Aunque esta nación posee una gran liberación del género femenino, aún así mantiene una constante persecución, política y social, hacia las lesbianas, los gays, los bi, les trans, les intersexuales y les queers; sin embargo, hay un grupo que lucha para erradicar esto.

Túnez: El país feminista contra la LGBTIQ-fobia

Tatiana Milani @tatmilani

28 DE MARZO DE 2018

Túnez es reconocido mundialmente como el estado árabe y musulmán que más derechos a las mujeres le otorga. Ellas, gracias al Código de Estatus Personal promulgado en 1956 por el presidente Habib Bourguiba, tienen la voluntad para decidir si se divorcian, abortan, votan, postulan a cargos públicos, crean empresas y exigen salarios igualitarios al de los hombres. Además existe una la Ley Electoral que establece que en las candidaturas de los partidos políticos debe haber una paridad de género, lo que obliga a cada uno de estos a incorporar mujeres para que ocupen grandes puestos gubernamentales.

Sin embargo, hay otras comunidades dentro del territorio africano que no obtienen esta misma liberación. Por ejemplo, en el Código Penal se encuentra el artículo 230 que castiga las relaciones homosexuales con una condena de hasta tres años en la cárcel. El año pasado 66 personas fueron arrestadas y 196 se encuentran actualmente entre rejas por este hecho considerado como delito. No obstante, en septiembre, hubo un avance: las autoridades se comprometieron a no aplicar los test anales para averiguar si un hombre es gay luego de que la ciencia desmintió su validez y las organizaciones de derechos humanos lo consideraran una tortura.

El colectivo LGTBIQ+ de Túnez no se queda callado frente a estas atrocidades. A fines del 2017 y principios del 2018, hubo dos acontecimientos comunicacionales que ayudaron a visibilizar lo errado que es vivir bajo este tipo de leyes: uno fue la creación de una radio online que combate la homofobia y el otro fue la organización de un festival de cine que emitió cortometrajes y mediometrajes con el objetivo de informar que ellos son personas diversas, pero que existen y las diferencias sí son bienvenidas.

El 19 de diciembre del año pasado se inauguró la transmisora “Shams Rad”, que tiene programas de índole cultural, artístico y de actualidad, pero lo más importante es que revelarán testimonios personales para contar la situación actual de las personas discriminadas por su distinción sexual. Una de las principales presentadoras es Amina Sboui quien ya es conocida por el ambiente feminista y revolucionario debido a que en 2013 fue la primera mujer árabe y musulmana en protestar con el pecho al descubierto al grito de “mi cuerpo me pertenece”.

Aunque la transmisora no fue bien recibida por algunos de los tunecinos ya que, según el director general Bouhdid Belhadi, recibieron más de 3 mil amenazas e insultos, además de un intento de pirateo. Además, el Consejo Sindical de Imanes y Miembros de Mezquitas demandó a Shams, argumentando que constituye un peligro inminente para los valores y la identidad religiosa y social de la población. Incluso llegaron a afirmar que la asociación pretendía defender “la delincuencia sexual”. Sin embargo, ésta continúa con su emisión porque creen en sus convicciones y no van a abandonar la lucha aunque los intimiden.

La otra iniciativa para la defensa de los derechos de la comunidad LGBTIQ+ fue el Festival de Cine Queer Mawjoudin, realizado entre el 15 y el 18 de enero de este año. Éste fue desarrollado por una organización no gubernamental llamada igual que el evento que significa “nosotros (también) existimos”. Todas las películas que se proyectaron fueron producidas en Túnez y retratan hechos referidos a la sexualidad, identidad y afiliación de género. Los organizadores de la exposición saben que cuando se quieren combatir los tabúes y las costumbres conservadoras que generan exclusión en alguna sociedad, sumado a la pelea por la visibilización política, el arte es un vehículo poderoso para acceder a las mentes de la ciudadanía.

