Es el arquero titular del seleccionado, pero en su momento fue apartado por su baja estatura y debió hacer un enorme sacrificio para transformarse en un hito del deporte costarricense.

Keylor Navas, el símbolo de Costa Rica

Manuel Antuña

28 DE MARZO DE 2018

Keylor Navas es el mejor jugador de fútbol que ha ofrecido Costa Rica. No solo por ser el arquero titular del conjunto tricampeón de la Champions League o por haber sido el primer costarricense en alzar dicho trofeo, sino porque cumple a la perfección su rol en el equipo. Es de esos porteros que cometen muy pocos errores y que además los compensan con una inmutada seguridad, con sorprendentes reflejos y con excelsas tapadas a disparos que todos darían por gol. Sin embargo, como le ocurre a la mayoría de los futbolistas, Navas comenzó su carrera desde abajo.
Antes de convertirse en "San Keylor", de cerrarle el arco a Holanda en el Mundial de Brasil y de generar una iniciativa en su distrito natal para que un estadio fuese bautizado en su honor, el oriundo de San Isidro de El General fue rechazado en las inferiores de su primer club y debió hacerle frente al desafío que muchos muchachos atraviesan: abandonar el pueblo para mudarse solo a la capital en busca de un sueño, de una pasión.
A los ocho años, Keylor Antonio Navas Gamboa inició su aventura en la Institución más relevante de su provincia, el Club Municipal Pérez Zeledón. Y ya desde esa edad se veía que ese jovencito tenía un interesante potencial a desarrollar. Lamentablemente, ese primer sueño duró apenas cinco años, ya que cuando tenía 13 los dirigentes del club sureño consideraron que no tenía la calidad necesaria para llegar a la élite del fútbol local. De todas maneras, lo que más pesó a la hora de tomar aquella determinación fue la baja estatura que tenía el guardameta.
Esa primera y rotunda negativa lo golpeó fuerte al pequeño Keylor, al punto de pensar en dejar de jugar. Pero sus padres y sus abuelos lograron convencerlo de que no se rindiera. Fue así que comenzó a practicar en la Escuela de Fútbol de Pedregoso, una academia deportiva en la que jugaba localmente contra otros niños. Y fue en uno de esos partidos en los que Navas se destacó y llamó la atención de un cazatalentos del Deportivo Saprissa, uno de los clubes más importantes del país por aquel entonces. Ese hombre estaba decidido a llevárselo a la capital y, para hacerse de los servicios del jugador, abonó lo que el club dispuso: 2.000 dólares, lo que equivale a 100 pelotas de fútbol. Este fue el segundo gran reto que debió afrontar el arquero. Alejado de todos sus familiares y de sus amigos con solo 16 años, la idea de regresar a su pueblo se le cruzó por la mente, pero una de las competencias que lo ayudó a quedarse fue el Mundial sub 17 de 2003 en Finlandia. A pesar de que fue convocado, no sumó minutos y quedó como suplente de Daniel Cambronero, quien terminó quedando detrás de Navas en Brasil 2014.
Su ansiado debut en Primera se dio en 2005, cuando acompañó a la delegación del Deportivo Saprissa a Japón. Allí observó desde el banco el histórico tercer puesto que su equipo consiguió en el Mundial de Clubes. Ya en 2007, el arco de los "Morados" se había vuelto suyo, y suyo fue hasta el 2010, período en el que cosechó cuatro títulos locales.
Ya había tocado su techo con Saprissa, no había mucho más que podía conseguir. O al menos eso creía. Algunas ofertas llegaron desde México y de los Estados Unidos, pero el club las desestimó rápidamente porque no alcanzaban la cifra que tenía en mente la dirigencia. Ante esta situación, con el deseo de Keylor de cambiar de aires, Luis Gabelo Conejo, ex portero costarricense en el Mundial de Italia 1990, apareció y le recomendó al Albacete de España, club en el cual se había destacado entre 1991 y 1993, que fichara a Navas cuanto antes. Tras varias idas y vueltas de los directivos, el pase se efectuó y aterrizó en las tierras ibéricas. Allí no fue suplente, fue titular. Y con garras y dientes peleó hasta el final la permanencia del "Alba" en la Segunda División, objetivo que finalmente no consiguió.
De ahí en adelante, su historia es más conocida. Recaló en el Levante, donde empezó como suplente. Luego fue titular y pieza clave para que el club valenciano no descendiera. Y tras su inolvidable actuación en el Mundial de Brasil 2014, terminó de convencer al Real Madrid para que lo compraran. Actualmente es una grandísima figura del fútbol internacional. Pero detrás de este fascinante portero, una vez hubo un niño que decidió continuar a pesar de que le afirmaran una y otra vez, que nunca llegaría a destacarse.

