Pensar al deporte, la política, y Santiago Maldonado como calles paralelas que no se cruzan, es perderse una parte de la historia. Por eso, El Equipo se metió en algunos de los tantos casos en el que el fútbol pidió por la aparición con vida de Maldonado.

Santiago Maldonado: una caricia en forma de pelota

Germán Trucchi y Julián Princic

28 DE MARZO DE 2018

Son las 15.50 y en el Nuevo Gasómetro se respiran aires de alivio porque la pelota vuelve a rodar. Pero esta vez, el deporte se sale del libreto y le estrecha su mano, aún renegando de los directores de la obra, a una causa que trasciende a los noventa minutos.

La Comisión de Derechos Humanos de San Lorenzo exhibe una bandera que exige la aparición inmediata con vida de Santiago Maldonado. Deja de ser relevante, por lo menos por un rato, si el Pipi Romagnoli es titular o suplente o si Nico Blandi hará dos goles en la tarde soleada que enfrenta a cuervos y académicos. La importancia radica en que aparezca sano y salvo el joven desaparecido hace un mes.

El reloj continúa su curso. Ya son las ocho de la noche y la pregunta sigue estando pero no la muestran. Las lentes de las cámaras se distraen con nimiedades mientras hay un partido más importante que el de Temperley - River. Y ese partido, que los once del Gasolero también quieren jugar, aún no se define porque todavía nadie sabe dónde está.

Algunos fotógrafos no gambetean la verdad y retratan la imagen que recorrerá el mundillo del fútbol. El Celeste sostiene la bandera que le proveyó el Sindicato de Prensa de Buenos Aires en silencio. De fondo, la gente acompaña y se aúna en silencio al grito de justicia.

En la previa al partido con Uruguay por las eliminatorias sudamericanas, Jorge Sampaoli, el director técnico de la Selección Argentina, se sienta frente a los medios y pone la pelota debajo de la suela de sus ideales y valores. Aún no sabe que, en algunas horas, empatará con los charrúas en el Centenario. Sin embargo, el foco, para Sampaoli, pasa por otro lado. Vestido con la indumentaria de la celeste y blanca, escucha la pregunta y hace una pausa ante tanta vorágine y expectativa por sus palabras. Habla de Santiago Maldonado y los desaparecidos. Rememora su adolescencia, 1976 y los militares y pide que haya un argentino más para poder abrazar en cada gol albiceleste.

Nahuel Guzmán, uno de los arqueros de la Selección, suele salirse del manual del futbolista casetero. Ataja los prejuicios del jugador de fútbol ignorante que solo va detrás del dinero y se mete de lleno en lo que considera necesario. El 24 de marzo pasado presentó sus guantes con la insignia: "Memoria, verdad y justicia". Ahora, en la previa al partido con los charrúas, llegó a Ezeiza con una remera negra que hacía brillar las letras blancas. "Dónde está Santiago?", volea Guzmán directo al área del inconsciente colectivo.

El pedido de justicia no entiende de categorías. En Banfield, exigen desde la tribuna y las cámaras no pueden esquivar el trapo. En Platense, otra bandera se pasea en vísperas del partido y la cuestión es siempre la misma: ¿dónde está?

Fútbol, política de lo impensado. El reclamo es un pelotazo a espaldas de los que no quieren que el bolo termine en esa red hilvanada con las rastas de un pibe que no está.

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