En esta realidad viven los jugadores de la Selección Tunecina de Fútbol Masculino; con su parte correcta, la libertad de las mujeres, y su parte incorrecta, la persecución a las personas que son diversas sexualmente. Sin embargo, todos juntos persisten en el combate por la independencia de cada uno de ser como quiere ser y no tenerle miedo a eso.

Túnez es reconocido mundialmente como el estado árabe y musulmán que más derechos a las mujeres le otorga. Ellas, gracias al Código de Estatus Personal promulgado en 1956 por el presidente Habib Bourguiba, tienen la voluntad para decidir si se divorcian, abortan, votan, postulan a cargos públicos, crean empresas y exigen salarios igualitarios al de los hombres. Además existe una la Ley Electoral que establece que en las candidaturas de los partidos políticos debe haber una paridad de género, lo que obliga a cada uno de estos a incorporar mujeres para que ocupen grandes puestos gubernamentales.
Sin embargo, hay otras comunidades dentro del territorio africano que no obtienen esta misma liberación. Por ejemplo, en el Código Penal se encuentra el artículo 230 que castiga las relaciones homosexuales con una condena de hasta tres años en la cárcel. El año pasado 66 personas fueron arrestadas y 196 se encuentran actualmente entre rejas por este hecho considerado como delito. No obstante, en septiembre, hubo un avance: las autoridades se comprometieron a no aplicar los test anales para averiguar si un hombre es gay luego de que la ciencia desmintió su validez y las organizaciones de derechos humanos lo consideraran una tortura.
El colectivo LGTBIQ+ de Túnez no se queda callado frente a estas atrocidades. A fines del 2017 y principios del 2018, hubo dos acontecimientos comunicacionales que ayudaron a visibilizar lo errado que es vivir bajo este tipo de leyes: uno fue la creación de una radio online que combate la homofobia y el otro fue la organización de un festival de cine que emitió cortometrajes y mediometrajes con el objetivo de informar que ellos son personas diversas, pero que existen y las diferencias sí son bienvenidas.
El 19 de diciembre del año pasado se inauguró la transmisora “Shams Rad”, que tiene programas de índole cultural, artístico y de actualidad, pero lo más importante es que revelarán testimonios personales para contar la situación actual de las personas discriminadas por su distinción sexual. Una de las principales presentadoras es Amina Sboui quien ya es conocida por el ambiente feminista y revolucionario debido a que en 2013 fue la primera mujer árabe y musulmana en protestar con el pecho al descubierto al grito de “mi cuerpo me pertenece”.
Aunque la transmisora no fue bien recibida por algunos de los tunecinos ya que, según el director general Bouhdid Belhadi, recibieron más de 3 mil amenazas e insultos, además de un intento de pirateo. Además, el Consejo Sindical de Imanes y Miembros de Mezquitas demandó a Shams, argumentando que constituye un peligro inminente para los valores y la identidad religiosa y social de la población. Incluso llegaron a afirmar que la asociación pretendía defender “la delincuencia sexual”. Sin embargo, ésta continúa con su emisión porque creen en sus convicciones y no van a abandonar la lucha aunque los intimiden.
La otra iniciativa para la defensa de los derechos de la comunidad LGBTIQ+ fue el Festival de Cine Queer Mawjoudin, realizado entre el 15 y el 18 de enero de este año. Éste fue desarrollado por una organización no gubernamental llamada igual que el evento que significa “nosotros (también) existimos”. Todas las películas que se proyectaron fueron producidas en Túnez y retratan hechos referidos a la sexualidad, identidad y afiliación de género. Los organizadores de la exposición saben que cuando se quieren combatir los tabúes y las costumbres conservadoras que generan exclusión en alguna sociedad, sumado a la pelea por la visibilización política, el arte es un vehículo poderoso para acceder a las mentes de la ciudadanía.
En esta realidad viven los jugadores de la Selección Tunecina de Fútbol Masculino; con su parte correcta, la libertad de las mujeres, y su parte incorrecta, la persecución a las personas que son diversas sexualmente. Sin embargo, todos juntos persisten en el combate por la independencia de cada uno de ser como quiere ser y no tenerle miedo a eso.

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