Fisht, de la ciudad de Sochi, no solo es una obra exorbitante, sino también un lugar que en 2014 albergó reclamos contra la ley anti-gay rusa.

El estadio que fue un espacio de lucha

Julián Rozencwaig

28 DE MARZO DE 2018

Cuatro turistas holandeses eran entrevistados para un documental sobre la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) en Rusia cuando la policía los detuvo. La fecha se remite a julio de 2013, tres meses después de la finalización del estadio Fisht, escenario en el que se inauguraron, se disputaron y se clausuraron los Juegos Olímpicos de Invierno de febrero de 2014, en la ciudad de Sochi, en medio de una urbanización de clima subtropical, cómplice de
homofobia, de discriminación, de amenazas terroristas, de explotación de trabajadores y de corrupción por la construcción del imponente recinto.
Con capacidad para albergar a 47.659 personas, en su estructura destacan servicios como guarda equipaje, venta de alcohol y tiendas de souvenirs, además de la instalación de 2000 cámaras, bajo el levantamiento que imita la forma de una concha de mar en homenaje al arte de Peter Carl Fabergé, joyero y orfebre ruso, que se impone en dos lados opuestos del estadio, sombreando a
los simpatizantes que tendrán la posibilidad de asistir a cuatro partidos de la fase de grupos y dos de la fase final (octavos y cuartos) del Mundial.
El 30 de junio de 2013, Vladimir Putin, presidente ruso, firmó la ley que prohíbe la propaganda homosexual “hacia menores de edad” con el fin de “evitar divulgar relaciones sexuales no tradicionales”, en un decreto que 19 días antes de la confirmación del mandamás ruso, fue votado a favor de su promulgación por 436 diputados de un total de 450. Al mismo tiempo, perseguían a los activistas que reclamaron los derechos de la comunidad LGBT frente al edificio Duma, el Congreso ruso, y que también fueron golpeados y detenidos como ocurriría un mes después con los cuatro holandeses.
Las cifras reflejan la mirada y el pensamiento perverso de la mayoría eslava. Sin embargo, Fisht fue partícipe de la apertura olímpica la noche del viernes 7 de febrero de 2014 con Billie Jean King, ex tenista ganadora no solo de premios deportivos como 39 Grand Slams, sino también de galardones culturales y sociales. Además de luchar por la igualdad salarial y de género en el
tenis y en el deporte, fue quien representó a la delegación estadounidense frente al disgusto de Putin y de su gobierno homofóbico.
“Estados Unidos mostrará al mundo la diversidad de su país”, anunció el presidente norteamericano Barack Obama en diciembre de 2013, a tres meses del inicio. Para el cierre de la competición, Caitlin Cahow, ex jugadora de hockey abiertamente lesbiana, emuló a King y desafió al país europeo ante la mirada de todos. Un documento público mundial difundido entre los deportistas fue firmado por doce de los que participaron en los Juegos Olímpicos de Sochi. Al igual que su objetivo, el escrito quedó en el
olvido.
Durante el Mundial, “los fanáticos del fútbol no serán afectados por la ley rusa”, anunció en una conferencia de prensa Alexei Smertin, ex futbolista y actual dirigente de la Federación Rusa, acerca de la norma que, según él, “está dirigida hacia los menores de edad”. Piara Powar, la directora ejecutiva de FARE (Fútbol contra el Racismo en Europa), compartió los dichos
del ex jugador de 43 años y agregó que los hinchas “quieren saber que pueden venir a Rusia y estarán seguros, serán protegidos y bienvenidos”, que es lo que Smertin difundió. La FIFA aguarda a que el país anfitrión cumpla el reglamento, que indica que la marginación de cualquier tipo está “estrictamente prohibida y es punible con suspensión o expulsión”. En su postura política con los derechos humanos, “se compromete a abordar la discriminación en todas sus formas”.
En medio del ambiente homofóbico que vivía y continúa viviendo Rusia, en 2014 existieron críticas a la ciudad de Sochi por la explotación de trabajadores inmigrantes y por daños ambientales en la elaboración de la instalación olímpica, incriminaciones expresadas y denunciadas por políticos opositores, entre ellos Alexei Navalny, quien también es abogado y acusó maniobras de corrupción a un año de los Juegos. “Si se toma en cuenta solo el dinero gastado de más en una sola construcción, podrían permitir el ingreso gratis a todos los ciudadanos rusos”, publicó en su blog acerca de las entradas. El Mundial de fútbol no es exclusivamente entretenimiento. La realidad del país anfitrión y de los países participantes se refleja en el mundo que posa los ojos sobre la competencia.
Por primera vez en esta Copa del Mundo, el estadio Fisht deslumbrará en los televisores de todo el mundo el 15 de junio, con Portugal y España como contendientes. Lo que manifestaron Powar y Smertin, ¿quedará en el olvido tras la Copa del Mundo? Es decir, ¿volverá todo a la “normalidad rusa”? ¿Esa en la que el gobierno reprime por condición sexual e inflige inseguridad? Es necesario parar la pelota y pensar en la lucha de los derechos de todos y de todas, como King lo hizo en Fisht. En la previa a los Juegos de Invierno de 2014 y en la víspera de su salida que representó a más de una comunidad, la además escritora de 74 años expresó: “Espero que estos Juegos Olímpicos sean un momento decisivo para la aceptación universal de todas las personas”. Ella y la comunidad LGBT piden lo mismo para el Mundial.

