Rusia 2018 será la primera Copa del Mundo donde haya más selecciones del continente africano pertenecientes al Norte: Túnez, Egipto y Marruecos. Nigeria y Senegal serán las dos restantes. 

La mayoría será de África del Norte, por primera vez

Joaquín Arias

28 DE MARZO DE 2018

No está puesto en cuestión, a diferencia de América, que forman parte del mismo continente. No hay océano que los separe pero sí un desierto del tamaño de más de un millón de canchas de fútbol -el de Sahara-. Al norte, África Septentrional o Magreb, donde la etnia berebere que habla árabe y profesa el islam es la que predomina; al sur, África Subsahariana, en la que prevalece la raza negra, la que comprende el desarrollo humano más bajo del mundo de acuerdo al último índice de la Organización de las Naciones Unidas pero en la que, al mismo tiempo, “se vive desde principios del siglo XXI un nuevo ciclo esperanzador, de crecimiento económico”, como lo resalta Diego Buffa, Director del Programa de Estudios Africanos de la Universidad Nacional de Córdoba, en la revista África: conflictos y esperanzas.

El fútbol, deporte más popular del continente, no es ajeno a los contrastes. Mientras que encima del Sahara la pelota fue diseminada por los soldados europeos a fines del siglo XIX, debajo fueron los misioneros, también europeos y también en el último tramo del siglo XIX, quienes la desplegaron. ¿Cuánto habrán injerido estas huellas históricas, además de tantos otros factores como por ejemplo el peso que la escuela europea tuvo y tiene en las selecciones del Norte pero no en las del Sur, en el hecho de que los conjuntos del África árabe hayan jugado y jueguen un fútbol con mayor rigurosidad táctica mientras que los del África negra uno sustentado en la técnica y la opulencia física de sus jugadores?

Hace algunos lustros el trono continental fue ocupado por George Weah, único jugador africano en obtener el Balón de Oro y actual presidente de Liberia. Hace unos años fueron Didier Drogba, Samuel Eto'o y Yaya Touré quienes dejaron su sello en él. Todos ellos oriundos de algún rincón de África del Sur. En 2016 y 2017, en cambio, fueron Riyad Mahrez primero, y Mohamed Salah luego, los elegidos como el futbolista africano del año. Ambos con el valor agregado de haber sido los mejores de la Premier League. Ambos, con raíces afroárabes.

La emergencia de figuras de tal jerarquía (además de otras con menos renombre como Mehdi Benatia, Nabil Dirar o Mohamed Elneny) puede ser entendida como una de las causas más preponderantes de que por primera ocasión desde Francia 1998, edición en la que FIFA concedió a África cinco plazas mundialistas, haya supremacía de países de la región del Magreb. Egipto, Marruecos y Túnez serán los representantes nórdicos; Nigeria y Senegal, los subsaharianos.

Francisco Jáuregui, periodista especializado en el fútbol africano, aporta: “Las buenas generaciones de jugadores de las selecciones del Magreb fueron acompañadas de buenos entrenadores. A Argelia (que cuenta con Mahrez y que obligó a Alemania a jugar tiempo extra en los octavos de final de Brasil 2014) le tocó un grupo final muy difícil: Nigeria, Camerún (siete veces mundialista, récord del continente) y Zambia (campeón de la Copa Africana en 2012)”. A propósito de los directores técnicos mencionados, los tres ya habían gozado de experiencia en algún seleccionado. Héctor Cúper, de Egipto, había comandado a Georgia; Hervé Renard, de Marruecos, a Zambia, Angola, Costa de Marfil y Ghana (a este último como asistente); mientras que Nabil Maâloul, de Túnez, a Kuwait.

Además, actualmente son mayoría los jugadores que nacieron en alguna nación de Europa, se desarrollaron futbolísticamente allí con la impronta de la escuela europea y ahora representan a selecciones de África del Norte por ascendencia. Por ejemplo, 10 titulares de Marruecos en la victoria amistosa ante Serbia por 2 a 1 el 23 de marzo nacieron del otro lado del Mediterráneo.

Históricamente las naciones del África Septentrional han tenido ligas locales más fuertes que las del sur del Sahara pero el profesionalismo fue limitado allí hasta hace unas décadas y, a su vez, los cazatalentos europeos se dirigían en busca de la potencia, la velocidad y la destreza de niños y adolescentes de raza negra. Esa búsqueda fue potenciada e intensificada producto del primer gran hito africano en los Mundiales: los cuartos de final alcanzados por Camerún en Italia 1990. Luego Senegal y Ghana repitieron el logro en 2002 y 2010, respectivamente. Bajo la promesa de un futuro distanciado de la pobreza, la migración hacia al Viejo Continente fue y sigue siendo recurrente.

El norte y el sur contienen una palabra en común: África. Y ese continente tapizado de diferencias que nunca dejó de ser uno solo, volverá a latir de arriba a abajo una vez más a partir del 14 de junio. Esta vez, con mayoría de arriba. Por primera vez.

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