Eva Analía de Jesús -Higui- salió en libertad el 12 de junio tras varios meses de estar presa por haber matado a su agresor, cuando intentaba violarla. Su ídolo, René Higuita, y por quien heredó su apodo, también estuvo preso. El Equipo repasa la historia de una fanática del fútbol que sufrió discriminación en su barrio, durante toda su vida, y la pelota la ayudó a ganar la batalla.

La que se hizo escuchar, a los pelotazos

Gustavo Gallardo

28 DE MARZO DE 2018

José René Higuita Zapata marcó una época. Desde el arco inspiró millones de sentimientos, amores y odios. En Argentina, se ganó la admiración de Eva Analía de Jesús o “Higui”, que fue conocida así a partir de su marcado fanatismo por el arquero colombiano que inventó el Escorpión y fue el responsable de un cambio en el reglamento que marcó una época para los arqueros.

Higui es lesbiana, tiene 43 años, se gana la vida limpiando y en su tiempo libre juega al fútbol. Como alguna vez le pasó a René, estuvo presa, aunque por otros motivos. Desde el 16 de octubre de 2016 hasta el 12 de junio de 2017 cumplió prisión preventiva por defenderse de un intento de violación y matar a su agresor, en Bella Vista, muy cerca del partido Bonaerense de San Miguel, en donde vive.

Para el secretario general de la Fiscalía de San Martín, Ignacio Correa, nunca se descartó que haya actuado en legítima defensa, pero “no había pruebas”. Algo más que difícil de conseguir, teniendo en cuenta que los testigos eran quienes acompañaron a Cristian Rubén Espósito en el intento de violación y, además de negar todo, rebajaron a la víctima, mientras estaba privada de su libertad: “¿Quién te va a querer violar a vos, fea?”.

El cuchillo que Higui llevaba entre la ropa era para defenderse, porque los ataques por su orientación sexual eran moneda corriente en su barrio y no podía estar tranquila. Fue apedreada, robada e insultada constantemente por su condición.

Esa noche, después de salir del departamento de unos amigos, fue reducida y atacada. Después de que le rompieron el pantalón para penetrarla, reaccionó y el puntazo fue lo último para Espósito, que murió horas después. El resto es historia: las fotos de la noche en que cayó presa, que muestran los golpes que recibió en el intento de violación grupal, no están y su historia se propagó tanto como se pudo en una sociedad en la que los titulares en los medios no suelen ser para casos como el suyo.

Higuita estuvo preso más de seis meses por actuar como mediador en un secuestro relacionado con el mundo del narcotráfico, más precisamente con Pablo Escobar, a quién había visitado en calidad de amigo en La Catedral, una cárcel construida especialmente para el capo narco y se perdió el Mundial de Estados Unidos 1994.

Su suerte fue distinta porque, aunque no tuvo la chance de representar a su Selección, recuperó su libertad en 1994 después de una huelga de hambre. “He obrado por motivos humanitarios. Si volviesen a necesitarme para conseguir la liberación de alguien, no dudaría en actuar. Soy futbolista, no conocía la ley sobre los secuestros”, declaró el arquero acerca del motivo de su detención.

Higui estuvo aislada de la sociedad y de su vida normal. Cada día que pasó significó un momento menos en su rutina, en su barrio y lejos del fútbol, sólo por ser quién es.

Su caso trascendió fronteras. Su ídolo pidió por ella en su cuenta de Twitter y se sumó a la campaña #LiberenaHigui, que se propagó en todo el país casi de manera extraoficial, lejos de las tapas de los grandes medios.

Raquel Hermida, la abogada de Higui, consiguió sentar precedente con el caso de Beatriz López, absuelta en 2014 del asesinato de su marido por la violencia de género que sufría. Pero en Argentina no todo pasa como se supone y, distinto al caso de Villar Cataldo, el médico que mató a un ladrón después de un intento de robo en 2016, no puede esperar el juicio en libertad desde un primer momento.

A partir de la participación de René Higuita en el Mundial de 1990, un congreso técnico coverciano empezó a hablar del arquero-libero y más tarde la FIFA impulsó la llamada Ley Higuita, la que marca que si un defensor juega la pelota para su arquero, éste no puede tomarla con las manos y está obligado a jugarla con los pies. Tal vez, sin saberlo, Higui –dependiendo de la impredecible justicia argentina- pueda marcar un nuevo precedente en un caso que mezcla la violencia de género con la discriminación por la orientación sexual. El jueves 8 de junio se celebró una nueva audiencia para pedir su excarcelación, la cual se hizo efectiva cuatro días después y puso fin a su pesadilla de 233 días.

El escorpión del fútbol, que se retiró a los 43 años, no se conformó con ser un arquero más y marcó una época desde el simple hecho de ser distinto. Higui, el escorpión que peleó por su vida, tampoco se conformó con ser una mujer más y resistió la discriminación en un barrio en donde ser como era, para algunos, estaba mal. El desenlace todavía está pendiente, pero lo seguro es que la libertad la encontró cómo la misma de siempre. Porque, según sus palabras, lo que más sufrió durante los primeros seis meses en el destacamento femenino de Villa Maipú fue el encierro y “no poder patear una pelota”.

“Me emocionaron las hermosas noticias de picados y movilizaciones organizados para dar a conocer mi situación. Cómo no, si yo misma había pedido que jugaran a la pelota en las plazas, en los parques, porque el fútbol es mi bandera y soñaba con algún día hacerme escuchar, a los pelotazos".Tras ser liberada, Higui difundió una carta en la que dejó en claro que el fútbol salvó su vida desde chica, una vida que, de grande, volvió a salvar ella misma, para seguir viendo la pelota rodar, porque eso la hace ser quién es, y eso nadie lo pudo cambiar.

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