Cuatro turistas holandeses eran entrevistados para un documental sobre la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) en Rusia cuando la policía los detuvo. La fecha se remite a julio de 2013, tres meses después de la finalización del estadio Fisht, escenario en el que se inauguraron, se disputaron y se clausuraron los Juegos Olímpicos de Invierno de febrero de 2014, en la ciudad de Sochi, en medio de una urbanización de clima subtropical, cómplice de homofobia, de discriminación, de amenazas terroristas, de explotación de trabajadores y de corrupción por la construcción del imponente recinto.

Con capacidad para albergar a 47.659 personas, en su estructura se destacan servicios como guarda equipaje, venta de alcohol y tiendas de souvenirs, además de la instalación de 2000 cámaras, bajo el levantamiento que imita la forma de una concha de mar en homenaje al arte de Peter Carl Fabergé, joyero y orfebre ruso, que se impone en dos lados opuestos del estadio, sombreando a los simpatizantes que tendrán la posibilidad de asistir a cuatro partidos de la fase de grupos y dos de la fase final (octavos y cuartos) del Mundial.

El 30 de junio de 2013, Vladimir Putin, presidente ruso, firmó la ley que prohíbe la propaganda homosexual “hacia menores de edad” con el fin de “evitar divulgar relaciones sexuales no tradicionales”, en un decreto que 19 días antes de la confirmación del mandamás ruso, fue votado a favor de su promulgación por 436 diputados de un total de 450. Al mismo tiempo, los activistas que reclamaban los derechos de la comunidad LGBT frente al edificio Duma, el Congreso ruso, eran perseguidos, golpeados y detenidos como ocurriría un mes después con los cuatro holandeses.

Las cifras reflejan la mirada y el pensamiento perverso de la mayoría eslava. Sin embargo, Fisht fue partícipe de la apertura olímpica la noche del viernes 7 de febrero de 2014 con Billie Jean King, ex tenista ganadora no solo de premios deportivos como 39 Grand Slams, sino también de galardones culturales y sociales. Además de luchar por la igualdad salarial y de género en el tenis y en el deporte, fue quien representó a la delegación estadounidense frente al disgusto de Putin y de su gobierno homofóbico.

Estados Unidos mostrará al mundo la diversidad de su país”, anunció el presidente norteamericano Barack Obama en diciembre de 2013, a tres meses del inicio. Para el cierre de la competición, Caitlin Cahow, ex jugadora de hockey abiertamente lesbiana, emuló a King y desafió al país europeo ante la mirada de todos. Un documento público mundial difundido entre los deportistas fue firmado por doce de los que participaron en los Juegos Olímpicos de Sochi. Al igual que su objetivo, el escrito quedó en el olvido.

Durante el Mundial, “los fanáticos del fútbol no serán afectados por la ley rusa”, anunció en una conferencia de prensa Alexei Smertin, ex futbolista y actual dirigente de la Federación Rusa, acerca de la norma que, según él, “está dirigida hacia los menores de edad”. Piara Powar, la directora ejecutiva de FARE (Fútbol contra el Racismo en Europa), compartió los dichos del ex jugador de 43 años y agregó que los hinchas “debensaber que pueden venir a Rusia y estarán seguros, serán protegidos y bienvenidos”. La FIFA aguarda a que el país anfitrión cumpla el reglamento, que indica que la marginación de cualquier tipo está “estrictamente prohibida y es punible con suspensión o expulsión”. Y en su postura política con los derechos humanos, “se compromete a abordar la discriminación en todas sus formas”.

En medio del ambiente homofóbico que vivía y continúa viviendo Rusia, en 2014 existieron críticas a la ciudad de Sochi por la explotación de trabajadores inmigrantes y por daños ambientales en la elaboración de la instalación olímpica, incriminaciones expresadas y denunciadas por políticos opositores, entre ellos Alexei Navalny, quien también es abogado y acusó maniobras de corrupción a un año de los Juegos. “Si se toma en cuenta solo el dinero gastado de más en una sola construcción, podrían permitir el ingreso gratis a todos los ciudadanos rusos”, publicó en su blog acerca de las entradas. El Mundial de fútbol no es exclusivamente entretenimiento. La realidad del país anfitrión y de los países participantes se refleja en el mundo que posa los ojos sobre la competencia.

En esta Copa del Mundo, el estadio Fisht deslumbrará por primera vez en los televisores de todo el mundo el 15 de junio, con Portugal y España como contendientes. Lo que manifestaron Powar y Smertin, ¿quedará en el olvido tras la Copa del Mundo? Es decir, ¿volverá todo a la “normalidad rusa”? ¿Esa en la que el gobierno reprime por condición sexual e inflige inseguridad? Es necesario parar la pelota y pensar en la lucha de los derechos de todos y de todas, como King lo hizo en Fisht. En la previa a los Juegos de Invierno de 2014 y en la víspera de su salida que representó a más de una comunidad, la además escritora de 74 años expresó: “Espero que estos Juegos Olímpicos sean un momento decisivo para la aceptación universal de todas las personas”. Ella y la comunidad LGBT piden lo mismo para el Mundial.

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