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La multitud en el predio La Colmena de Olavarría.

Violencia es mentir

Antes del ingreso de la masa de gente hubo controles en el ingreso al predio La Colmena.

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Ariel Curi
16 de Marzo de 2017

Voy a partir desde la base que no soy fanático ni de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota ni del Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Una vez aclarado eso, paso a contar mi experiencia de la “misa ricotera” en Olavarría este último fin de semana. Porque la misa no es solamente el recital en sí, también lo es la previa de la gente que llega días antes y también es la espera desde el día que salen a la venta las entradas.

Las calles de Olavarría se colmaron las 24 horas del viernes y del sábado de ricoteros ilusionados por volver a ver tocar a uno de sus ídolos después de un año de espera. Pero también se llenaron de curiosos; de personas que jugaban de visitante, de los cuales me siento parte. Gente que quería entender y explicarse ese sentimiento por una banda de rock inédito en el mundo.

Que el show fuese masivo era de esperarse por lo que venían siendo los anteriores en Tandil, Gualeguaychú, Mendoza, y por la sensación de que este podía ser la última vez que el Indio tocara por su ya declarada enfermedad y por lo que significaba que Olavarría fuera el lugar elegido (donde hace 20 años se había cancelado un show de Los Redondos por decreto municipal).

A la tarde del sábado con el grupo de personas con el que estaba fuimos a recorrer las calles un rato para luego ir al predio rural La Colmena, queríamos entrar relativamente temprano para poder estar cerca del escenario. Me pidieron entrada, me cortaron el troquel. Yo sí compré la entrada, pero más que nada para tenerla de souvenir porque ya es sabido que en los recitales del Indio ahora como en los de Los Redondos antes, sin entrada entrás igual. El mismo Solari había declarado que no existe el sold-out para su público porque “el que no tiene entrada se queda afuera haciendo quilombo”. La seguridad me 'cacheó’. Seguramente a los que no les pidieron entrada y no los cachearon fue por entrar más tarde con la masa de gente y es imposible realizar estos actos de prevención cuando el público supera en gran cantidad a los de seguridad.

Entré dos horas antes de que el show empezara y estaba en la primera hilera de torres de sonido a unos 60 metros del escenario. No podía creer la movilización y cantidad de gente que entraba y seguía entrando. Salió el Indio y más de 300 mil personas explotaron con Barba Azul. Hasta el tercer tema todo era un sinfín de emociones pero él notó algo extraño cerca de la valla de contención: “¿Qué es lo que pasa ahí? ¿Qué es esa gente tirada en el piso? ¡Seguridad! Por favor levanten a esos chicos y traiganlos para adelante”. El show se detuvo 25 minutos aproximadamente y en reiteradas ocasiones el Indio y una persona de Defensa Civil nos pedían que nos corrieramos dos metros para atrás para poder sacar a esa gente que estaba desmayada en el suelo. Todos hicimos caso menos los que estaban adelante de todo, por lo que el Indio empezó a criticar la actitud de “20 boludos que están haciendo quilombo”. La sensación de que algo raro pasaba la sentíamos todos, hasta el Indio mismo pero la gente se empezó a impacientar y tuvo que seguir con el recital porque sabía que podía ser peor si se cancelaba. “Vamos a seguir pero a ver si con estos temas bajan un poco”, dijo y sonaron temas más tranquilos y melódicos.

Entre tema y tema había un corte de uno o dos minutos, como si le estuvieran informando lo que sucedía y para cambiar la lista de temas al paso. “Así no se puede seguir, estoy cansado de esto”, expresó pero ya había 300 mil personas que habían viajado kilómetros y días para estar ahí. Nuestro amo juega al esclavoy Todo preso es políticodieron el pie para que dé un discurso, como siempre lo hace, sobre los nietos desaparecidos y sobre su desacuerdo con la propuesta de bajar la edad de imputabilidad. “En la semana estuvimos avisando que había que cuidarnos”, explicó arriba del escenario y lo que decía la nota que se había difundido en la semana era que “había que cuidarnos porque hay intereses oscuros que con pocos miembros pueden alterar la fiesta”. Durante el recital nadie estaba enterado de que había muertos, yo me enteré el domingo a la mañana cuando tuve señal en el celular y tenía 20 mensajes preguntándome cómo estaba y si me había pasado algo.

Pero volviendo al show en sí, el final claramente se acercó más rápido de lo normal porque el Indio estaba enojado y preocupado. Llegó Ji Ji Jiy con ese tema, el pogo más grande del universo se hizo sentir. Por lo menos en el lugar en que estaba se armó un pogo que comparándolo con lo de otras bandas y otros recitales fue perfecto. Nadie entraba al pogo a pegar o a empujar con vehemencia, todos nos cuidamos entre nosotros como había pedido el cantante. Terminó la canción y comenzaron a sonar los acordes de Mi perro dinamitaalgo que nadie esperaba y hasta el Indio parecía reírse por como la gente se sorprendió. Y ahí sí dio por concluido el recital. Mi primera ¿y última? misa había sido una fiesta más allá de esas sensaciones raras que causaron los intervalos.

La salida del predio fue un caos, entre la desesperación de la gente que perdía el micro y no saber por dónde se salía a las calles principales. El vallado aledaño al predio siempre estuvo, un error de la organización que generó un embudo en las calles de la ciudad y gente preguntándole a los vecinos que estaban en sus casas qué dirección había que tomar para llegar a determinado lugar. Tardé nueve horas en auto en hacer los 350 kilómetros que hay desde Olavarría hasta mi casa y es en otra cosa en la que falló la organización. Una ciudad con una sola ruta de escape para la cantidad de gente que se esperaba iba a colapsar de alguna manera u otra. Como colapsaron Olavarría y sus centros médicos. Como colapsaron las personas que estaban adelante de todo, pese a que estuvieran o no bajo los efectos de algún estupefaciente, hay que estar consciente de que adelante se aguanta el empuje de la multitud que está atrás.

Los responsables de las dos muertes lo determinará la justicia pero caerle la saña que se le cae a Solari es por cuestiones de ideología y porque siempre un culpable tiene que haber y lo más fácil es decir que él, que es la cara visible, lo fue. Que el Indio tuvo un grado de responsabilidad no hay dudas pero la organización, el Estado y por sobretodo la gente, también lo tienen.

Viví una experiencia única, más allá y lamentando los hechos trágicos pero la música no mata y violencia es mentir.

 

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