Victor Moses atravesó una dura infancia, siendo hoy un ejemplo de resiliencia en el fútbol y en la vida.

Moses, el predicador nigeriano

Rodrigo Cervantes

28 DE MARZO DE 2018

“El futbolista merece que se lo forme para mejorarlo en su condición de ser humano”, dijo Marcelo Bielsa hace un año en un congreso sobre fútbol en Brasil. Poco tiene que ver el entrenador rosarino con Victor Moses, la figura de Nigeria para el Mundial de Rusia 2018, pero esta frase puede resumir la vida del delantero. Una historia marcada por la falta y el aprendizaje del respeto.
Moses tenía nada más que 11 años cuando perdió a sus dos padres. Un día, el chico fue a jugar al fútbol con sus amigos, tal como hacía casi todas las tardes, pero jamás pensó que jugar al fútbol le salvaría la vida. Aquella tarde, el pastor Austine Moses y su mujer Josephine fueron asesinados por una disputa religiosa entre cristianos y musulmanes.
Todavía espantado por la situación, el pequeño Moses fue apuntado como el próximo objetivo por el grupo radical de musulmanes, quienes querían acabar con toda la familia del predicador. Sus amigos lo refugiaron hasta que pudo exiliarse a Inglaterra.
Semejante cambio no podía resultar para nada simple, pero el fútbol fue el elemento que lo ayudó a recomponer su vida. Sus habilidades hicieron que se destacara en la escuela secundaria, en la cual fue observado por el club Cosmos 90 FC, un modesto equipo de la Liga de Tandridge.
En su etapa de adolescente explotaba toda su rebeldía dentro de las canchas de fútbol. Maravillaba a sus compañeros y rivales con increíbles goles, pero a veces se pasaba de la raya.
En un partido amagó al arquero contrario con un caño, le tiró un sombrerito y lo volvió a eludir para poder marcar, de manera innecesaria, su gol. El chico quedó arrodillado y rompió en llanto por semejante humillación. La madre del arquero no lo toleró y atacó a Moses con su cartera.
Estaba claro que Victor se había comportado de forma errónea y había confundido los valores que el fútbol juvenil intentaba inculcarle. Pero cuánto podía saber de esto el joven nigeriano si lo único que le mostró la vida fue la espalda. Y lo que siempre le faltó fue un poco de respeto.
Su entrenador, Tony Loizi, se puso en el rol de predicador para dejarle al chico Moses una gran enseñanza: “no importa cuán bueno seas, siempre debes ser humilde”. Esa fue la primera vez en la que al jugador le hablaron sobre el respeto. La segunda fue cuando Loizi le abrió las puertas para que llegara al Crystal Palace.
Tres años después de aquel día fatal, Moses llegaba al club londinense para continuar con su sueño de brillar en el fútbol. Posteriormente fue traspasado al Wigan Athletic y luego al Chelsea FC, uno de los equipos más importantes del mundo.
Sus grandes cualidades lo llevaron a las categorías menores de la Selección inglesa de fútbol. A pesar de haber sido el goleador en la Eurocopa Sub-17 de Bélgica 2007, había algo que a Moses no le terminaba de cerrar. Fue entonces que demostró lo que había aprendido por parte de Loizi.
Victor eligió el respeto por encima de los logros cuando decidió representar a Nigeria futbolísticamente. El pueblo nigeriano tomó esto con mucho aprecio y hoy lo admira como la gran figura que es.
En esta época se aceptan más las convocatorias de jugadores nacidos o criados en otro país. Nigeria se empieza a formar en el respeto por las enseñanzas de sus futbolistas, quienes desean hacer un gran Mundial en Rusia, siempre en base a la nobleza que los caracteriza.

“El futbolista merece que se lo forme para mejorarlo en su condición de ser humano”, dijo Marcelo Bielsa hace un año en un congreso sobre fútbol en Brasil.

Poco tiene que ver el entrenador rosarino con Victor Moses, la figura de Nigeria para el Mundial de Rusia 2018, pero esta frase puede resumir la vida del delantero. Una historia marcada por las ausencias y el aprendizaje del respeto.

Moses tenía nada más que 11 años cuando perdió a sus dos padres. Un día, el chico fue a jugar al fútbol con sus amigos, tal como hacía casi todas las tardes, pero jamás pensó que jugar al fútbol le salvaría la vida. Aquella tarde, el pastor Austine Moses y su mujer Josephine fueron asesinados por una disputa religiosa entre cristianos y musulmanes.

Todavía espantado por la situación, el pequeño Moses fue apuntado como el próximo objetivo por el grupo radical de musulmanes, quienes querían acabar con toda la familia del predicador. Sus amigos lo refugiaron hasta que pudo exiliarse a Inglaterra.

Semejante cambio no podía resultar para nada simple, pero el fútbol fue el elemento que lo ayudó a recomponer su vida. Sus habilidades hicieron que se destacara en la escuela secundaria, en la cual fue observado por el club Cosmos 90 FC, un modesto equipo de la Liga de Tandridge.

En su etapa de adolescente explotaba toda su rebeldía dentro de las canchas de fútbol. Maravillaba a sus compañeros y rivales con increíbles goles, pero a veces se pasaba de la raya.En un partido amagó al arquero contrario con un caño, le tiró un sombrerito y lo volvió a eludir para poder marcar, de manera innecesaria, su gol. El chico quedó arrodillado y rompió en llanto por semejante humillación. La madre del arquero no lo toleró y atacó a Moses con su cartera.

Estaba claro que Victor se había comportado de forma errónea y había confundido los valores que el fútbol juvenil intentaba inculcarle. Pero cuánto podía saber de esto el joven nigeriano si lo único que le mostró la vida fue la espalda.Y lo que siempre le faltó fue un poco de respeto.Su entrenador, Tony Loizi, se puso en el rol de predicador para dejarle al chico Moses una gran enseñanza: “no importa cuán bueno seas, siempre debes ser humilde”. Esa fue la primera vez en la que al jugador le hablaron sobre el respeto.

La segunda fue cuando Loizi le abrió las puertas para que llegara al Crystal Palace.Tres años después de aquel día fatal, Moses llegaba al club londinense para continuar con su sueño de brillar en el fútbol. Posteriormente fue traspasado al Wigan Athletic y luego al Chelsea FC, uno de los equipos más importantes del mundo.

Sus grandes cualidades lo llevaron a las categorías menores de la Selección inglesa de fútbol. A pesar de haber sido el goleador en la Eurocopa Sub-17 de Bélgica 2007, había algo que a Moses no le terminaba de cerrar. Fue entonces que demostró lo que había aprendido por parte de Loizi. Victor eligió el respeto por encima de los logros cuando decidió representar a Nigeria futbolísticamente. El pueblo nigeriano tomó esto con mucho aprecio y hoy lo admira como la gran figura que es.

En esta época se aceptan más las convocatorias de jugadores nacidos o criados en otro país. Nigeria se empieza a formar en el respeto por las enseñanzas de sus futbolistas, quienes desean hacer un gran Mundial en Rusia, siempre en base a la nobleza que los caracteriza.

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