Keylor Navas es el mejor jugador de fútbol que ha ofrecido Costa Rica. No solo por ser el arquero titular del conjunto tricampeón de la Champions League o por haber sido el primer costarricense en alzar dicho trofeo, sino porque cumple a la perfección su rol en el equipo. Es de esos porteros que cometen muy pocos errores y que además los compensan con una inmutada seguridad, con sorprendentes reflejos y con excelsas tapadas a disparos que todos darían por gol. Sin embargo, como le ocurre a la mayoría de los futbolistas, Navas comenzó su carrera desde abajo.

Antes de convertirse en "San Keylor", de cerrarle el arco a Holanda en el Mundial de Brasil y de generar una iniciativa en su distrito natal para que un estadio fuese bautizado en su honor, el oriundo de San Isidro de El General fue rechazado en las inferiores de su primer club y debió hacerle frente al desafío que muchos muchachos atraviesan: abandonar el pueblo para mudarse solo a la capital en busca de un sueño, de una pasión.

A los ocho años, Keylor Antonio Navas Gamboa inició su aventura en la Institución más relevante de su provincia, el Club Municipal Pérez Zeledón. Y ya desde esa edad se veía que ese jovencito tenía un interesante potencial a desarrollar. Lamentablemente, ese primer sueño duró apenas cinco años, ya que cuando tenía 13 los dirigentes del club sureño consideraron que no tenía la calidad necesaria para llegar a la élite del fútbol local. De todas maneras, lo que más pesó a la hora de tomar aquella determinación fue la baja estatura que tenía el guardameta.

Esa primera y rotunda negativa lo golpeó fuerte al pequeño Keylor, al punto de pensar en dejar de jugar. Pero sus padres y sus abuelos lograron convencerlo de que no se rindiera. Fue así que comenzó a practicar en la Escuela de Fútbol de Pedregoso, una academia deportiva en la que jugaba localmente contra otros niños. Y fue en uno de esos partidos en los que Navas se destacó y llamó la atención de un cazatalentos del Deportivo Saprissa, uno de los clubes más importantes del país por aquel entonces. Ese hombre estaba decidido a llevárselo a la capital y, para hacerse de los servicios del jugador, abonó lo que el club dispuso: 2.000 dólares, lo que equivale a 100 pelotas de fútbol. Este fue el segundo gran reto que debió afrontar el arquero. Alejado de todos sus familiares y de sus amigos con solo 16 años, la idea de regresar a su pueblo se le cruzó por la mente, pero una de las competencias que lo ayudó a quedarse fue el Mundial sub 17 de 2003 en Finlandia. A pesar de que fue convocado, no sumó minutos y quedó como suplente de Daniel Cambronero, quien terminó quedando detrás de Navas en Brasil 2014.

Su ansiado debut en Primera se dio en 2005, cuando acompañó a la delegación del Deportivo Saprissa a Japón. Allí observó desde el banco el histórico tercer puesto que su equipo consiguió en el Mundial de Clubes. Ya en 2007, el arco de los "Morados" se había vuelto suyo, y suyo fue hasta el 2010, período en el que cosechó cuatro títulos locales.

Ya había tocado su techo con Saprissa, no había mucho más que podía conseguir. O al menos eso creía. Algunas ofertas llegaron desde México y de los Estados Unidos, pero el club las desestimó rápidamente porque no alcanzaban la cifra que tenía en mente la dirigencia. Ante esta situación, con el deseo de Keylor de cambiar de aires, Luis Gabelo Conejo, ex portero costarricense en el Mundial de Italia 1990, apareció y le recomendó al Albacete de España, club en el cual se había destacado entre 1991 y 1993, que fichara a Navas cuanto antes. Tras varias idas y vueltas de los directivos, el pase se efectuó y aterrizó en las tierras ibéricas. Allí no fue suplente, fue titular. Y con garras y dientes peleó hasta el final la permanencia del "Alba" en la Segunda División, objetivo que finalmente no consiguió.

De ahí en adelante, su historia es más conocida. Recaló en el Levante, donde empezó como suplente. Luego fue titular y pieza clave para que el club valenciano no descendiera. Y tras su inolvidable actuación en el Mundial de Brasil 2014, terminó de convencer al Real Madrid para que lo compraran. Actualmente es una grandísima figura del fútbol internacional. Pero detrás de este fascinante portero, una vez hubo un niño que decidió continuar a pesar de que le afirmaran una y otra vez, que nunca llegaría a destacarse.

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