Subašic y Chilavert forjaron, sin conocerse, una relación a través del ejemplo y la distancia.

El Chilavert de los Balcanes

Rodrigo Cervantes

28 DE MARZO DE 2018

Más de 11.000 son los kilómetros que separan a Luque de Zadar ¿Qué tan realista podría ser la idea que ambas ciudades se relacionen de algún modo? ¿Cuál sería el modo o la forma por la que algunos de sus habitantes tuviesen un parentesco, algo que los haga más cercanos? Y aquí aparece el fútbol, ese deporte que nunca entendió de fronteras y mucho menos de separaciones por océanos.
Lo particular de esta unión entre los habitantes paraguayos y los croatas es que se dio por dos figuras que se destacaron por sus pies y también por sus manos. Para poder entender a los protagonistas hay que viajar 20 años atrás en el tiempo, cuando los arqueros brillaban con increíbles atuendos con el número 1 o el 12 en la espalda.
En la década de los '90 aparecieron dos grandes exponentes de los tres palos, aunque jugasen en toda la cancha: el colombiano René Higuita y el luqueño José Luis Chilavert. Este último quebraba cualquier red que lo enfrentase, ya fuese una de un arco con un maravilloso tiro libre o una mediática con alguna de las tantas inolvidables frases que dejó en el fútbol argentino.
En esos años, Chilavert fue elegido tres veces como el mejor arquero del mundo y participó de una Copa del Mundo, en Francia 1998. Curiosamente, ese torneo fue el mismo en el que debutó Croacia y donde hizo su mejor participación, con un histórico tercer puesto. Fue ese Mundial el que hizo que los 11.000 kilómetros de distancia que hay entre Luque y Zadar se redujeron a cero.
Danijel Subaši?, un chico que tenía sólo 13 años, miraba aquel campeonato con el sueño de convertirse en el arquero de su país. Siempre en la vida de cada futbolista hay un torneo que marca un antes y un después, para Subaši? pudo haber sido ese Mundial de 1998 donde tuvo la posibilidad de ver y escuchar sobre el bull dog paraguayo.
Pasó el tiempo y ese chico se transformó en un arquero profesional. Sus actuaciones hicieron que fuese transferido al AS Mónaco francés, cuando todavía no era el gigante millonario de la Ligue 1, sino que peleaba en los últimos puestos de la segunda división francesa.
El 18 de junio de 2012, el Mónaco debía visitar al Boulogne. En los primeros 11 minutos hubieron dos goles, uno para cada equipo. Los minutos pasaban y todo parecía indicar que el encuentro terminaría empatado. Hasta que sucedió lo inesperado.
Promediando la hora de juego, el conjunto visitante se encontró con una gran oportunidad de marcar desde un tiro libre. Ninguno de los jugadores monegascos se animaban a patear, todos creían que ese remate estaba lejos de cualquier técnica que podían llegar a tener unos jugadores de la Ligue 2. Pero fue ese momento en el que a Danijel se le pasó una frase por la cabeza: “tú no has ganado nada”.
Esas cinco palabras fueron suficientes para que el croata tomara coraje, agarrara el balón y se animase a patear el tiro libre. Los rivales se rieron, era imposible que un portero, que ni siquiera usaba la 1 sino la 40, hiciese tal gol. Parecía un chiste, pero para Subaši? era el momento que cambiaría su carrera.
Colocó la pelota, miró al arquero rival con la mismísima mirada feroz que tenía Chilavert, reojó a la barrera que se reía ante su presencia y con el empeine de su pie derecho rompió ese muro de prejuicios que le había formado delante suyo. Mudos quedaron los hinchas del Boulogne, mudos quedaron sus compañeros, mudos se quedaron todos, menos él.
Desde ese día siguió con ese lema. “Tú no has ganado nada”. Lo repitió incansablemente hasta que consiguió el título la temporada siguiente. Pero no se quedó ahí. Le trajeron como competencia a Sergio Romero y a Maarten Stekelenburg, dos arqueros mundialistas, y él no sucumbió ante ninguno. Así fue como se quedó con su puesto y posteriormente se convirtió en uno de los cuatro jugadores que ganaron la Ligue 2 y la Ligue 1 en el Mónaco.
Hoy, Subaši? está por disputar su segunda Copa del Mundo con Croacia. Ya se ganó su experiencia en el alto nivel del fútbol internacional, se convirtió en un gran atajador de penales y admite que practica tiros libres para divertirse en los entrenamientos. Pero quién sabe si, el próximo 21 de junio, la Selección croata tiene un tiro libre contra la Argentina y a Danijel se le ocurre convertirse, una vez más, en el Chilavert de los Balcanes.

