Brasil, subcampeón mundial, y Hungría, campeón olímpico, se enfrentaron en un partido que iba a ser un espectáculo y terminó siendo un insulto.

La batalla de Berna en Suiza 1954

Matías Tolosa

28 DE MARZO DE 2018

FerencPuskás fue el mejor jugador del seleccionado húngaro revelación en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1951, donde ganó la medalla dorada, y en el Mundial de Suiza en 1954, en el que logró el subcampeonato, pero también tuvo su momento oscuro en el fútbol, justamente en esa Copa del Mundo en Suiza, cuando en cuartos de final Hungría derrotó a Brasil en Berna.
Aquel partido del 27 de junio de 1954 llamaba la atención de todos, eran dos equipos que jugaban de maravilla, Brasil venía de ser segundo en 1950 y Hungría era el campeón olímpico y desplegaba un juego muy vistoso. A pesar de esto, ese encuentro culminó en victoria 4 a 2 para el equipo húngaro, pero el resultado quedó en segundo plano, ya que los países protagonizaron el hecho más sucio del fútbol mundial. El desarrollo del juego fue muy friccionado, se cobraron 42 faltas, Hungría tuvo dos penales a favor y el árbitro inglés Arthur Ellis expulsó a tres jugadores, dos brasileños y uno del conjunto europeo. El conflicto se salió de control al momento del pitazo final, cuando todos los que estaban pisando el verde césped, tanto jugadores como técnicos, se pegaron sin piedad alguna en el camino hacia los vestuarios, hasta que pudo intervenir la policía.
Puskás, nombre con el que actualmente se conoce al premio que reconoce al mejor gol de la temporada, fue recordado por lo que hizo fuera de la cancha ese día, porque no ingresó al campo de juego por una lesión en su tobillo. Sin embargo, eso no le permitió estar exento de las agresiones entre ambos países, sino que todo lo contrario. El goleador húngaro le pegó un botellazo al mediocampista brasileño, Pinheiro, que salió del estadio con tres puntos de sutura en su cabeza.
Sin dudas, Brasil y Suiza marcaron ese hecho como la “Batalla de Berna” y quedará en la historia como el día en que ambos equipos insultaron a la deportividad. Arthur Ellis reconoció luego del partido que “se comportaron como bestias” y mantuvo que la FIFA, ente organizador de esa competición, no sancionó a ninguno de los dos equipos porque “algunos dirigentes tuvieron miedo de perder viajes a atractivos destinos turísticos”.

Ferenc Puskás fue el mejor jugador del seleccionado húngaro revelación en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1951, donde ganó la medalla dorada, y en el Mundial de Suiza en 1954, en el que logró el subcampeonato, pero también tuvo su momento oscuro en el fútbol, justamente en esa Copa del Mundo en Suiza, cuando en cuartos de final Hungría derrotó a Brasil en Berna.

Aquel partido del 27 de junio de 1954 llamaba la atención de todos, eran dos equipos que jugaban de maravilla, Brasil venía de ser segundo en 1950 y Hungría era el campeón olímpico y desplegaba un juego muy vistoso. A pesar de esto, ese encuentro culminó en victoria 4 a 2 para el equipo húngaro, pero el resultado quedó en segundo plano, ya que los países protagonizaron el hecho más sucio del fútbol mundial. El desarrollo del juego fue muy friccionado, se cobraron 42 faltas, Hungría tuvo dos penales a favor y el árbitro inglés Arthur Ellis expulsó a tres jugadores, dos brasileños y uno del conjunto europeo. El conflicto se salió de control al momento del pitazo final, cuando todos los que estaban pisando el verde césped, tanto jugadores como técnicos, se pegaron sin piedad alguna en el camino hacia los vestuarios, hasta que pudo intervenir la policía.

Puskás, nombre con el que actualmente se conoce al premio que reconoce al mejor gol de la temporada, fue recordado por lo que hizo fuera de la cancha ese día, porque no ingresó al campo de juego por una lesión en su tobillo. Sin embargo, eso no le permitió estar exento de las agresiones entre ambos países, sino que todo lo contrario. El goleador húngaro le pegó un botellazo al mediocampista brasileño, Pinheiro, que salió del estadio con tres puntos de sutura en su cabeza.

Sin dudas, Brasil y Suiza marcaron ese hecho como la “Batalla de Berna” y quedará en la historia como el día en que ambos equipos insultaron a la deportividad. Arthur Ellis reconoció luego del partido que “se comportaron como bestias” y mantuvo que la FIFA, ente organizador de esa competición, no sancionó a ninguno de los dos equipos porque “algunos dirigentes tuvieron miedo de perder viajes a atractivos destinos turísticos”.

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