Con hiyab, pero sin fútbol. De cómo el género femenino en Arabia Saudita de no tener voto universal, pasa a presenciar partidos de fútbol que antes tenían prohibidos. De cómo la lucha de las mujeres abre caminos y cómo el deporte es herramienta para cambiar la realidad.

Feministas en el mundo

Magalí Robles @maguirobles2

28 DE MARZO DE 2018

Arabia Saudita: van, pero no votan

En Arabia Saudita existen sectores separados para hombres y mujeres con el fin de evitar todo contacto entre los sexos opuestos. Sin embargo, el pasado 12 de enero en el país se disputó el primer partido de fútbol en el que se les permitió a las mujeres presenciarlo junto al público, aunque sólo en “secciones familiares”, alejadas del resto de los hombres. Ahora se escucha su voz en los estadios, sí, pero con los rostros tapados.

El país es uno de los dos estados en el mundo en los que todavía no existe sufragio universal -el otro es Ciudad del Vaticano, donde la única elección que hay es la del Papa, en la que sólo votan los cardenales-, recién en 2015 se realizó la primera elección -aunque municipales- en la que a las mujeres se les fue permitido votar y postularse para un cargo.

Afganistán: pionera del fútbol femenino

Afganistán es un país liderado por hombres. Sin embargo, Khalida Popal es la mujer que lucha para transformar esa realidad, y lo hace mediante el deporte. En 2007 se convirtió en la primera mujer capitana de la Selección Nacional de Fútbol Afgana. Popal cree que el deporte es la herramienta para lograr la igualdad de género y poner fin a la violencia contra las mujeres.

“Mi madre me enseñó a jugar al fútbol y al principio jugaba para divertirme. Pero pronto empecé a enfrentarme a la oposición tanto de mujeres como de hombres”, manifestó Popal en una entrevista en la web de ONU Mujeres. “Las profesoras y los profesores me echaban de clase porque jugaba al fútbol. Pero, si los hombres juegan al fútbol, ¿por qué no lo pueden hacer las mujeres?”, recordó.

En Afganistán, el fútbol se considera un deporte para hombres; incluso, a las mujeres que lo practican se las llama prostitutas. Es un pensamiento errado que no sucede solamente en Asia.

La FIFA, por su parte, destaca su convicción frente a aquellos que aseguraban que el fútbol no era para mujeres: “Gracias a ella, cambió la forma en la que la población afgana miraba el fútbol”.

A pesar de ello, Popal recibió amenazas de muerte desde que inició su lucha en 2007 y está ahora exiliada en Dinamarca.“Tuve que escoger entre mi familia y seguir viva. Me fui de mi país. Fue la decisión más difícil. Soy una mujer y soy fuerte. No me callarán”,aseguró.

El objetivo era que renunciara, y lo hizo en 2011. Sin embargo, manifestó que seguirá trabajando por el fútbol femenino de Afganistán: ahora es la directora de organización de la Selección Afgana de Fútbol, coordina actividades y organiza desde la distancia diferentes acontecimientos que tienen lugar en su país. Y las mujeres en Afganistán juegan al fútbol, pero con camisetas con hiyab.

Irán: free to run

Katherine Switzer fue mucho más que la primera mujer en correr una maratón. Era 1967 y se vivía una época en la que los hombres no creían a las mujeres capaces de correr más de 2 kilómetros. Se equivocaron. Switzer se inscribió para correr la maratón de la ciudad de Boston, y lo logró.

No había nada escrito sobre el género de los corredores en el reglamento, tampoco en el formulario. Donde sí estaba escrito era en el pensamiento machista de los hombres.

A partir de allí, organizaron más de 400 carreras en 27 países, hasta que lograron incluir el maratón femenino en los Juegos Olímpicos, en 1984. La imagen de Katherine Switzer es aún hoy un ejemplo de lucha. Sin embargo, en Irán, aún medio siglo después, es ilegal que hombres y mujeres hagan deporte juntos.

En 2017 se realizó la primera maratón en Teherán -capital de la República de Irán-. De los 600 inscritos en la carrera, 160 eran mujeres. Y se les avisó a último momento que no podrían participar, o serían arrestadas por “delito religioso”.

Pero no se rindieron. Siguieron el ejemplo de esa mujer que unos 50 años atrás había desafiado las leyes machistas. Con Free to Run como consigna -la asociación que lucha por promover el deporte entre mujeres y niñas iraníes-, protestaron.

Finalmente, la organización les permitió participar en la carrera de 10 kilómetros, pero sin completar la maratón. Incluso se les puso como condición también llevar ropa “adecuada”: pantalón, manga larga y hasta hiyabs en el pelo.

Con la figura de Switzer como bandera, la recordaron. A partir de ese recuerdo, surgió una idea: crearon su propio maratón hasta alcanzar los 32 kilómetros, para finalizar la carrera uniéndose a los 10 kilómetros finales junto a los hombres. De esa manera, llegaron a la meta.

Hay una historia escrita por los vencedores. Pero existe otra, y las mujeres la están escribiendo.

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