La Confederación de Asociaciones Independientes de Fútbol organiza una Copa como herramienta para fomentar la inclusión.

El otro Mundial

Tomás Grasso @tomassgrasso

28 DE MARZO DE 2018

Ya no quedan dudas de que el fútbol es uno de los fenómenos sociales que más mueve a las masas. Cada cuatro años tenemos la posibilidad de verlo en su máxima expresión, cuando se disputa un Mundial organizado por la FIFA. Millones de dólares en patrocinios, calles paralizadas, un trofeo de oro de 18 quilates y 32 contendientes al título arman un combo que se vuelve una obsesión para gran parte de los habitantes de este planeta.

A veces se cree que la cita mundialista tapa todo, se comete el error de creer que es lo único que está sucediendo en el ámbito deportivo. Pero mientras todas las cámaras y los millones giran en torno a este acontecimiento, otras cosas grandiosas suceden, y que también están relacionadas con la misma actividad.

La Confederación de Asociaciones Independientes de Fútbol –CONIFA, como marcan sus siglas en inglés- organiza una Copa del Mundo para aquellos países que no cumplen los requisitos para ser afiliados a la entidad madre del deporte. Alberga a las minorías perseguidas, estados no reconocidos por las naciones unidas y las personas que sienten que por algún motivo su región cultural o religiosa los representa mejor que su país de origen. Organiza el mundial de los olvidados, con una idea principal que tiene sus bases en la inclusión, en su constitución exponen como objetivo construir puentes entre personas, naciones, minorías y regiones aisladas de todo el mundo a través de la amistad, la cultura y la alegría de jugar al fútbol. Además de trabajar para el desarrollo de miembros afiliados y compromiso con el juego limpio y la erradicación del racismo.

Algo similar con respecto a la integración sucedió el 30 de junio de 2002, cuando al mismo tiempo que se disputaba la final del Mundial de Corea y Japón entre Alemania y Brasil en el International Stadium de Yokohama ante 70 mil espectadores, en Timbú, la capital del Reino de Bután –en ese entonces tenía la misma cantidad de habitantes que capacidad el estadio japonés-, se enfrentaron los dos peores países del ranking FIFA, el local recibió a Monserrat, una pequeña isla del caribe, en lo que se apodó “la otra final”. El objetivo de este partido que se convirtió en documental era el mismo que busca la CONIFA desde que se originó en 2013, la inclusión, de hecho en aquel partido se entregó un trofeo dividido en dos partes iguales y los equipos celebraron juntos.

Al día de hoy la confederación está conformada por cuarenta y siete asociaciones divididas en cinco regiones -24 europeos, 10 asiáticos, 9 africanos, 2 norteamericanos y 2 oceánicos-. De los cuales 16 forman parte de la Copa Mundial que se disputa desde el 31 de mayo al 9 de junio y que este año se está realizando por tercera edición en Londres, teniendo como anfitrión al Seleccionado de Barawa, una ciudad portuaria al suroeste de Somalia y que está conformado por refugiados de esta región que viven en Inglaterra. Los integrantes son: Abkhazia, Armenia del Norte, Barawa, Cascadia, Chipre del Norte, Coreanos Unidos en Japón, Ellan Vannin, Kabylia, Karpatalya, Matabeleland, Padania, Panjab, Székely Land, Tamil Eelam, Tibet y Tuvalu.

La invitación del Tíbet deja a las claras que la integración es el motor del torneo. Más de un patrocinador le ha quitado su apoyo económico por la participación del mismo, asegurando que lo afectaría considerablemente en el mercado chino, aun así el equipo asiático está participando. De hecho la mayoría de los jugadores que viajaron a Londres bajo la bendición del Dalái Lama a “comportarse con compasión y mantener el honor y la dignidad del pueblo tibetano” provienen de India, Nepal y Buthán. Ninguno vive en el gigante asiático porque se instaló una idea de que aquellos que salgan del país a representar a esta región no podrán volver a casa.

Tuvalu es el único de los protagonistas que defiende la bandera de una nación aceptada por la ONU, se encuentra afiliada desde 2006 a la OFC, pero mantiene una lucha con la FIFA por su afiliación desde 1987. Lo que le permite la intervención en torneos continentales, pero no en los de carácter mundial. A pesar de que una posible obtención de la membresía del ente madre del fútbol hará que los oceánicos desistan de su activa participación en la CONIFA, cuentan con el apoyo de la misma, un claro ejemplo de que no se busca alimentar una grieta entre confederaciones sino un bien común.

El torneo tampoco es excluyente con los jugadores que disputan o hayan disputado torneos organizados por FIFA o por asociaciones que la integren. Hay varios casos de futbolistas que juegan en ligas europeas y que están defendiendo sus colores en Londres. El lituano Marius Stankevicius, que disputo la Champions League en 2010 con el Sevilla y la Europa Legue con la Sampdoria, integrará el equipo de Padania.

El norcoreano An Yong Hak disputó la Copa del Mundo de Sudáfrica en 2010 con los colores de su país de origen y está en esta edición del Mundial de los Olvidados con el conjunto de Coreanos Unidos en Japón. De hecho su arribo al país del sol naciente sucede a posteriori de su participación en el torneo más importante del mundo. Los integrantes de ese plantel que quedó eliminado en la primera fase fueron recibidos de manera hostil por el proceso dictatorial a cargo y sufrieron castigos por “traicionar la confianza del Jefe de Estado y deshonrar la nación”, solo dos jugadores se salvaron de estar parados en posición firme frente al Palacio de Cultura Popular de Pyongyang durante seis horas: el ya mencionado opto por emigrar a territorios nipones, donde se constituyó en la comunidad que hoy representa, y el delantero Jong Tae-se que lloró al escuchar el himno en el primer encuentro.

La institución en cuestión entendió que el fenómeno social que genera el deporte madre en la Tierra se podía utilizar como una herramienta efectiva para transmitir valores. Y en eso basa su accionar, el torneo tuvo un crecimiento exponencial en esta edición. Hay más de cien medios acreditados para cubrirlo incluidas las publicaciones más importantes del mundo, y desde los equipos se baja la misma línea, la competencia es la excusa, se muestran felices aún en la derrota, el fin es dejar un mensaje de inclusión y la tarea está cumplida.

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