Después del Mundial de 2007, el rugby comenzó a crecer en Argentina. Mariano Romanini y Gaspar Baldunciel, jugadores de Argentina XV, le cuentan a El Equipo la transición de la selección juvenil a la mayor.

Camino a ser Puma

Marianela Balinotti, Agustí Charriere, Valentín Cherny, Bruno Dupuy, Alfredo Malagón y Daniela Simón

28 DE MARZO DE 2018

Todo jugador que haya pasado por Los Pumas tuvo sus inicios en las categorías nacionales inferiores, Los Pumitas. En el ejemplo, Juan Martín Hernández, Felipe y Manuel Contepomi, Agustín Pichot e Ignacio Corletto: sostenes del mejor equipo Puma histórico.

La transición de Pumita a Puma no es sencilla. “Es un escalón gigante, donde la mayoría suele quedarse en el camino”, explica Mariano Romanini, segunda línea de Argentina XV o ‘Pumas B’, como se lo denomina en la jerga rugbística.

Por otro lado, Gaspar Baldunciel empezó a jugar al rugby en el Club Asociación Alumni a los diez años, sin embargo fue a los 16 cuando se lo empezó a tomar con más seriedad. “Yo pensaba que jugaba bárbaro y no podía entrar en la categoría ‘A’ de mi club (M16), hasta que un día me metieron en el entretiempo y entré a tacklear a todo lo que se me cruzaba. Desde ese día no me moví del primer equipo”, dijo el deportista becado por la Unión Argentina de Rugby.

“Todos los jugadores que llegan a los seleccionados tienen condiciones, pero en Romanini y Baldunciel era distinto. No se conformaban con nada y eso en un pibe de 17 años es muy difícil”, recordó Lucas Chiocarelli, quien fue entrenador de ambos jugadores años atrás en el seleccionado sub-18 de la URBA. ”Se les notaba pasta para llegar lejos, pero pensé que a Gaspar le iba a jugar en contra su personalidad eufórica. Hizo un trabajo de maduración impecable”, añadió.

En 2009 se instrumentó el Plan de Alto Rendimiento de la Unión Argentina de Rugby (PlaDAR), conformado por centros ubicados en distintas regiones, con bases en Tucumán, Mendoza, Córdoba, Rosario y Buenos Aires. Fue fundamental porque los jóvenes rugbiers pasaron a entrenar un mínimo de tres veces por semana y hasta un año antes de los mundiales juveniles.

Con menos de 18 años, los jugadores conviven con la presión de formar parte de la URBA, el seleccionado juvenil más importante de Argentina, jugar en el propio club y terminar el secundario. Por eso hay un porcentaje de jóvenes que abandonan el deporte. “El rugby de alto nivel obliga a los pibes a hacerse hombres de la noche a la mañana”, explicó Chiocarelli.

Una vez ingresado el jugador en el ‘Sistema URBA’, comienza a ser observado por los captadores de talentos de la Selección Mayor y de Jaguares. Gaspar Baldunciel fue llamado a los pocos meses de competición, a diferencia de la gran cantidad de compañeros que no recibieron ni reciben nunca el llamado.

El primer entrenamiento siempre es el mejor, dicen. Aunque para Baldunciel no fue así. “Entré cebado al final me terminé cagando a trompadas con todos. Me dijeron que la pelota no era lo único importante y que no podía seguir así. Me hicieron abrir los ojos”, explicó el hooker. Al poco tiempo ya formaba parte del equipo titular de Pumitas. Viajó a su primer torneo, el 4 Naciones, como capitán del equipo. “Me dieron la cinta para que me calmara un poco, no podía mantener el comportamiento vehemente que tenía años anteriores en el club”, relató.

Lejos de la imagen en la que se suele entablar al rugby como deporte únicamente físico, lo mental también juega un papel fundamental. “No se hacen trabajos con psicólogos, pero muchas veces los entrenadores cumplen su función y te ayudan a darte cuenta dónde estás parado”, contó Romanini. “La terapia en rugby sirve si es dentro de la cancha. No hay nada mejor que dejar a la pelota hacer su labor psicológica”, agregó el exentrenador.

“La mayor diferencia entre los seleccionados y los clubes es que en los clubes te entrenan para jugar los fines de semana y los seleccionados para tu destreza personal a la hora de salir a la cancha”, explicó Baldunciel.

Si bien el rugby siempre estuvo atrasado en la Argentina, el mundial 2007, en Francia, fue un punto de inflexión para que comenzara a crecer como deporte popular. Por primera y única vez en la historia, Los Pumas finalizaron con la medalla de bronce colgada al cuello. Pelearon de igual a igual frente a las potencias mundiales europeas y del Sur, con la pequeña diferencia que el deporte en el país no era profesional.

Con la ayuda del excapitán Agustín Pichot, que al retirarse después del mundial decidió abarcar su vida como dirigente del rugby argentino en el plano internacional, Argentina pudo posicionarse internacionalmente y desarrollarse puertas adentro. Con este fin, en 2009 el rugby encaró un profundo proceso de transformación para poder insertarse en la más alta competencia.

A sólo diez años del bronce, el rugby argentino no paró de crecer. Pasó a tener jugadores profesionales y becados, flamantes equipos (Pampas, Argentina XV Y Jaguares) y nuevos torneos de mayor nivel competitivo, como el Rugby Championship, Super Rugby, Americas Rugby Championship, entre otros. La UAR se mudó a un edificio propio, aumentó su personal y estableció fuertes alianzas con las televisaciones y con sus auspiciantes. Crecimiento cuyo período no fue ni va a ser fácil, pero en donde los resultados están a la vista.

Durante el proceso, Los Pumas llegaron a cuartos de final en Nueva Zelanda 2011 y fueron cuartos en el mundial siguiente, Inglaterra 2015. También hubo un segundo puesto en un mundial de Seven y dos semifinales con el seleccionado juvenil.

Los Pumitas viajaron en 2015 a Italia a jugar el mundial y finalizaron en el octavo puesto, mientras que al año siguiente terminaron terceros. “La gran diferencia entre un mundial y otro fue que para el 2016 dejamos las individualidades de lado y nos concentramos en el equipo. Eso en Italia no pasó”, expresó Baldunciel.

La partida de los seleccionados juveniles es inminente ya que es únicamente hasta los 20 años. No obstante, un gran porcentaje del plantel se traslada para formar parte de Argentina XV, un paso previo a ser Puma, aunque muy pocos logran dar el gran salto.

Si bien las ilusiones de los rugbiers no cesan, Gaspar Baldunciel sabe que para ser Puma tiene un arduo camino por recorrer: “Soy consciente que en mi puesto están delante mío el capitán (Agustín Creevy) y el sub-capitán del equipo (Julián Montoya). La tengo jodida, pero tengo que estar preparado”.

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