El ex rugbier, Juan Manuel Aleman, encontró en el referato la manera de seguir disfrutando del deporte pese a los golpes que le dio la vida.

Try de perseverancia

Gonzalo Llerena @gonzalo_llerena

28 DE MARZO DE 2018

“A los 22 años tuve que dejar de jugar al rugby debido a una serie de golpes en la cabeza y conmociones cerebrales”, afirma Juan Manuel Aleman, actual árbitro de primera de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA), que vive en Bella Vista, en el norte del Gran Buenos Aires. Comenzó como árbitro de primera en 2015 en el partido que jugaron Atlético del Rosario y el San Isidro Club (SIC) por el Top 14 de la URBA. “El día de mi debut sentí una emoción increíble. Me acordé de los golpes, de mi familia y en especial mi viejo. Los primeros quince minutos estuve muy exaltado, pero luego entré en partido”, recuerda.

Los primeros accidentes en el rugby llegaron cuando era muy joven.“En menores de 17 años tuve mi primer conmoción cerebral, cuando enfrenté a Banco Nación y a los 20, en el plantel superior, tuve un par de golpe más”, cuenta el ex jugador del Hurling Club, en referencia a la serie de choques que sufrió a lo largo de su carrera jugando para el verde.

A cada golpe que el ex centro recibía, le seguía una recuperación más prolongada. “Siempre que estaba listo para jugar, el día del partido volvía a lastimarme. El último golpe me demandó un año de recuperación y cuando volví, nuevamente me choqué la cabeza”, explica quien hoy es estudiante de Recursos Humanos en la Universidad de Morón.

Aleman admite que técnicamente ponía mal la cabeza en el tackle:“Se tacklea con el hombro y alejando la cara. Tengo los dos tímpanos perforados de tanto chocar la cabeza”. Y comenta:“Dejar el rugby fue un puñal en el corazón. ¿Cómo le decís a un adolescente que todo lo que había soñado desde chiquito, no lo iba a poder volver a hacer?”.

Todos aquellos sueños y aspiraciones que el ex jugador tuvo durante su niñez y adolescencia fueron desapareciendo con cada impacto en la cabeza. Su rol en el club, sus amigos, sus compañeros, la gente conocida y su familia marcaron su vida por el deporte. “Mi viejo murió de cáncer cuando yo tenía 12 años y fue él quién me llevó por primera vez a jugar al rugby cuando tenía cinco”, recuerda Alemán respecto al dolor que sentía de no poder seguir practicando el deporte que aprendió en la niñez.

Por otro lado, el ex rugbier contó que fue su tío, Pablo Aleman, también réferi, el que lo convenció para que hiciera el curso de árbitro, ya que no podría volver a jugar: “Se acercó y me convenció de que hay otras maneras de vivir el deporte. Realmente fue algo renovador”.

Y sigue con sus reconocimientos: “Osvaldo Ciarrocchi fue quién me formó como réferi. Gracias a él volví a sentir al rugby de la manera que lo hacía cada vez que entraba a jugar. Volví a los entrenamientos del club, pero para ayudar a explicar jugadas y faltas técnicas”, afirma respecto de cómo el ex director de formación de árbitros de la URBA lo ayudó a apasionarse nuevamente con el rugby y formar parte de este deporte desde otro lado.

“Estoy seguro que en el rugby la mayoría de los jugadores no saben las reglas. Saben jugar, pero no entienden por qué el árbitro cobra lo que cobra”, aclara el joven de 28 años, respecto a la poca información que tienen los jugadores sobre los fallos arbitrales.

Además de referí, el ex rugbier es empleado en el Comité Organizador para los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018 de Buenos Aires. Afirma que su referente es el ex árbitro nacional e internacional Pablo Deluca, y que su sueño es poder participar de un mundial. “Hay que ir paso a paso. Aun no me siento con la suficiente experiencia para dirigir una final del Top 14, hay árbitros mejores y con más rodaje. En 5 años me gustaría poder referear partidos de índole internacional”, concluye.

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