a Primera División. Por este motivo, Gabriel Jesús fue a realizar una prueba en el San Pablo. Los entrenadores quedaron encantados con el juego del joven delantero, pero había un problema: el club no tenía lugar en la pensión para que se quede a dormir ahí y la madre del niño no podía solventar los gastos del colectivo que lo llevaría a entrenar todos los días. Esa posibilidad quedaba descartada.
Luego de ese primer traspié, el pequeño, pero ambicioso brasileño, se anotó para jugar en un torneo de adultos para estar a la altura si algún día le tocaba competir profesionalmente. En uno de esos partidos, un rival lo amenazó con romperle las piernas si lo seguía gambeteando. Lejos de tenerle miedo, el atrevido de Jardim Peri, lo volvió a pasar de largo una y otra vez hasta dejarlo tirado en el piso. Gracias a sus compañeros, el jugador del equipo contrario no pudo llegar a Gabriel Jesús para quebrarlo, sino la historia sería otra.
A partir de acá comienza la historia conocida. Dos años más tarde, Palmeiras le dio el espacio en sus inferiores, donde asombró a todos y rápidamente llegó a jugar con el primer equipo en 2015. En 2016 fue convocado para disputar los Juegos Olímpicos en Río con la Canarinha y consiguió la primera medalla dorada en la historia de su país, compartiendo equipo con Neymar, el mismo Neymar al que pintaba en las calles de San Pablo para el Mundial de 2014. A su vez, el Manchester City puso los ojos en él y pagó más de 30 millones de euros por pedido de Pep Guardiola, quien llamó al delantero para convencerlo de que su equipo era la mejor opción, por sobre el Real Madrid y Barcelona, que también estaban interesados en ficharlo.
Desde ahí fue considerado por Tité, técnico del seleccionado brasileño, para formar parte del plantel que actualmente está compitiendo en la Copa del Mundo en Rusia. Lleva 9 goles en 18 partidos y nadie menos que Ronaldo Nazario, histórico goleador de la verdeamarelha, señaló a Gabriel Jesús como su digno sucesor en la selección.

Hace 4 años pintaba descalzo las calles de su barrio, ahora dibujan su cara en los murales de su ciudad. Gabriel Jesús es el ejemplo más claro de perseverancia que, a pesar de las dificultades que tuvo a lo largo de su vida, supo salir adelante y hoy es una de las estrellas del seleccionado brasileño.

Hay que remontarse al mundial pasado, en Brasil, para ver esa famosa imagen de un joven que usaba los colores verde y amarillo para decorar las calles de Jardim Peri, un pequeño suburbio del norte de San Pablo. Pero para saber dónde empezó el sueño del actual delantero del Manchester City, hay que pasar por el club Pequeninos, su frustrada prueba en San Pablo y su éxito en Palmeiras.

A sus nueve años, Gabriel Jesús comenzó su camino en el fútbol en el club Pequeninos, ubicado enfrente de una cárcel y donde muchos chicos iban porque, además de jugar a la pelota, recibían un sándwich y una bebida y para muchos esa era su única comida del día. Cuando jugaban un torneo, el trofeo era una lata de gaseosa, para ellos más importante que la Copa Libertadores.

En Brasil, los jóvenes que querían dedicarse profesionalmente al fútbol debían iniciar las categorías menores en un club entre los 8 y 10 años aproximadamente, para tener más probabilidades de llegar a Primera División. Por este motivo, Gabriel Jesús fue a realizar una prueba en el San Pablo. Los entrenadores quedaron encantados con el juego del joven delantero, pero había un problema: el club no tenía lugar en la pensión para que se quede a dormir ahí y la madre del niño no podía solventar los gastos del colectivo que lo llevaría a entrenar todos los días. Esa posibilidad quedaba descartada.

Luego de ese primer traspié, el pequeño, pero ambicioso brasileño, se anotó para jugar en un torneo de adultos para estar a la altura si algún día le tocaba competir profesionalmente. En uno de esos partidos, un rival lo amenazó con romperle las piernas si lo seguía gambeteando. Lejos de tenerle miedo, el atrevido de Jardim Peri, lo volvió a pasar de largo una y otra vez hasta dejarlo tirado en el piso. Gracias a sus compañeros, el jugador del equipo contrario no pudo llegar a Gabriel Jesús para quebrarlo, sino la historia sería otra.

A partir de acá comienza la historia conocida. Dos años más tarde, Palmeiras le dio el espacio en sus inferiores, donde asombró a todos y rápidamente llegó a jugar con el primer equipo en 2015. En 2016 fue convocado para disputar los Juegos Olímpicos en Río con la Canarinha y consiguió la primera medalla dorada en la historia de su país, compartiendo equipo con Neymar, el mismo Neymar al que pintaba en las calles de San Pablo para el Mundial de 2014. A su vez, el Manchester City puso los ojos en él y pagó más de 30 millones de euros por pedido de Pep Guardiola, quien llamó al delantero para convencerlo de que su equipo era la mejor opción, por sobre el Real Madrid y Barcelona, que también estaban interesados en ficharlo.

Desde ahí fue considerado por Tité, técnico del seleccionado brasileño, para formar parte del plantel que actualmente está compitiendo en la Copa del Mundo en Rusia. Lleva 9 goles en 18 partidos y nadie menos que Ronaldo Nazario, histórico goleador de la verdeamarelha, señaló a Gabriel Jesús como su digno sucesor en la selección.

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