Más de 11.000 son los kilómetros que separan a Luque de Zadar ¿Qué tan realista podría ser la idea que ambas ciudades se relacionen de algún modo? ¿Cuál sería la forma de explicar el parentesco o aquello que los haga más cercanos? Aquí aparece el fútbol, ese deporte que nunca entendió de fronteras y mucho menos de separaciones oceánicas.

Lo particular de esta unión entre los habitantes paraguayos y los croatas es que se dio por dos figuras que se destacaron por sus pies y también por sus manos. Para poder entender a los protagonistas hay que viajar 20 años atrás en el tiempo, cuando los arqueros brillaban con increíbles atuendos con el número 1 o el 12 en la espalda.

En la década de los '90 aparecieron dos grandes exponentes de los tres palos, aunque jugasen en toda la cancha: el colombiano René Higuita y el luqueño José Luis Félix Chilavert. Este último quebraba cualquier red que lo enfrentara: la de un arco con un maravilloso tiro libre o la mediática con alguna de las tantas inolvidables frases que dejó en el fútbol argentino.

En esos años, Chilavert fue elegido tres veces como el mejor arquero del mundo y participó de una Copa del Mundo, en Francia 1998. Curiosamente, ese torneo fue el mismo en el que debutó Croacia y donde hizo su mejor participación, con un histórico tercer puesto. Fue ese Mundial el que hizo que los 11.000 kilómetros de distancia que hay entre Luque y Zadar se redujeran a cero.

Danijel Subašic, un chico que tenía sólo 13 años, miraba aquel campeonato con el sueño de convertirse en el arquero de su país. Siempre en la vida de cada futbolista hay un torneo que marca un antes y un después. Para Subašic pudo haber sido ese Mundial de 1998 donde tuvo la posibilidad de ver y escuchar sobre el “bull dog” paraguayo.

Pasó el tiempo y ese chico se transformó en un arquero profesional. Sus actuaciones hicieron que fuese transferido al AS Mónaco, cuando todavía no era el gigante millonario de la Ligue 1, sino que peleaba en los últimos puestos de la segunda división francesa.

El 18 de junio de 2012, el Mónaco visitó al Boulogne. En los primeros 11 minutos hubo dos goles, uno para cada equipo. Los minutos pasaban y todo parecía indicar que el encuentro terminaría empatado. Hasta que sucedió lo inesperado.

Promediando la hora de juego, el conjunto visitante se encontró con una gran oportunidad de marcar a través de un tiro libre. Ninguno de los jugadores monegascos se animaban a patear, todos creían que ese remate estaba lejos de cualquier técnica que podían llegar a tener unos jugadores de la Ligue 2. Pero fue ese momento en el que a Danijel se le pasó una frase por la cabeza: “Tú no has ganado nada”.

Esas cinco palabras fueron suficientes para que el croata tomara coraje, agarrara el balón y se animase a patear el tiro libre. Los rivales se rieron, era imposible que un portero, que ni siquiera usaba la 1 sino la 40, hiciese tal gol. Parecía un chiste, pero para Subašic era el momento que cambiaría su carrera.

Colocó la pelota, miró al arquero rival con la mismísima mirada feroz que tenía Chilavert. Observó a la barrera que se reía ante su presencia y con el empeine de su pie derecho rompió ese muro de prejuicios que le habían formado delante suyo. Mudos quedaron los hinchas del Boulogne, mudos quedaron sus compañeros, mudos se quedaron todos, menos él.

Desde ese día siguió con ese lema. “Tú no has ganado nada”. Lo repitió incansablemente hasta que consiguió el título la temporada siguiente. Pero no se quedó ahí. Le trajeron como competencia a Sergio Romero y a Maarten Stekelenburg, dos arqueros mundialistas, y él no sucumbió ante ninguno. Así fue como se quedó con el puesto y posteriormente se convirtió en uno de los cuatro jugadores que ganaron la Ligue 2 y la Ligue 1 en el Mónaco.

Hoy, Subašic está por disputar su segunda Copa del Mundo. Ya se ganó su experiencia en el alto nivel del fútbol internacional, se convirtió en un gran atajador de penales y admite que practica tiros libres para divertirse en los entrenamientos. Quizá el próximo 21 de junio, la Selección croata tenga un tiro libre contra la Argentina y tal vez sea Danijel quien se convierta, una vez más, en el Chilavert de los Balcanes.

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