La mayor parte del plantel colombiano que va a disputar la Copa del Mundo no tenía noción de lo que pasó el 2 de julio de 1994: el asesinato de un futbolista que estuvo en el mismo lugar que están ellos actualmente.

Escobar, en la memoria de Colombia

Santiago Luli

28 DE MARZO DE 2018

Los jugadores que componen la lista de Colombia de 23 que irán a Rusia 2018 vivieron de diferente manera el 2 de julio de 1994. Por ejemplo, la actual estrella del Bayern Múnich, James Rodríguez, estaba a tan solo unos 10 de días de cumplir tres años, aunque son altas la probabilidades de que no recuerde eso.

Por su parte, el defensor del Barcelona Yerry Mina puede asegurar que no tiene imagen o sonido alguno, ya que ese día todavía seguía en la panza de su madre, mientras disfrutaba de la comodidad, la soledad y la tranquilidad que predominaba allí.

Sin embargo, Andrés Escobar, uno de los seleccionados para disputar el Mundial de Estados Unidos 1994, estaba en el lugar y en el momento equivocado: en el estacionamiento de un restaurante donde fue acribillado a sangre fría.

Muchas veces se ha alabado o condenado a un jugador de fútbol por un gol convertido o por una jugada desafortunada. Esto último es lo que le sucedió al entonces defensor de Atlético Nacional, quien hizo un gol en contra en el partido entre Colombia y el anfitrión de la Copa, encuentro que era vital para que su equipo no se despidiera del torneo, algo que sucedió una fecha después.

En cualquier país del mundo con una coyuntura en la que no predomina la violencia, ese error hubiera repercutido de una manera más tranquila, con algún agravio verbal de un fanático disconforme o alguna queja de un hincha de sillón. Sin embargo, en el país que todavía presidía César Gaviria el narcotráfico estaba en la cúspide de su desarrollo, más allá del asesinato de Pablo Escobar un año atrás, y el conflicto entre el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) seguía gravitante. En este contexto, una reacción extrema ante el autogol es chocante, pero no sorprendente.

Ese 2 de julio de 1994, Escobar había ido a un bar en Medellín, su pueblo, a tomar algo con unos amigos, y así despejar la cabeza y eludir el recuerdo de la eliminación. Allí se topó con dos compatriotas, Juan Santiago y Pedro David Gallón Henao, quienes estuvieron toda la noche burlándose por el gol en contra. Un rato después, el defensor se fue del lugar en busca de su auto para poder retirarse, pero volvió a encontrarse con esos hombres y comenzó una discusión. Nadie hubiera pensado lo que sucedió posteriormente: el chofer de los hermanos desenvainó un revólver y disparó 6 veces, liquidando al futbolista en el acto.

Varias teorías hay en torno al homicidio: algunos afirman que Pedro David y Juan Santiago estaban involucrados en el narcotráfico, otros dicen que el error en el Mundial perjudicó a las casas de apuesta, y también están los menos conspiranoicos que atribuyen el hecho como una consecuencia del cruce de insultos. Sea cual sea la razón, no justifica que a un hombre le hayan arrebatado la vida por un gol, sin importar lo que eso conlleva.

Ese trágico día para la sociedad colombiana y para el fútbol, Yerry Mina y James Rodríguez tuvieron la suerte de estar en la panza de su madre y en su casa, respectivamente. Muchos le adjudican a su Dios el estar en cierto lugar, otros creen que es la suerte, el destino, o alguna entidad superior, y también están quienes suponen que todo es causal. Lo que es seguro es que Escobar estuvo en un espacio y tiempo erróneo, en el que le quitaron la vida, pero crearon la leyenda, magnificaron su figura e hicieron que su recuerdo esté un poco más vivo cada día, y en especial en la espera a una Copa del Mundo. Porque, como dice el artista León Gieco: “todo está guardado en la memoria”.

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