Nawaf Al-Abed, con un golazo, pasó a formar parte de la historia del fúbtol mundial.

Al-Abed, el hombre récord

Dalmira San Miguel

28 DE MARZO DE 2018

Ocho de noviembre de 2009. Arabia Saudita. El reloj anuncia las 18 horas y hace 23 grados de temperatura. Se abren las puertas del Estadio Rey Fahd, cancha de Al Hilal. Los hinchas locales y los de Al Shoalah comienzan a ubicarse en sus asientos. Falta poco para que comience el partido por la Copa Príncipe Faisel bin Fahad, que comenzó a disputarse en el año 1975, organizada por la Federación de Fútbol de Arabia Saudita.
Los equipos salen al campo de juego. El estadio se viene abajo. En el cielo miles de fuegos artificiales iluminan ambas parcialidades. El delantero estrella del Al Hilal, Nawaf Al-Abed, saluda a los hinchas, se persigna y besa el escudo de su camiseta. El árbitro hace el sorteo del campo, gana Al-Abed. Acomoda la pelota en medio de la cancha y espera que el juez pite su silbato y comience el partido. Nunca imaginó que estaba a punto de convertirse en un hombre-récord.
El árbitro da por iniciado el partido. Nawaf Al-Abed no lo piensa dos veces y lanza la pelota. El balón recorre los 50 metros que separan la línea del centro del campo con la de meta, supera al arquero del equipo rival (que no se lo espera), y cae adentro del arco. Apenas dos segundos tarda la bola en chocar contra la red y convertirse en el gol más rápido de la historia del fútbol mundial.
Nawaf Al-Abed mira a sus compañeros sin poder creer lo que había pasado. Los diez jugadores del Al Hilal acompañan a Al-Abed en el festejo y comienzan a bailar. El entrenador del equipo local se toma la cabeza. El arquero de Al Shoalah queda tendido en el césped. Las hinchadas de ambos equipos son testigos del gol-récord que marcó la carrera en ascenso del jugador árabe.

Ocho de noviembre de 2009. Arabia Saudita. El reloj anuncia las 18 horas y hace 23 grados de temperatura. Se abren las puertas del Estadio Rey Fahd, cancha de Al Hilal. Los hinchas locales y los de Al Shoalah comienzan a ubicarse en sus asientos. Falta poco para que comience el partido por la Copa Príncipe Faisel bin Fahad, que comenzó a disputarse en el año 1975, organizada por la Federación de Fútbol de Arabia Saudita.

Los equipos salen al campo de juego. El estadio se viene abajo. En el cielo miles de fuegos artificiales iluminan ambas parcialidades. El delantero estrella del Al Hilal, Nawaf Al-Abed, saluda a los hinchas, se persigna y besa el escudo de su camiseta. El árbitro hace el sorteo del campo, gana Al-Abed. Acomoda la pelota en medio de la cancha y espera que el juez pite su silbato y comience el partido. Nunca imaginó que estaba a punto de convertirse en un hombre-récord.

El árbitro da por iniciado el partido. Nawaf Al-Abed no lo piensa dos veces y lanza la pelota. El balón recorre los 50 metros que separan la línea del centro del campo con la de meta, supera al arquero del equipo rival (que no se lo espera), y cae adentro del arco. Apenas dos segundos tarda la bola en chocar contra la red y convertirse en el gol más rápido de la historia del fútbol mundial.

Nawaf Al-Abed mira a sus compañeros sin poder creer lo que había pasado. Los diez jugadores del Al Hilal acompañan a Al-Abed en el festejo y comienzan a bailar. El entrenador del equipo local se toma la cabeza. El arquero de Al Shoalah queda tendido en el césped. Las hinchadas de ambos equipos fueron testigos del gol-récord que marcó la carrera en ascenso del jugador árabe.

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